Ellos sí tienen edificios”. La toma del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas por la Comunidad Otomí de la Ciudad de México

El 12 de octubre de 2020, el llamado día de la raza, ochenta familias de la Comunidad Indígena Otomí Residente en la Ciudad de México (en adelante, Comunidad Otomí), tomaron el edificio del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI). Sus demandas principales son por vivienda digna en tres predios que ocupan desde hace veinticinco años: Zacatecas 74, Guanajuato 200 y Roma 18. A estas demandas han sumado otras relacionadas con el pueblo en el cual vivían antes de venir a la Ciudad de México: Santiago Mexquititlán, Querétaro. 

Una integrante de la toma describió sus exigencias como sigue, en un foro que fue transmitido por medios libres:

Vengo a denunciar una serie de atropellos que hemos sufrido en el Querétaro donde no pasa nada. En el Querétaro desarrollado. En el Querétaro donde también hay miseria, persecución política y amenazas de muerte […]. Estamos ahorita diciendo que no confiamos en ninguna institución. Que las instituciones sólo sirven para vender nuestro territorio, nuestros cerros, nuestras aguas. Y, no conforme con que no nos dan los servicios básicos, con que no nos dan empleo, nos quitan el pequeño empleo que nosotros tenemos [la venta en las calles]. Se observa en las ciudades, se observa en el mismo pueblo originario. En donde, mientras llevan a pasear nuestra muñeca en todo el mundo [la muñeca artesanal Lelé, que ya ha sido exhibida en Londres, Madrid y Moscú por el gobierno del estado de Querétaro],1 a nosotros nos dan toques eléctricos, navaja.2

La intervención continúa y la mujer dice que en Santiago Mexquititlán les han quitado el agua, tierras y que ven venir más proyectos que generarán el desarrollo capitalista masivo y ocasionarán desplazamientos internos. Cuando dice que “les quitan el pequeño empleo que tienen”, se refiere a la remodelación de la plaza principal del pueblo, la cual fue iniciada en julio de 2020. Esta remodelación es identificada por muchos miembros de la toma como la gota que derramó el vaso. Para los tianguistas, si la venta ambulante en la Ciudad de México frecuentemente hace que la Comunidad Otomí enfrente acoso policial, la remodelación de la plaza de Santiago Mexquititlán significa que ahora enfrentarán lo mismo en su pueblo.

Las demandas de la toma del INPI van en varias direcciones. Además de vivienda digna, exigen que se le otorgue la autonomía indígena a Santiago Mexquititlán; que se cancele la remodelación de la plaza de Santiago y, dado que la Comunidad es miembro del Congreso Nacional Indígena (CNI), exigen que se detengan los llamados megaproyectos del presidente López Obrador y los ataques paramilitares a comunidades zapatistas en Chiapas.

La toma del INPI, que ha durado cinco meses y continúa hasta la fecha, puede explicarse como una manifestación de descontento ante el gobierno lopezobradorista y lo que es percibido, desde el Congreso Nacional Indígena, como una falsa alineación con los pueblos indígenas y los pobres. Es una toma que adquiere relevancia nacional en tanto que las proclamas de quienes ocupan el INPI no se limitan a su necesidad más inmediata, la vivienda, sino que se amplían para alinearse con el movimiento nacional contra los megaproyectos: el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, la Refinería de Dos Bocas, el Aeropuerto de Santa Lucía y el Proyecto Integral Morelos. Para cada uno de estos, hay movimientos políticos y sociales que se esfuerzan por remarcar sus daños medioambientales, el despojo territorial que pueden propiciar y la violencia que ya han generado. Los críticos de los proyectos se enfocan en que las necesidades inmediatas de las regiones donde estos se construyen son otras. Frecuentemente se enfrentan a la idea, promovida por quienes apoyan de cerca al presidente López Obrador, de que el desarrollo es un bien en sí mismo, que sólo puede traer cosas buenas.

En este texto breve, hablaré de cómo las demandas por vivienda de la Comunidad Otomí están mezcladas con narrativas históricas sobre el despojo a los pueblos indígenas y con los ideales del Congreso Nacional Indígena en contra de los megaproyectos y a favor de la satisfacción de las necesidades básicas de la gente. También discutiré la relación del movimiento por la vivienda con la política del CNI y el deseo de detener la turistificación de Santiago Mexquititlán. El texto está basado en seis meses de trabajo etnográfico intenso con los tianguistas de Santiago Mexquititlán y en cuatro visitas, de varios días cada una, al edificio tomado del INPI.

