El 6 de junio de 2021 tuvieron lugar en México unas elecciones calificadas como históricas. En Ciudad de México y buena parte de los municipios de su zona metropolitana se eligieron alcaldes y presidentes municipales, además de diputaciones locales y federales. Con los resultados electorales preliminares para alcaldes en Ciudad de México, crecieron las expresiones de furor y sorpresa que apuntaban, en especial, a un revés electoral de Morena —el partido de la jefa de Gobierno en funciones y del presidente. “Una derrota contundente”, “caída estrepitosa”, “el avance de la derecha en la Ciudad”, fueron algunos de los encabezados. Empezaron a surgir hipótesis y explicaciones en el debate público. Algunas de estas ideas se matizaron conforme se dieron a conocer los resultados sobre las diputaciones federales y la asamblea local. Pero continuó la serie de teorías y análisis sobre qué explicaba los resultados aparentemente a favor de la Coalición (PAN-PRI-PRD) y la pérdida para la Alianza (Morena-PT).

Ilustración: Belén García Monroy
En particular, surgió una explicación relacionada con la división socioespacial de Ciudad de México, una ciudad supuestamente dividida en dos: el oriente y el poniente. Esta explicación dio pie a un debate que buscaba relacionar la preferencia electoral con la situación socioeconómica y el lugar de residencia de los votantes. Dicha relación planteaba una clara derrota de Morena en zonas donde habitan las clases medias y altas.

Tomando esta tesis como punto de partida, el 14 de junio se llevó a cabo la mesa “Análisis del voto 2021 y estructura socioespacial en la Zona Metropolitana del Valle de México” con Amalia Pulido (CIDE), Isaac Cisneros (El Colegio de México), Ernesto Morua (UAM-Iztapalapa) e Irma Méndez de Hoyos (Flacso-México). El debate buscó poner en claro que los resultados electorales eran diversos y que los análisis territoriales del voto necesitaban referencias estructurales y coyunturales sobre la formación de preferencias electorales más allá de las aparentes diferencias entre oriente y poniente de la ciudad. Los cerrados márgenes de diferencia en los resultados en algunas alcaldías requerían establecer matices.

Fuente: Juan Javier Santos Ochoa, reproducida con autorización del autor

Otro propósito era resaltar que la Ciudad de México y las preocupaciones por la democracia urbana alcanzan dimensiones metropolitanas: la dinámica poblacional y funcional desde hace mucho tiempo trasciende la división político-administrativa y alcanza a numerosos municipios de dos entidades más: Estado de México e Hidalgo. Este hecho no es trivial en términos electorales. Aunque algunos presuman cierto centrismo, no deja de ser cierto que por una cuestión de escala, al menos, Ciudad de México es el referente económico y demográfico del país, además de ser el centro político. La expansión de la urbe también hace necesario considerar la relevancia de la gobernanza que, ante la ausencia de gobiernos metropolitanos, requiere de elementos facilitadores de cooperación y coordinación entre gobiernos locales. En este ámbito, es pertinente preguntarse, por ejemplo, ¿cuál sería el panorama de la geografía electoral urbana si tuviéramos instituciones integradas de gestión metropolitana?; o bien, ¿cómo serían los resultados si votáramos donde trabajamos y consumimos la mayor parte del día servicios públicos, en vez del lugar donde dormimos? La integración de resultados a nivel metropolitano, de hecho, marca pautas más ricas que una bipartición geográfica.


