El 9 de julio de 1936, la estación meteorológica en el Castillo Belvedere, en Central Park, registró su temperatura más alta: 106 grados Fahrenheit. Ese verano, el Departamento de Parques de la ciudad de Nueva York —centralizado dos años antes, bajo su primer comisionado, Robert Moses— abrió 11 albercas municipales en toda la ciudad. En palabras del profesor de planificación urbana en la universidad de Cornell, Thomas J. Campanella, “aquellas albercas eran las más sofisticadas del mundo”. La realidad, a casi 80 años de su creación, dista mucho de lo que mencionó el afamado profesor. Sin embargo, las albercas creadas entonces continúan operando en la ciudad. Cada verano, la Autoridad de Parques de Nueva York (NYC-PA en inglés), genera programas temporales y ha incrementado el numero de espacios públicos en donde el agua es parte vital del espacio público.
La historia puede sonar fútil, pero demuestra que, con los efectos del cambio climático, las ciudades deben comenzar a pensar, diseñar y conservar sus espacios verdes enfocados a mitigar las altas temperaturas, al mismo tiempo de combinar actividades para el esparcimiento y recreación de su población y visitantes. En este sentido, la pregunta coyuntural para el Plan Maestro de Chapultepec que fue anunciado recientemente debería ser: ¿cómo incorpora este plan el agua como pieza fundamental del proyecto y vincula la cultura a este elemento tan importante?

Ilustración: Kathia Recio
Una posibilidad —la más evidente—, seria repensar la cultura a través de la rica historia que tiene la relación del agua con Chapultepec. Ahí siguen, la Alberca Grande o de la Llorona, la Alberca Chica o baño de Moctezuma y la Alberca de los Nadadores —primera alberca pública de la ciudad. Todos estos espacios, podrían articularse para crear nuevos cuerpos de agua que generen, en épocas de calor, actividades recreativas, deportivas y escenarios poco vistos en la CDMX. En épocas de estiaje, estos cuerpos podrían operar como un sistema integrado de captación, almacenamiento y reuso para agua de lluvia, cuyo uso podría ser para riego del mismo parque.
Todos estos elementos podrían vincularse al programa de pabellones y recintos culturales planteados inicialmente por el líder del proyecto, Gabriel Orozco de tal forma que los recintos existentes —vinculados con el agua, sean revitalizados de forma conjunta con las nuevas instalaciones. Podríamos imaginar lo potente que podría resultar un pabellón de arte mexicano contemporáneo junto a una nueva infraestructura hídrica en la segunda sección del bosque; o bien pensar en la restauración de la Ermita Vasco de Quiroga —que se propone, como el inicio para diseñar un plan hídrico mediante lagunas de retención y poder mitigar los riesgos por inundación en la zona de las cañadas entre Av. Constituyentes y Vasco de Quiroga, en la cuarta sección de bosque.
Otra idea, más visionaria y de largo plazo, seria transformar la segunda, tercera y cuarta sección del parque en una serie de piezas integrales de infraestructura azul para la ciudad. Por su topografía, la cuarta y tercera sección conforman cañadas cuyo potencial para la captación y almacenamiento de agua podría ser suficiente para dotar de riego a todo Chapultepec. Este sistema de lagunas/albercas que podrían tener una doble función —recreativa y de infraestructura de mitigación y control de flujo de agua de lluvia parecido a los “ponds” en el parque Londinense de Hampstead Heath. Los nodos culturales como el Centro Cultural Ambiental y el Cubo Escénico o el jardín etnobotánico —hasta ahora ilustrados vagamente en el plan maestro—, podrían alinearse a los diferentes elementos del sistema hídrico del parque. Ciertamente, el costo de estas ideas es considerable y llevaría más tiempo ejecutarla, pero los beneficios a largo plazo como la contribución a la recarga del acuífero en esta parte de la ciudad y la reducción del riesgo por inundación sobrepasarían —por mucho, lo que hasta ahora se ha propuesto como un “Plan Maestro Cultural”.
El plan propuesto por Gabriel Orozco se plantea como una simbiosis entre “naturaleza y cultura”. Busca dar énfasis por secciones, la primera para los museos, la segunda para “temas” ambientales, la tercera plantea una interesante recuperación del perímetro del panteón de Dolores pero al mismo tiempo propone un centro urbano lo cual genera más dudas que plantear soluciones y en la cuarta sección, después de resolver un tema de expropiación de tierra —actualmente en poder de la secretaria de la Defensa—, se proponen más espacios de cultura y educativos, desde una nueva Cineteca hasta la “Universidad de la Salud”.
En todo ello, el tema hídrico está totalmente ausente. Las acciones ambientales propuestas se adhieren a temas específicos de reforestación mediante la siembra de pinos principalmente, pero dejan de lado el tema crítico de la recuperación de un acuífero –o por lo menos el plan no lo menciona como uno de los grandes pilares. Se argumenta que el plan permitirá una conectividad entre la primera y segunda sección con una nueva “calzada flotante” sobre el Periférico –justamente para conectar los recintos culturales propuestos en el área de los Pinos. El cambio de nivel entre las dos secciones permitiría, además de un puente, pensar en un sistema de fuentes y albercas para usos recreativos integrados a los recintos culturales de la Casa del Maíz, la Casa de Lázaro Cárdenas y la Casa de la Cultura Política.
En ambas ideas, la cultura cumple un papel crítico. Construye narrativas para que la gente que utilice y visite estos espacios; y lleve a poner en valor el agua como parte de la cultura urbana misma. De esta forma, la accesibilidad —tan mencionada hasta ahora en los estudios del plan maestro, no es sólo un elemento funcional para resolver temas de conectividad— supuestamente necesaria. Es, ante todo, un acceso a la noción inseparable de que vivimos la emergencia climática en nuestra ciudad y comprender que Chapultepec es pieza clave para mitigar sus efectos. Si se entiende la accesibilidad como un sistema de equilibrio —entre el agua, el bosque hacia y para la gente—, los últimos entenderán la importancia del agua en la ciudad. Ahí podría radicar una gran innovación ecológica.
Pablo Lazo