Desigualdad y ubicación: el efecto vecindario

“Spatial divisions of cities in districts or neighborhoods
is one of the few universals of urban life
from the earliest cities to the present.”
—Michael E. Smith, The archaeological study of neighborhoods and districts in ancient cities

En las últimas décadas, ha crecido rápidamente la investigación en ciudades estadunidenses que vincula el lugar o la ubicación con los patrones de desigualdad urbana y social. La literatura identifica este fenómeno como “efectos de vecindario” (neighborhood effects). Las teorías sobre este concepto buscan conectar la ubicación concreta de los habitantes de las ciudades con los patrones de pobreza, desigualdad racial y, más recientemente, con los de movilidad social a largo plazo.

Un artículo de 2018, publicado por el renombrado sociólogo Robert Sampson, señala que los efectos de vecindario y el orden espacial de la ciudad se caracterizan por tres temas superpuestos: “(1) La concentración del vecindario (la base espacial de la desigualdad) que se manifiesta (2) a través de diversos fenómenos (adversidad agravada) y que se caracterizan por (3) la persistencia a pesar del cambio (desigualdad duradera)”.

El grueso de la investigación en esta materia ha sido liderado por publicaciones provenientes de Estados Unidos y enfocado en ciudades de ese país.1 Fuera de ahí, el campo de los estudios urbanos se ha concentrado principalmente en temas relacionados con el crecimiento urbano, el acceso a agua potable y saneamiento, así como a los efectos de las infraestructuras de gran escala en el bienestar de la población.

En este artículo, presento parte de esta literatura alrededor del concepto de efectos de vecindario, que, como he mencionado, observa cómo la desigualdad racial y de ingresos está anclada en el paisaje urbano estadunidense. Pero también cubro parte del trabajo reciente en este respecto que se ha realizado sobre la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Finalmente, el artículo concluye con un llamado a ampliar estas investigaciones en la capital mexicana, así como otro para adoptar un marco interdisciplinario para analizar los temas relacionados con la agenda urbana.

Además, retomando los argumentos de Robert Sampson, planteo la necesidad de repensar cómo modelamos el proceso de toma de decisiones en las ciencias sociales. Es preciso ver mas allá de los modelos económicos tradicionales —aquellos que priorizan las decisiones a nivel individual— y aspirar a una aproximación sobre cómo interactúa el individuo con las fuerzas contextuales, sociales y comunitarias, influenciando, a su vez, al proceso de toma de decisiones al nivel de los hogares.

Ilustración: Raquel Moreno

La importancia de la localización: un breve estado de la cuestión

Aunque desde finales del siglo XIX, los científicos sociales y los epidemiólogos han reunido evidencia sobre la influencia central que juega el lugar o la localización 2 en las condiciones socioeconómicas de las personas, no ha sido sino hasta hace poco que el tema se ha visto acompañado de una mayor riqueza y rigor de análisis empíricos. Algunos de los nombres más famosos en las ciencias sociales que recientemente han impulsado este tema incluyen a Patrick Sharkey, Raj Chetty y al ya citado Robert Sampson.

En su libro de 2011, The Great American City; Chicago and the Enduring Neighborhood Effect, la obra probablemente más importante que se ha publicado en esta materia , Sampson establece un panorama abarcador e interdisciplinario sobre la desigualdad de los vecindarios en Chicago. Con agudeza, el libro combina algunas de las grandes perspectivas teóricas sobre desigualdad urbana y social con una gran cantidad de trabajo empírico.

Este material incluye un estudio de cohorte de 6500 niños y familias por un período de siete años; una encuesta panel dirigida a más de 2800 líderes clave, entrevistados primero en 1995 y, posteriormente, en un seguimiento hecho en 2002, contactaron a más de 1000; dos encuestas representativas a nivel comunitario, una de 8000 residentes de Chicago en 1995 y otra de 3000, en 2002; datos provenientes del censo de población estadunidense; un estudio de observación sistemática de más de 20 000 segmentos de calles; un estudio de más de 4000 eventos masivos en el área metropolitana de Chicago entre 1970 y 2000, así como observaciones personales.