Pintada por “El Gato”, un artista que apoya a la Comunidad Otomí y duerme en una tienda de campaña afuera del edificio, la cara de Zapata adorna una lámpara en el recibidor del INPI. Fotografía del autor.

1. Un movimiento por la vivienda y una denuncia por el olvido de los pueblos indígenas

La toma del INPI y la Comunidad Otomí de la Ciudad de México tienen un líder no otomí: Diego García Bautista, líder de la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata-Benito Juárez (UPREZ-BJ). El sufijo “Benito Juárez” hace referencia a que la Unión nació en esa alcaldía de la Ciudad de México. García Bautista, un exmiembro del movimiento estudiantil de los años ochenta, ligado indirectamente a un grupúsculo de la Liga Comunista 23 de Septiembre —y que sobrevivió tortura y encarcelamiento ilícito— hoy es dueño del café Zapata Vive, un núcleo de reunión para el zapatismo de clase media.

La UPREZ-BJ trabaja con la Comunidad Otomí y otras agrupaciones para negociar la obtención de predios y fondos del Instituto de Vivienda (INVI) de la Ciudad de México para demolición y construcción. Como resultado de la toma del INPI, la UPREZ-BJ ha obtenido del secretario de Gobierno de la ciudad, Alfonso Suárez del Real, la promesa de que se expropiarán los tres predios que la Comunidad Otomí ocupa. Además, el INVI ha acelerado los procesos de autorización de demolición y dotación de fondos para otros proyectos de la UPREZ-BJ que no se relacionan directamente con la Comunidad Otomí: Certificados 6, donde anteriormente estaba el café Zapata Vive acompañado de viviendas irregulares; Juan Escutia 10, y Víctor Hugo 126. En diciembre de 2020, García Bautista salía del INPI ocupado a supervisar demoliciones e inicios de construcción en estos otros predios, transmitiendo videos celebratorios en Facebook.

La toma que lidera García Bautista es apoyada por un colectivo de clase media llamado la Coordinación Metropolitana Anticapitalista y Antipatriarcal, vinculada al Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana. Guiada por el colectivo, la Comunidad Otomí es la encargada de armar los mítines y de hablar en los foros que tienen con el gobierno de la ciudad y el gobierno federal. Hay algunos líderes entre los integrantes de la toma: Maricela Mejía y Filiberto Margarito, concejales de la Comunidad Otomí ante el CNI; e Isabel Valencia, quien siempre habla en los foros públicos y es frecuentemente la encargada de recibir a las personas que llegan a la toma para demostrar solidaridad, sobre todo a concejales del CNI de otros estados del país, como Veracruz y Puebla. En eventos organizados por la toma también hablan figuras importantes del CNI como María de Jesús Patricio, Osbelia Quiroz y Betina Cruz.

En el discurso de los integrantes del CNI que asisten a la toma del INPI hay una denuncia al gobierno de López Obrador por haber olvidado a los pueblos indígenas y a los pobres. Una intervención de Osbelia Quiroz, concejala de Tepoztlán, Morelos, ante el CNI, es significativa en este aspecto. A una semana de haber iniciado la toma, la Comunidad Otomí organizó un evento en la sala de conferencias del sexto piso, junto a la oficina vacía del titular del INPI, Adelfo Regino, en la cual hablaron miembros del CNI de todo el país. Quiroz dijo lo siguiente:

Tiene cosas muy buenas el señor López Obrador, nuestro actual presidente, pero también tiene cosas que son desagradables. Que ha abandonado a los pueblos. Se ha olvidado. Ellos fueron quienes subimos al poder. Y ahora no nos toma en cuenta. Eso es algo que hay que reconocer. ¿Quiénes van a estar con él? Porque él también tiene sus amenazas. ¿Y quién lo va a defender? ¡Pues el pueblo! El pueblo, no los de corbata. No aquellos, bueno, ¿cómo les llaman?, los fifís. No. ¡Entonces reflexione! Póngase de acuerdo con su esposa. Con la señora Beatriz, que es una persona, pues preparada, que tiene cultura […] Póngase de acuerdo con su compañera de vida. Ella es una mujer y nos puede ayudar.3

Se refería, quizás, a que la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller había viajado al Vaticano una semana atrás, para reunirse con el papa Francisco y pedirle que colaborara con la iniciativa de Andrés Manuel López Obrador de lograr que el gobierno español y la Iglesia católica se disculparan con México por la conquista.4 La falta de respuesta de López Obrador ante la toma del INPI, sin embargo, hacía que esta carta se exhibiera como sólo buenas intenciones.