El debate dio pie a las reflexiones de los especialistas sobre tres cuestiones centrales. En primer lugar, el diagnóstico sobre las distintas facetas de los resultados: ¿podíamos hablar en términos de perdedores y ganadores?, ¿quiénes perdieron y ganaron?, ¿hubo un claro revés a Morena y un avance de la derecha?, ¿qué se perdió y qué se ganó?, ¿podríamos establecer patrones espaciales y socioeconómicos? En segundo lugar, explicaciones de los resultados con relación a niveles de ingreso de la población, segregación socioespacial, gentrificación, localización de actividades económicas, porcentajes de participación, voto nulo; el voto de castigo (qué, quién, cómo), delitos electorales, elementos estructurales de la democracia urbana y formación coyuntural de preferencias. En tercer y último lugar, el panorama a las futuras elecciones locales y nacionales: nuevos actores, plataformas y partidos; consolidación de la tendencia de 2021; así como repercusiones de resultados locales en las elecciones nacionales.
Sobre los resultados
A diferencia de otras elecciones locales, la participación fue notoriamente alta. Los resultados muestran que Morena perdió seis alcaldías respecto a 2018, pero ganó en dos demarcaciones que no gobernaba antes de 2021. Hubo un cerrado margen de diferencia de la coalición en Azcapotzalco, Tlalpan y Cuauhtémoc, mientras que la victoria de Morena fue clara en Iztapalapa así como la del PAN en Benito Juárez y Cuajimalpa. Se puede considerar que la coalición fue exitosa para contener los votos por Morena en Ciudad de México y que en un futuro podría llevar a más triunfos en las alcaldías. Se identificó que en once alcaldías Morena fue el partido más votado, aun cuando no fue el ganador, mientras que el PAN fue el más votado en cuatro y el PRI sólo en una. Los resultados indican que dentro de las alianzas y coaliciones hay pluralidad en lo que busca cada partido, lo que se vio más reflejado en la elección de diputados locales.
En los municipios metropolitanos del Estado de México hubo continuidad en el avance de Morena en ayuntamientos pequeños. Pero las elecciones de 2021 también exhibieron variedad, ya que municipios grandes como Ecatepec y Nezahualcóyotl fueron ganados por Morena, mientras que Naucalpan y Tlalnepantla regresaron al PAN.
En cuanto a los patrones territoriales, la división de la ciudad no se reduce al poniente-oriente en términos del voto ni de la fragmentación socioespacial. Las divisiones socioeconómicas, en particular en la metrópoli, son múltiples y se expresan espacialmente de diversas formas: la concentración de población, el crecimiento poblacional, la densidad, la distribución de servicios y de actividades económicas resultan en mapas distintos, aunque usualmente con patrones más centro-periferia más que oriente-poniente. Como resultado, las asociaciones espaciales del voto con la división socioeconómica resultan complejas. Parece que la formación de preferencias toma en cuenta cada vez más el manejo político de crisis y coyunturas, pero también el destino del presupuesto y el desarrollo de obras públicas. Se identifica que fraccionamientos cerrados de niveles medios y altos prefirieron votar por la coalición, mientras que zonas de la periferia —como la Sierra Santa Catarina y Cuautepec— en las que recientemente se ha construido infraestructura de transporte público, prefirieron votar por Morena.