Con toda esta información, Sampson encontró una concentración de desventajas asociadas a algunos barrios, es decir, los llamados efectos de vecindario. Encontró que éstos se pueden observar en un amplia variedad de esferas, incluyendo crimen, pobreza, mortalidad infantil, protesta pública, densidad de las redes sociales de las élites, compromiso cívico, embarazo adolescente, altruismo, percepción del orden, eficacia colectiva o inmigración.

Patrick Sharkey, en su libro publicado en 2013, Stuck in Place; Urban Neighborhoods and the End of Progress Towards Racial Equality, dio seguimiento a la línea de investigación de Sampson, analizando la relación entre el espacio y la desigualdad racial y de ingreso. Sin embargo, él observó esta relación más de cerca a lo largo del tiempo, con un énfasis particular en temas de desigualdad de raza. Sharkey analizó el Panel Study of Income Dynamics (PSID): el estudio más largo a nivel mundial sobre las dinámicas del ingreso, dirigido por la Universidad de Michigan, y que, desde 1960, ha dado seguimiento a 5000 hogares de familias blancas y negras de Estados Unidos. Sharkey encuentra una relación estable entre la raza y la pobreza del barrio a lo largo del tiempo, lo que sugiere que los efectos de vecindario tienen un componente intergeneracional. Entre otros hallazgos, su estudio encontró que más del 70 % de afroamericanos que viven actualmente en los vecindarios más pobres y más segregados racialmente, provienen de las mismas familias que vivieron en esos barrios pobres en la década de 1970.

Pero un trabajo esencial para la evidencia empírica rigurosa sobre los efectos de vecindario ha sido el que ha encabezado el economista de Harvard, Raj Chetty. Él utiliza marcos experimentales y cuasi-experimentales para demostrar la relación causal entre las condiciones del vecindario en el que una familia estadunidense reside y un conjunto de indicadores de bienestar, incluyendo la movilidad económica intergeneracional.

Publicado en 2015, y convertida en una de las piezas más famosas que ilustran empíricamente la influencia causal de los efectos de vecindario, un estudio de Chetty utiliza marcos cuasi-experimentales para identificar la importancia del lugar a partir de los registros de impuestos de más de cinco millones de familias que se desplazaban entre zonas de tránsito y condados de los Estados Unidos. El artículo encuentra que por cada año adicional que un niño haya vivido en un mejor entorno, se mejorarán significativamente sus condiciones en el futuro a largo plazo. Además, Chetty observa que al menos el 50 % de la variación en la movilidad económica intergeneracional en todo ese país puede ser vinculada a efectos causales del haber sido expuesto a las características determinadas de un vecindario durante la infancia.3

El lugar y la Ciudad de México: la evidencia recopilada

El único artículo reciente del que tenga yo conocimiento que trata de medir sistemáticamente los efectos de vecindario en la Zona Metropolitana del Valle de México es un uno publicado por Koike Quintanar y Roig Sabate. Los autores emplean un microcenso4 del Censo de Población y Vivienda de 2010  y analizan cómo vivir en una colonia marginada afecta el acceso a oportunidades. Su análisis construye un índice de “carencias sociales” y  otro de “acceso laboral” como estimadores de las desigualdades barriales.5

Ellos encuentran que: “la segregación residencial tiene un efecto negativo en la participación de la fuerza laboral en el caso de las mujeres casadas y que vivir en una colonia marginada disminuye la probabilidad de ser un trabajador formal en el caso de los hombres”. El trabajo de Koike Quintanar y Roig Sabate representa un primer intento de cuantificar la importancia de la ubicación como determinante de resultados sociales en la Ciudad de México y apunta a lo que pudieran ser efectos de detrimento a largo plazo de la concentración urbana de desigualdades.