La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, tampoco respondió a la toma, enviando en su representación al secretario de Gobierno, Alfonso Suárez del Real. Para los miembros de la toma, esto era una burla. Cuando Sheinbaum anunció que estaba enferma de covid-19 y luego transmitió en vivo un tour desde el sitio de construcción de la primera tienda Ikea de la ciudad, la burla se confirmaba. Suárez del Real, quien es conocido por su interés en temas de gentrificación, además de la mencionada expropiación, se comprometió a otorgar a la Comunidad Otomí los tres predios que exigen e incluso sugirió que la casona de Roma 18, antigua sede de la república española en el exilio durante la dictadura franquista, debía establecerse como sitio de memoria histórica, que celebrara la república y al mismo tiempo proveyera de vivienda a la Comunidad Otomí. Para enfatizar la calidad ritual de estas promesas, Suárez del Real sugirió que esta expropiación, la cual debe venir del gobierno federal y no del gobierno de la ciudad, debe ocurrir antes del 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán, el 12 de agosto de 2021.

Se agregaban más signos al espectáculo poscolonial. Mientras que varias organizaciones habían prometido usar el 12 de octubre —el mismo día en que se tomó el INPI— para derribar la estatua de Cristóbal Colón que se encontraba en Paseo de la Reforma, Sheinbaum anunció, dos días antes, que la estatua sería removida para ser restaurada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.5 A las pocas semanas, en su primer foro con los ocupantes, el titular del INPI, el abogado mixe Adelfo Regino, pidió disculpas a la Comunidad Otomí por el racismo que se vive en la ciudad y que dijo también haber enfrentado él mismo.6 Una integrante de la toma y ocupante de Roma 18, Margarita Margarito, le respondía indignada: “Regino nos llama ‘hermanos y hermanas’, ¡pero no somos hermanos y hermanas!”, minimizando las disculpas de Regino y recordando los desalojos que han enfrentado como ocupantes de predios y el acoso policial que viven como vendedores ambulantes.

La idea de que el gobierno de la Ciudad de México y el gobierno federal se están burlando de ellos ha llevado a los ocupantes del INPI, en dos ocasiones, a quemar documentos y mobiliario del Instituto en la banqueta, bloqueando el tráfico en Avenida México-Coyoacán. Rodeados por humo mezclado con el olor a chocolate que sale de la fábrica de Laposse cercana,7 Maricela Mejía y Diego García Bautista han dado declaraciones públicas, siempre capturadas por el ojo de sus páginas de Facebook, en las que confrontan a los gobiernos local y federal y exigen que cumplan con sus demandas. Mejía hablaba de la dificultad de tener una vivienda digna en la Ciudad de México como sigue:

Nosotros vemos que nuestras hermanas y hermanos de la ciudad no tienen acceso ni siquiera a una vivienda. ¿Quién de ustedes cuenta con una vivienda digna? ¿Quién de ustedes tienen una vivienda digna, que son parte de la Ciudad de México? ¡No la tienen! Porque el gobierno hace las viviendas, ¿pero para quiénes? O esa gentrificación que dice Claudia [Sheinbaum] que ya no la iba a aplicar con las comunidades. ¡Claro que sí la aplicó! Porque está excluyendo a las comunidades. Y ustedes que son parte de México tampoco caben ahí. ¿Porque quién de ustedes va a tener una casa en la Roma? ¿Quién va a tener una vivienda en la Roma? Pues nadie.8

Los ocupantes del INPI dicen que, en negociaciones anteriores que han tenido con el gobierno de la ciudad, les han ofrecido viviendas en Ecatepec o en Cabeza de Juárez, en Iztapalapa. Siempre han respondido que ellos merecen decidir dónde vivir y que los predios que han ocupado durante los últimos veinticinco años están en las colonias Roma y Juárez, donde quieren permanecer.

