Las calles,1 los parques, jardines y plazas públicas, son espacios de encuentro con el otro, con lo diferente pero a la vez con lo familiar. Un roce involuntario o una mirada cruzada con el desconocido son suficientes para establecer vínculos efímeros por el simple hecho de coincidir en un mismo espacio. Sin embargo, en muchos casos son también origen de disputa y conflicto entre visiones contrapuestas. Esto último ocurrió en la Alameda Hidalgo ubicada en el centro histórico de la ciudad de Querétaro, un espacio público que fue disputado entre autoridades municipales —que lo proyectaban como un lugar de paseo— y comerciantes de un tianguis ahí ubicado, que luego de 16 años de haberse constituido con anuencia de aquellas, terminaría por ser desalojado y junto con él, lo que representaba: una expresión de lo popular.
La Alameda Hidalgo es un parque urbano con un área rectangular de nueve hectáreas y alrededor de 1 600 árboles. Construido a finales del siglo XVIII como un paseo público, definía los límites de la ciudad. Desde su construcción, se observó en él la presencia de sectores de toda clase y condición social, entre los que se encontraban los llamados vendedores ambulantes. Sin embargo, fue hasta el año 2000 que las autoridades municipales con la intención de regular el comercio en vía pública en la zona, autorizaron que se constituyera en la entrada norte, un corredor comercial conocido como “El tianguis de la Alameda Hidalgo”.
Desde la sociología de Henri Lefebvre, pasando por David Harvey y Jordi Borja hasta la antropología de Manuel Delgado, existe una distinción entre la ciudad y lo urbano. Esta diferencia asocia el concepto de ciudad con las instituciones políticas, la infraestructura y, en general, con la planeación urbanística de las ciudades desde el plano institucional (gobiernos locales y agendas de organismos internacionales como ONU-Hábitat), mientras que el concepto de lo urbano, se relaciona con el cúmulo de prácticas sociales al interior de las ciudades y con los usos que sus habitantes hacen de los espacios públicos. De esta forma, se puede afirmar que las ciudades concebidas desde la planeación y urbanización, no representan a la totalidad de su población —que es diversa y heterogénea— porque suelen dejar fuera intencionalmente ciertas expresiones sociales de sus habitantes identificadas como populares que, lejos de ser incorporadas por el concepto de ciudad, son más bien asociadas con el de lo urbano. Dentro de estas expresiones se ubican, por ejemplo, los tianguis en los espacios públicos. Es así como desde la perspectiva de lo urbano, se piensa en el Tianguis de la Alameda Hidalgo como una expresión de la vida social en la ciudad, principalmente de los sectores populares a través del consumo popular que, en este caso, representaba el sustento de más de trescientas familias de los comerciantes ahí instalados.

Ilustración: Pablo García
Esta distinción de apariencia dicotómica y dialéctica, entre la ciudad y lo urbano, no solo es una base para estudiar a la ciudad desde una perspectiva crítica como un fenómeno complejo y contradictorio, sino también es una oportunidad de acercamiento a los conflictos que se producen en ellas desde una perspectiva cultural. Bajo esta perspectiva, es posible identificar la tendencia de convertir a las ciudades en productos de consumo a través de estrategias de urbanización y de las renovaciones de los espacios públicos que favorezcan su mercantilización. En este sentido, los planes institucionales referidos, son pensados a partir de dos comportamientos esperados de sus usuarios: pasear y consumir.
En los proyectos de renovación de espacios públicos promovidos por los gobiernos locales, con anuencia de la iniciativa privada, es frecuente observar que no se considera el disfrute de los espacios sin el consumo. Por ejemplo, suelen ir de la mano de un tipo de arquitectura que evita las construcción de bancas cómodas o de lugares a la sombra que, junto con la proliferación cercana de bares, restaurantes y cafés que son impulsados a propósito de esta dinámica, incentivan al usuario a consumir en ellos para tener acceso a una silla con sombra y convirtiendo al espacio público en un elemento decorativo.
El antropólogo español Manuel Delgado identifica en el concepto de ciudadanía, la ideología a partir de la cual se espera un comportamiento y usos determinados de los espacios públicos, sobre la que se construye también su estética y apreciación que dominan desde la ciudad y los planes de renovación institucional: actividades como pasear al perro, despejar la mente, desconectarte del caos del tránsito y salir a correr, son algunos de estos comportamientos esperados. En los centros históricos, esto es mucho más palpable debido al polo de atracción turística que representan, así como a su valor de cambio y por ser objeto de conservación e intervención constante por parte de los gobiernos locales, lo que los convierte en el escenario de disputa por excelencia entre estas dos visiones: la ciudad y lo urbano; toda vez que en él, conviven no solo el turista o el ciudadano paseante para quien fue pensado un espacio renovado, sino también lo urbano identificado en los sectores populares, que junto con sus expresiones y usos, constituyen una apreciación estética distinta de la visión institucional.
Es así como las ciudades y espacios públicos planeados y urbanizados solo desde la visión de la ciudad, son campo fértil para la desigualdad y la exclusión de los sectores populares, quienes ven desplazados sus usos y apreciación estética para dar prioridad a los usos del turismo y las clases sociales que pueden costear el nivel de consumo requerido para su acceso. De esta forma, la presencia popular se ve desalojada, en algunos casos de poco a poco, pero en otros, de forma repentina, como fue desalojado el Tianguis de la Alameda Hidalgo la madrugada del 19 de junio del 2016, sin previa notificación, pese a que los comerciantes contaban con licencias de funcionamiento.
El Tianguis de la Alameda Hidalgo se contrapuso con la visión de la planeación urbanística institucional, apoyado en un discurso que asociaba a él, la inseguridad e insalubridad en la zona y que sustentado en un reclamo ciudadano, justificaron en el año 2016 su desalojo a través de un operativo, en un intento por desalojar también la presencia popular de ese espacio público para su renovación a través de una acción de “recuperación” del espacio público para el uso de paseo y como nuevo atractivo turístico, sin embargo, debido a la acción legal emprendida por un grupo de comerciantes de ese tianguis, se les concedió el amparo y protección de la justicia federal a través de una sentencia que ordenaba su reinstalación inmediata en ese espacio público, debido a la falta de notificación del procedimiento por el cual fue ordenado su desalojo. Este es un claro ejemplo en donde la expresión de lo urbano se encuentra en conflicto con la visión de la ciudad y en donde el espacio público es disputado.
El derecho a la ciudad de los sectores populares debe ser tomado en cuenta por los gobiernos locales en el diseño y ejecución de los proyectos de renovación que llevan a cabo en los espacios públicos, de suerte que sean más amables con sus usos y expresiones. Sin duda las estrategias de renovación de los espacios públicos no se detendrán, pero para contrarrestar las desigualdades urbanas en las ciudades, vale la pena invocar el respeto a las expresiones de la vida urbana de los sectores populares, para asegurar el disfrute, goce y acceso a los espacios públicos en condiciones equitativas, es decir, su derecho a la ciudad.
Salvador Tapia García
Abogado, estudiante de la Maestría en Estudios Antropológicos en Sociedades Contemporáneas, Universidad Autónoma de Querétaro.
1 Este texto se desprende de mi investigación etnográfica y formal de tesis de maestría.
El texto abre a discusión un tema que no ha concluido aún, pero que al parecer se les ha olvidado a muchos. Excelente lectura
Efectivamente el tema no ha concluido todavía, muchas gracias por su lectura y comentario.