Para ilustrar qué tan profundamente segregada es la Ciudad de México, considere los siguientes mapas (imágenes 1 y 2) que presenta el artículo y que muestran una clara división de empleo y de riqueza (medida a través de carencias sociales) entre las colonias más acaudaladas hacia la zona central de la ciudad versus aquellas más pobres en las periferias:

Imagen 1. Tase de empleo por estrato6

Imagen 2. Índice de carencias sociales por estrato

Fuente: Sayuri Adriana Koike Quintanar y José Luis Roig Sabate, “Neighborhood effects and job informality, the case of Metropolitan Area of Mexico City”, Enero 2014, Universidad Autónoma de Barcelona.

Conclusión

En los últimos años, ha habido un crecimiento en la investigación en Estados Unidos sobre los efectos de vecindario, es decir, en la importancia que juega la localización urbana para determinar el desempeño social. Sin embargo, fuera de ahí, el trabajo académico sobre este fenómeno ha sido más limitado, ya que la investigación sobre temas urbanos ha tendido a enfocarse más en asuntos de mercado, agua y saneamiento, condiciones de salud y acceso a infraestructura.

La evidencia reciente en la Ciudad de México, analizada por Koike Quintanar y Roig Sabate y mencionada anteriormente, es un primer intento para apuntar a la importancia de la ubicación, del “vecindario”, como predictor de indicadores de la fuerza laboral a lo largo de la ciudad. Sin embargo, su trabajo descansa principalmente en correlaciones y está enfocada en un punto particular en el tiempo. Por esto, es necesario llevar a cabo más investigación de corte longitudinal, una que emplee marcos experimentales o cuasi-experimentales, para poder desentrañar los efectos sociales a largo plazo de vivir en colonias marginadas. Las futuras investigaciones sobre la ciudad, también deberán explorar las relaciones causales entre el espacio físico, la pobreza, el color de piel y el género.

Y aún más, el crecimiento de estos marcos experimentales tampoco deberá monopolizar la agenda de investigación. Esto pues existen los puntos ciegos y limitaciones inherentes a cualquier metodología. La investigación en las ciudades ha sido tradicionalmente una que trasciende los campos académicos y así debe permanecer, por lo que el trabajo sobre patrones de desigualdad en la Ciudad México debe dar la bienvenida a las contribuciones de la geografía, la ingeniería, la antropología, la ciencia social cualitativa, la historia urbana, el derecho y el periodismo.

Más aún, el aumento de la evidencia en la importancia del lugar, de los efectos de vecindario, también debe llamar la atención sobre la necesidad de reevaluar los marcos de la ciencia social que enfatizan demasiado el nivel individual en el proceso de toma de decisiones; especialmente en esos modelos que ponen casi todo el peso en el individuo como agente racional: los marcos de maximización de utilidades. En palabras de Robert Sampson:

El modelo del actor racional es una alternativa teóricamente elegante a la tesis de los orígenes tempranos y que puede ser formalizada, pero la vida no es elegante ni es  vivida de forma independiente. Aunque nuestras decisiones de selección se traten sobre utilidad individual, éstas dependen inextricablemente del entorno social.7

Las recomendaciones iniciales de política pública para contribuir a hacer frente a los problemas de segregación y desigualdad urbana en la Ciudad de México incluyen: incrementar el acceso al trabajo y los servicios a gran escala construyendo proyectos de vivienda asequible cercana a las zonas centrales de la ciudad; incrementar la conectividad y movilidad de los habitantes de la ciudad a través de la expansión de transporte asequible, facilitando la interacción entre personas de diferentes comunidades; e incorporar una perspectiva del lugar en las estrategias de desarrollo urbano.