Quizás el mejor vínculo que se hace entre las demandas por vivienda y otro tipo de exigencias al Estado (salud y educación, principalmente, pero también trabajo digno y no violencia) está en la participación de Margarita Margarito en un foro con los gobiernos local y federal, donde dice:

Yo quiero hablar un poquito de Roma 18. Porque yo tengo coraje, tengo ira, y enfrente de ustedes lo voy a decir. Estoy enojada. No es justo lo que nos hicieron en Roma 18. No somos animales. Ni un animal se debe tocar. Estoy enojada por el desalojo que nos hicieron en Roma 18, porque golpearon a un compañero de la tercera edad. Y no sólo al compañero, sino a un niño [dis]capacitado […] Con el gobierno que ustedes dan, ¿nos dijeron: ‘Fueron desalojados, aquí hay algo de dinero para que puedan pagar las artesanías que perdieron [en el desalojo]? ¿Quién me apoyó? Como mujer yo tengo que sufrir en las calles […] En el hospital perdí a mi hijo de dos años de edad […]. Fui al hospital y les dije que mi hijo estaba muy mal. ¿Y qué dijeron? ‘Señora, su hijo no está tan mal’. ¿Entonces cómo tengo que probar que mi hijo está mal? ¿Estaban esperando a que se muriera? Para mí es… Tengo tanto coraje y enfrente de ustedes lo voy a sacar. Para que la gente vea qué tipo de gobierno son […] Y ahora que tomamos el INPI, ¿vienen a chingarnos? ‘Pobrecitos, estoy preocupado por los otomís’. No están preocupados. Están preocupados por lo que tienen adentro del edificio, por sus lujos. Eso es lo único que les importa.9

Los lavaderos que la Comunidad Otomí instaló en el estacionamiento del INPI. Fotografía del autor

2. El zapatismo urbano y el Congreso Nacional Indígena

La toma del INPI está relacionada con el renacimiento del movimiento zapatista en la Ciudad de México. Diego García Bautista ha estado involucrado en la defensa de los predios otomíes al menos desde los años 2000 tempranos. Antes de eso, su organización trabajaba con otros predios en la ciudad, pero ya se consideraba a sí mismo zapatista. En palabras de García Bautista, la UPREZ es zapatista “por el planteamiento de Emiliano Zapata” y lo es desde antes del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).10 Pero, a partir del levantamiento del 1 de enero de 1994, la UPREZ-BJ estuvo entre las organizaciones de la sociedad civil que viajaron a San Cristóbal de Las Casas para servir como cordones de seguridad cuando se dieron las negociaciones entre el EZLN y el gobierno federal.

Desde entonces, García Bautista se considera a sí mismo involucrado en el zapatismo y apoyó la realización de la Marcha del Color de la Tierra, la gira que hizo el EZLN por la Ciudad de México y otras partes del país en 2001. En 2016, cuando el CNI decidió que lanzaría a María de Jesús Patricio a la presidencia de México en 2018 y formó el Consejo Indígena de Gobierno (CIG) con representantes de todo el país, García Bautista convenció a miembros de la Comunidad Otomí, Maricela Mejía y Filiberto Margarito, de que fueran al encuentro del CNI en Chiapas, y más adelante los nombraron concejales del CIG.

Maricela Mejía es una mujer de 31 años que se involucró en la lucha por la vivienda en la colonia Agrícola Pantitlán. Ella y su familia rentaban en la zona y otras mujeres provenientes de Santiago Mexquititlán la invitaron a unirse al movimiento. Según me explicó Mejía, esos primeros movimientos en los que ella participaba estaban alineados con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y más tarde se alinearon con el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). A partir de la invitación que le hicieron a Chiapas en 2016, sin embargo, Mejía decidió que ella ya no participaría en movimientos partidistas y sólo se involucraría con quienes apoyaran al CNI y al zapatismo. Fue así como dejó el brazo de la UPREZ en el que se encontraba originalmente y se afilió a la UPREZ-BJ, la cual se considera completamente zapatista y antipartidista. Mejía trabaja normalmente como vendedora en el tianguis del metro Mixiuhca.

Filiberto Margarito, líder del predio de Zacatecas 74 y vendedor de artesanías en el mercado de Coyoacán, me describió una trayectoria similar. Originalmente, Margarito se consideraba a sí mismo completamente lopezobradorista. Según me dijo, él solía pensar: “No, pues el presidente, ¿por qué le quitaron su lugar y por qué hay gente así?, si se ve que él sí va a ayudar a las comunidades, él sí le va a entrar con todo”.11 Sin embargo, a partir de que lo invitaron al encuentro del CNI en 2016, dijo haber abierto los ojos:

Porque yo veía mucho en las noticias, antes de irme allá en Chiapas ¿no? Y veía todo lo que pasaba en 2006, en 2012, en 2018. Y dije: ‘No, pues tiene que quedar. Ahora en el 2018 yo voy a votar por él, que la neta sí vale la pena, porque él viene de un pueblo’. Pero la neta, pues no, no tenía ni conocimiento de cómo se manejaban estas cosas. Entonces ya después dije: no.