Sobre los cómos
Puede decirse que el poniente de la ciudad es de mayores ingresos y existe más desigualdad, mientras que la parte oriente se caracteriza por una mayor pobreza. Pero la división territorial por secciones electorales ofrece resultados más diversos a nivel microespacial sobre cómo fue que los partidos ganaron o perdieron las elecciones y la supuesta asociación entre voto y situación socioeconómica. En primera instancia, se identifica que 70 % de las secciones electorales con bajos niveles de pobreza votó por la coalición y que éstas fueron zonas con mayor participación. En contraste, zonas de mayor pobreza mostraron baja votación por la coalición y presentaron mayor abstención, aunque el voto es mucho más disperso. Morena habría perdido más de mil secciones electorales de ingresos medios y altos. Esto se asocia con el llamado voto de castigo.
Algunos expertos plantean que uno de los factores del voto de castigo tiene que ver con valores de segmentos poblacionales que chocan con las prácticas y principios de Morena y el gobierno federal. Pero el supuesto descontento con las políticas y gestiones como argumento al voto de castigo es endeble. No es claro a quién (a los alcaldes salientes, o al gobierno de la ciudad y el gobierno nacional que llevan en sus cargos apenas tres años), ni qué se castigó (la gestión de la pandemia, la evolución de la economía, el accidente de la línea 12, o los proyectos presidenciales).
En los resultados hay una riqueza de otros elementos estructurales y coyunturales a considerar:
• Compra del voto —una de las prácticas delictivas más extendidas y aceptadas–. Miguel Hidalgo, Coyoacán, Gustavo A. Madero e Iztapalapa fueron las alcaldías en las que más se presentaría esta práctica. Una primera aproximación indica una asociación directa entre margen de victoria y mayor compra de votos, lo que sugiere que ésta se utilizó para fortalecerse electoralmente. Aún queda pendiente analizar la relación entre compra de votos y estrato social en la ciudad.
• Coacción del voto con base en programas sociales junto con voto de protesta por falta de cumplimiento en el trato de compra de votos.
• Percepción o alusión a una carencia de democracia urbana en el sentido de que no se atendieron las demandas ciudadanas, ni se cumplieron las expectativas de la gestión del gobierno de la ciudad.
• El papel de las llamadas clases medias como posibles votantes indecisos o castigadores que cambiaron su voto entre 2018 y 2021.
• La carencia o debilidad de liderazgos locales y nacionales en Morena, lo que puede explicar la división en sus votantes.
Escenarios para 2024
Si bien lo que se avecina en materia de resultados en las siguientes elecciones federales es incierto, existe acuerdo en que los resultados de 2021 comienzan a perfilar posibles escenarios para 2024; estos, sin embargo, tienen que considerar la reconfiguración de los bloques y alianzas entre partidos. Por otro lado, una buena parte del electorado permanece en busca de mejores opciones que aún no alcanzan a plantearse. En este sentido, hay que considerar los acelerados cambios en el sistema de partidos desde 2018; si bien muchos patrones son vigentes, hay otros nuevos y posiblemente los niveles socioeconómicos no sean el principal factor explicativo, sino una nueva formación de preferencias y conformación de valores democráticos. Los diferentes segmentos de la población buscan propuestas políticas acorde con sus demandas y valores que con frecuencia no encuentran cabida, ya que la oferta política es deficiente.
La contraposición ideológica de los partidos – que los votantes han asumido como extremos de la derecha y la izquierda mientras que la ideología del centro parece desatendida– posiblemente evita que una cantidad importante de ciudadanos se sienta representada. Especialmente aquellos que buscan propuestas progresistas perciben que no encuentran representación. Los candidatos independientes podrían tener cabida ante este tipo de inquietudes.
Ante la pérdida de votantes de Morena se vislumbra necesario que este partido preste mayor atención a sectores sociales que se perciben como descuidados: esto podría ayudar a fortalecer su aceptación en el electorado local. En el caso de la coalición se identifican grandes vacíos, pues carece de propuestas sólidas y parece que sólo lograron crear un sentimiento de urgencia como oposición.
Para proyectar escenarios más ciertos quedan pendiente varias áreas que investigar sobre los resultados de las elecciones de 2021. Hace falta profundizar en este tema del descontento con el gobierno. Éste se ha asociado más con votantes progresistas de ingresos medios y alta escolaridad que no han percibido el cumplimiento de algo, ni que se dé cabida a demanda de su interés. A ellos se suman los votantes que son más bien apartidistas.
A propósito del voto de castigo y los indecisos apartidistas, los cuales habrían definido resultados para algunas alcaldías, se cuestiona si el voto por la coalición representaría un retroceso en la consecución de veintitrés años de avance en cuanto a las libertades y derechos en Ciudad de México. Por ello hace falta mejorar la comprensión sobre las propuestas y el cumplimiento de demandas a nivel local, es decir, los cometidos de la democracia urbana, tomando en cuenta que los votantes no son un monolito político, sino que hay expresiones de distintos tipos y el entendimiento del voto a nivel individual es muy necesario. En ese sentido podrían hacerse ajustes y construir opciones para incorporar mayores demandas, lo que representaría un punto de quiebre para repensar las estrategias de los partidos.
Otras vertientes de investigación incluyen el peso definitorio de lo que varios denominan las clases medias, el papel de las brechas generacionales y seguir profundizando en los factores sociodemográficos y espaciales. En el corto plazo cabría preguntarse también si el sistema de partidos que se ha formado es sostenible.
Sobre el futuro electoral y de la democracia urbana
A la luz de los resultados definitivos y los análisis iniciales más serios, sería audaz insistir en que lo sucedido en Ciudad de México y su área metropolitana representa una clara y definitiva escisión territorial del voto. En todo caso, desde una perspectiva optimista, es posible plantear la tendencia hacia una pluralización espacial de las preferencias. La medida en que ello contribuirá a construir mejores sistemas de gobernanza urbana y metropolitana depende mucho de la participación ciudadana.
En ese otro gran mercado urbano –además de los de vivienda, trabajo, transporte y servicios públicos– en que se ha convertido la democracia, donde existe una oferta (partidos políticos) oligopólica de baja calidad y poco diversa, es alentador pensar que los votantes (la demanda) se distribuyen ideológicamente a lo largo de un espectro político tan amplio como la diversidad de perfiles culturales, económicos y sociales que una gran metrópoli con más de 21 millones de habitantes permite. A partir de ello quizá se impulse la construcción de plataformas mucho más serias, plurales y consistentes con las necesidades de la población y que contribuya a subsanar posibles rupturas en la construcción de un partidismo en declive.
Alejandra Trejo
Profesora investigadora. Centro de estudios demográficos, urbanos y ambientales, El Colegio de México
Fidelia Aparicio
Maestría en Estudios Urbanos. Centro de estudios demográficos, urbanos y ambientales, El Colegio de México
Basado en la relatoría del debate “Análisis del voto 2021 y estructura socio-espacial en la Zona Metropolitana del Valle de México” organizado por El Colegio de México el 14 de junio de 2021.