En un mundo globalizado, donde los flujos internacionales de cultura y los desplazamientos de personas podrían sugerir a algunos un permanente movimiento hacia la desterritorialización, y un énfasis en el individuo como el ultimo agente de toma de decisiones, la investigación sobre los llamados efectos de vecindario apunta a la necesidad de un análisis más matizado, y con mayor énfasis en el contexto comunitario. Sugiere que el vecindario o colonia donde uno nació y creció importa… e importa mucho.

 

Jonathan Grabinsky


1 Un meta-análisis sobre la literatura del efecto de vecindario publicado en 2019 encontró que 53 % de los estudios utilizan datos provenientes de Estados Unidos.

2 La noción del espacio, es decir, la lógica espacial y el nivel de granularidad espacial utilizado para el análisis de los efectos de vecindario, varia dependiendo del estudio. Por ejemplo, el libro de Charles Booth, Life and Labour of the People of London, uno de los primeros en abordar la relación entre la concentración de la pobreza y los indicadores socioeconómicos, nos ofrece un mapeo a nivel de las calles. Sampson, en su estudio panel incluido en el libro The Great American City; Chicago and the Enduring Neighborhood Effect, dividió la ciudad de Chicago en 343 clústeres – grupos de aproximadamente ocho mil habitantes. Un total de ochenta clústeres fueron elegidos aleatoriamente para un estudio de seguimiento. En su libro Stuck in Place, el sociólogo Patrick Sharkey analiza los efectos de vecindario al nivel del “Census Tract,” mientras que el trabajo de Raj Chetty citado en este texto analiza los efectos vecindario a nivel de las zonas de desplazamiento y condados.

3 En un estudio similar, que sirve para ilustrar los “efectos de vecindario”, un artículo publicado en 2016 por Chetty observó el experimento “Moving to Opportunity” (MTO), que incluyó a 4606 familias a las que a un grupo aleatorio se les asignó un vale de vivienda acompañado de una orden de mudanza de un área de mayor pobreza a una de menor. El estudio encontró que, al comparar el desempeño de los hijos debajo de trece años de las familias que recibieron el vale con los de aquellas que no, éstos, en sus veintes de edad, recibían en promedio un ingreso $1624 dólares mayor que los otros, eran más proclives a ir a la Universidad y tenían una mayor probabilidad de vivir en vecindarios menos pobres ya de adultos.

4 El microcenso es una muestra de aproximadamente 5 % del Censo de Población y Vivienda.

5 El índice básico de carencias sociales es una medida multidimensional de pobreza y está compuesta por doce indicadores incluyendo educación, acceso a seguridad social, cantidad y calidad de los servicios domésticos y bienes durables. Por su parte, el índice de acceso laboral se construye a nivel estrato, y es índice gravitacional que incluye dos componentes: la distancia de los trabajadores a sus trabajos, y la oferta de trabajo ponderada por la distancia que tienen que recorrer los habitantes. Para información adicional, ver el Apéndice B del articulo de Koike Quintanar y Roig Sabate del 2014.

6 Este artículo de Koike Quintanar y Roig Sabate analiza los efectos de vecindario a nivel del estrato. Ésta es la unidad geográfica más granular utilizada para identificar la residencia de los individuos en los micro-datos del Censo del 2010.

7 Ésta y otras traducciones de citas en este texto son hechas por el editor de este blog.


Un comentario en “Desigualdad y ubicación: el efecto vecindario

  1. Me llama la atención que plantee la necesidad de reevaluar los marcos de la ciencia social, sobre todo aquellos que ponen demasiado énfasis en el individuo como agente racional, ¿a cuáles se refiere? Porque justo considero que las ciencias sociales, en específico la sociología o la antropología urbana, han hecho lo contrario: mostrar que uno de los elementos que permiten comprender el actuar del sujeto, es el espacio en el que se ubica, el que habita y cómo éste influye en su actuar, en su habitus. Quizá podría ayudar a ampliar su análisis el trabajo de Emilio Duhau, Ángela Giglia, René Coulomb, Pierre Bourdieu.

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