Mejía participó en una gira para promover la candidatura de María de Jesús Patricio por los estados de Querétaro, Guanajuato, Zacatecas y Jalisco. Margarito participó en la recolección de firmas en la Ciudad de México, empezando en la Ciudad de los Deportes. Mejía está invitada a la gira que harán miembros del EZLN por “la otra Europa” en junio de 2021.

Filiberto Margarito dijo algo más que parece apuntar a una tendencia cambiante en los movimientos urbano-populares de la Ciudad de México. Dijo que, antes de convertirse en líder de su predio, hace unos años, él pensaba que la participación en la UPREZ era sólo una treta política, que no le parecía bien que los estuvieran llevando a marchas y mítines a cada rato, y que llevaran años, veinticinco hasta ahora, sin conseguir un predio. Esto lo decía en relación con que las marchas y los mítines eran para apoyar al PRD. Su viaje a Chiapas, sin embargo —como el de Mejía— le dio la convicción de que lo que hacían, si era para el CNI, no era sólo politiquería, sino que tenía un significado más profundo:

No te miento, nada más me fui yo. Y uno de Guanajuato 200. Y pues ahí llegamos. No conocía a Maricela. Y pues ya, llegamos al CIDECI [Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas]. Me sorprendí. Vi a los compañeros zapatistas encapuchados. Vi muchísima gente, llegaban de todas partes. Muchísima gente del pueblo de ahí de Chiapas, de todos lados, con diferente vestimenta, con la cara tapada, el rostro tapado. Y es ahí como dije “No”. Pues como que ahí cambié ¿no? Dije: “No, pues está chido. Cómo quisiera que en mi pueblo así lo que están haciendo ellos que lo hiciéramos ¿no?” Y dije: “No, pues está chingón”.12

Pósters del expresidente Enrique Peña Nieto amontonados junto al huerto de hierbas de olor. Fotografía del autor

3. El INPI y los megaproyectos

La vinculación de la lucha contra los megaproyectos y la toma del INPI tiene que ver con la contienda entre dos modelos de desarrollo. Mientras que quienes apoyan al presidente López Obrador parecen partir de un fervor ciego al desarrollo como bien en sí mismo, quienes critican los megaproyectos apuntan a las carencias estructurales a las que se enfrentan. Cuando los ocupantes del INPI critican la remodelación de una plaza en Santiago Mexquititlán, que pretende promover el turismo, la llaman “megaproyecto”. Aunque no es promovida por el gobierno federal ni se relaciona con sus grandes proyectos de infraestructura, le llaman así porque la asocian al desarrollo capitalista masivo que promete, al desplazamiento que potencialmente ocasionará.

“Queremos que lleven a Santiago agua, luz, pavimentación, educación, salud, y que detengan el proyecto turístico que empezaron en el tianguis”, dice García Bautista.13 “No queremos más destrucción, queremos una vivienda digna. No con el calentamiento global. Queremos que se detenga eso”, dice Isabel Valencia.14 “Ellas fueron desplazadas de la comunidad. Fueron obligadas a venir a esta comunidad [la Ciudad de México], donde no tienen casa, donde no tienen agua, donde no tienen servicios básicos. Donde vemos a los niños comer y a lo mejor ni comer a veces”, dice otra participante de la toma, refiriéndose a quienes han inmigrado desde Santiago Mexquititlán los últimos treinta años.

Aunque las paredes del INPI están cubiertas con las proclamas “No al Tren Maya” y “El Istmo es nuestro”, y de que hay un altar donde se conmemora la muerte del activista Samir Flores en 2019 —quien se oponía al Proyecto Integral Morelos—, la proclama contra los megaproyectos parece hacer referencia al desarrollo capitalista al cual la Comunidad Otomí se enfrenta cotidianamente: el desarrollo inmobiliario de lujo como el que ocurre incluso a pasos del edificio del INPI (en los espectaculares de Avenida México-Coyoacán se anuncian edificios de departamentos con las palabras “High Living”) y al proyecto turístico que amenaza a Santiago Mexquititlán.

Quienes ocupan el INPI han dicho que felizmente se quedarían a vivir ahí si no les dan sus viviendas. Han dicho que al interior de ese edificio hay muchos lujos, porque hay luz eléctrica, agua corriente, alfombras, computadoras, coches en el estacionamiento. Dice Isabel Valencia:

Nuestros hijos no pueden estar bien. Y ellos sí están bien. Ellos sí tienen todo. Ellos sí tienen edificios. Ellos sí tienen dinero para echar en marcha el Tren Maya. ¿Por qué nos están quitando todo? Ellos quieren asegurar sus megaproyectos. López Obrador dice: ‘La Cuarta Transformación’. ¡¿Cuál?! Para conveniencia de ellos. Para el capitalismo, para el dinero.15

Aquí el Tren Maya pasa a simbolizar nuevamente el tipo de desarrollo capitalista que promueve el gobierno de López Obrador. La demanda es, en realidad, por la provisión de servicios básicos y por el cumplimiento de las obligaciones del Estado.

La silueta zapatista del nivel 2. Fotografía del autor

4. Sobre la llamada informalidad (o sea, la pobreza)

Entrevisté a Maricela Mejía sentados en un par de sillas en el estacionamiento del INPI, junto al horno de piedra que los ocupantes construyeron recientemente para hacer pan. Cuando terminamos la entrevista, Mejía siguió con lo que estaba haciendo antes de que empezáramos: se puso a lavar ropa en uno de los cuatro lavaderos que los ocupantes acaban de instalar en el estacionamiento. De las rejas de la escalera de incendios junto a nosotros, cuelga ropa tendida para secar. Junto a la puerta del estacionamiento, un par de hombres prendía fuego en un anafre. Hay pintas zapatistas cubriendo todo el edificio, cámaras de seguridad desarmadas. El espejo convexo del estacionamiento está roto y en el armazón se ha pintado la palabra “Okupa”. Hay un par de siluetas zapatistas pintadas a la entrada de los pisos 1 y 2, junto a los letreros que anuncian que en uno de esos pisos se encuentra el “Departamento para el Fortalecimiento de las Habilidades de los Indígenas”. Adentro de los niveles 1 y 2 están las colchonetas y las cobijas que los ocupantes usan para dormir en los pisos de los cubículos de oficinistas del INPI. Hay niños jugando por todos lados. En la entrada del lobby, hay una guardia permanente que vigila el uso de cubrebocas y la aplicación de gel antibacterial. En las noches, hombres duermen en colchonetas junto a las puertas principales del edificio, para hacer guardia. Los ocupantes están divididos en equipos de cocina, lavado, seguridad, entrevistas, sonido. La rotación de los equipos es minuciosa. Dos o tres personas cargan un walkie-talkie con el cual se informan de las siguientes actividades del día: recoger acopio, dar una entrevista, asistir a una marcha, recibir invitados de organizaciones sociales aliadas, comprar tortillas. Afuera del INPI hay una mesa donde se venden muñecas Lelé que se fabrican en seis máquinas de coser en el estacionamiento, adornadas con el blanco y rojo zapatista. Muchos ocupantes salen regularmente a vender a las calles. Algunos se han quedado en los campamentos y predios de las colonias Roma y Juárez, vigilándolos.

La antropóloga Alejandra Leal Martínez ha escrito que la historia reciente de la informalidad en la Ciudad de México se ha caracterizado por la promesa de desaparecerla. Para Leal Martínez, la neoliberalización de la gobernanza urbana se ha caracterizado por una redefinición estética de la pobreza que caracteriza cualquier cosa o persona que se asocie a ésta como “objetos que deben desaparecer”.16 Aunque el gobierno de López Obrador afirma haberse alejado por completo de la neoliberalización, el desarrollo capitalista que promueve aún ubica a ciertos grupos como indeseables o incapaces de hacer demandas.

Si bien Suárez del Real ha prometido atender las demandas por vivienda y la expropiación del predio de Zacatecas 74 ya está en camino, el silencio total de López Obrador y Sheinbaum ante la toma del INPI sigue sugiriendo que ésta se considera indeseable e incluso inatendible. En el par de visitas que Adelfo Regino ha hecho a la toma, parecía que le costaba trabajo dirigirse a los ocupantes directamente. Una de las ocupantes incluso lo increpó, pidiéndole que los volteara a ver. Igualmente se escucha a veces, tanto entre seguidores de López Obrador como entre sus detractores, que la toma del INPI seguramente está hecha por organizaciones que quieren desestabilizar su gobierno o que no pueden querer nada bueno.

Una activista famosa, Doña Fili, que es conocida por haber sido una de las primeras ocupantes de predios en la colonia Pedregal de Santo Domingo al sur de la Ciudad de México, me habló específicamente de la actitud de Regino usando una narrativa histórica de la traición al zapatismo. Doña Fili me dijo que quienes la habían ayudado a regularizar su predio habían sido arquitectos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los entendía como profundamente opuestos a los funcionarios del regente Alfonso Corona del Rosal (1966-1970), el presidente Luis Echeverría (1970-1976) y la primera dama María Esther Zuno (dijo haberse reunido personalmente con el primero y con la última). Los funcionarios la engañaron en varias ocasiones para que pagara más de una vez por la regularización de su predio, y luego le impidieron mejorar la infraestructura básica de su casa, por ser irregular. Inmediatamente después de esto, pasó a decirme, sobre Regino y los zapatistas del INPI: “A Zapata también le dijo el gobierno que estaba de su lado. Creo que hasta le regalaron un caballo, antes de asesinarlo. Es lo mismo que Regino está haciendo”.17

Esta narrativa pasaba a ubicar a todo lo gubernamental del lado del mal. Aunque el zapatismo parece estar caracterizado por esta idea, los movimientos zapatistas se han definido como demandas por  la inclusión a la nación y el acceso a derechos básicos provistos por el Estado. Dice el Subcomandante Marcos en 2001, según recuenta una crónica de Carlos Monsiváis: “Los indígenas mexicanos somos indígenas y somos mexicanos. Queremos ser indígenas y queremos ser mexicanos. Pero el señor de mucha lengua y poco oído, el que gobierna, mentira nos ofrece y no gobierno”.18 (Adelfo Regino y María de Jesús Patricio, por cierto, ya aparecen como personajes principales en la crónica de Monsiváis sobre la marcha zapatista de 2001). En la cita de Marcos,  el presidencialismo y las demandas al Estado hacen eco de lo que me explicaba doña Fili. Marcos parece explicar por qué la bandera del EZLN estaba puesta junto a la de México en el lobby del INPI, entre carteles de la candidatura de Marichuy. La socióloga Rebecca Overmyer Velázquez concuerda con las palabras de Marcos, cuando dice que los movimientos indígenas del México contemporáneo deben conceptualizarse como nacionalistas, en tanto que rechazan el viejo integracionismo priista pero, al mismo tiempo, “buscan más inclusión en la toma de decisiones nacional, como ciudadanos mexicanos con derechos completos”.19

El campamento del nivel 2. Fotografía del autor

Epílogo. Santiago Mexquititlán

Dice la socióloga Lourdes Arizpe en su libro de 1975 que la inmigración otomí a la Ciudad de México comenzó ante la pobreza a la que se enfrentaban los habitantes de los pueblos del estado de Querétaro y el Estado de México.20 Una mujer de Santiago Mexquititlán me describió lo problemático de la remodelación de la plaza principal como sigue: “Voy a México y me quitan mis artesanías. Voy a Querétaro y me quitan mis artesanías. Voy a mi plaza y me quitan mi tianguis. ¡¿Entonces a dónde quieren que vaya?!”.21 En la plaza principal de Santiago Mexquititlán se ha instalado una muñeca Lelé gigante multicolor, que pretende atraer turistas para que compren estas artesanías. Quienes critican el proyecto temen que la autoridad submunicipal del pueblo sólo permita vender a gente que le es cercana, mientras que el tianguis dominical se enfrenta a cada vez más restricciones para instalarse. La gente de Santiago Mexquititlán ha empezado a reproducir un discurso, promovido por la autoridad submunicipal, sobre cómo la plaza es el camino adecuado y los zapatistas que han tomado el INPI lo único que quieren hacer es intervenir. Aunque el INPI sigue tomado y las demandas de que se detenga la remodelación de la plaza continúan, las únicas demandas de los ocupantes del INPI que se han atendido son las relacionadas con la vivienda.

En la introducción mencioné brevemente que los ocupantes del INPI también exigen que a Santiago Mexquititlán se le otorgue la autonomía indígena. Esto se define como un recurso legal asociado a jurisprudencia de los últimos diez años en el estado de Michoacán, donde localidades que no están constituidas como municipios han exigido en tribunales electorales estatales que se les otorgue la autonomía presupuestal, es decir, que recibirían fondos directamente de la Federación, cuyo ejercicio no dependería de los gobiernos municipal y estatal. Al mismo tiempo que Santiago Mexquititlán exige la autonomía indígena desde el edificio tomado del INPI, el titular del INPI Adelfo Regino ha anunciado que promueve una reforma de ley para otorgar a todas las localidades indígenas del país presupuestos federales directos.22 La llamada “reforma constitucional sobre derechos de pueblos indígenas y afromexicano” fue discutida durante los últimos meses de 2020 por un comité de expertos y, según el sitio web del gobierno federal,23 está por entregarse al presidente Andrés Manuel López Obrador. Los presupuestos indígenas y la pregunta de quién logrará controlarlos una vez que estos sean aprobados (la reforma dice que serán las autoridades “tradicionales”, aunque en muchos casos no es claro quiénes son estas autoridades) todavía están por resolverse. No es claro por qué Regino decidió que no era necesario avisar que esta reforma está en marcha a quienes ocupan sus oficinas. Esta decisión es problemática si entendemos a los ocupantes como parte de la vanguardia de los movimientos indígenas del país, es decir del Congreso Nacional Indígena.

Un tapiz bordado que fue tomado de las paredes de la sala de juntas del piso 6 y colocado en el estacionamiento, cubierto con un pedazo de papel craft en el que se lee: “La Comunidad Otomí no somos pieza decorativa, somos resistencia y rebeldía”. Fotografía del autor

 

Carlos Arroyo Batista
Internacionalista por El Colegio de México. Ha trabajado en proyectos antropológicos del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

 

Referencias
Arizpe, Lourdes, Indígenas en la ciudad de México. El caso de ‘las Marías’, México, SEP Setentas, 1975.

Buenrostro, Elvia, “Lelé brilla en Londres”, Diario de Querétaro, 5 de abril de 2019.

Camacho, Zósimo, “En puerta reforma para asignar presupuesto directo a los pueblos indígenas”, Contralínea, 26 de julio de 2020.

Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, “Comité Técnico de Expertos aprueba por consenso la propuesta; será sometida a consideración de la Comisión de Seguimiento del proceso de consulta de la iniciativa, a fin de entregarlo formalmente al titular del Poder Ejecutivo”, sitio web del Gobierno de México, 15 de enero de 2021.

Leal Martínez, Alejandra, “Securing the Street. Urban Renewal and the Fight against Informality in Mexico City”, en Asher Ghertner, Hudson McFann y Daniel Goldstein, Futureproof. Security Aesthetics and the Management of Life, Durham, Duke University Press, 2020.

López Obrador, Andrés Manuel, carta al papa Francisco, 10 de octubre de 2020.

Monsiváis, Carlos, “Nosotros somos la puerta. Crónica de la marcha zapatista”, en EZLN. Documentos y comunicados, vol. 5: La Marcha del Color de la Tierra, crónica de Carlos Monsiváis y entrevista de Julio Scherer García, México, Era, 2003, pp. 13-51.

Morán Breña, Carmen, “El Gobierno de la Ciudad de México retira la estatua de Colón a dos días de la conmemoración de su arribo a México”, El País, 10 de octubre de 2020.

Overmyer Velázquez, Rebecca, Folkloric Poverty. Neoliberal Multiculturalism in Mexico, Filadelfia, Pennsylvania University Press, 2010.

Suaste, Sandra, Sergio Cuéllar y Luis Suaste, “La quema del INPI: humo, chocolate e indignación”, Radio Regeneración, 27 de noviembre de 2020.

Xantomila, Jessica, “Adelfo Regino pide perdón a otomíes en primer día de diálogo”, La Jornada, 4 de noviembre de 2020, contraportada y p. 8.


1 Véase Elvia Buenrostro, “Lelé brilla en Londres”, Diario de Querétaro, 5 de abril de 2019.

2 12 de octubre de 2020. Transmitido en vivo por Radio Regeneración.

3 17 de octubre de 2020, transmitido en vivo por Radio Regeneración.

4 Véase Andrés Manuel López Obrador, carta al papa Francisco, 10 de octubre de 2020.

5 Véase Carmen Morán Breña, “El Gobierno de la Ciudad de México retira la estatua de Colón a dos días de la conmemoración de su arribo a México”, El País, 10 de octubre de 2020.

6 Véase Jessica Xantomila, “Adelfo Regino pide perdón a otomíes en primer día de diálogo”, La Jornada, 4 de noviembre de 2020, contraportada y p. 8.

7 Véase Sandra Suaste, Sergio Cuéllar y Luis Suaste, “La quema del INPI: humo, chocolate e indignación”, Radio Regeneración, 27 de noviembre de 2020.

8 Transmitido en vivo por Radio Regeneración, 24 de noviembre de 2020.

9 Transmitido en vivo por Radio Regeneración, 3 de noviembre de 2020. 

10 Entrevista con Diego García Bautista, 15 de marzo de 2021.

11 Entrevista con Filiberto Margarito, 16 de marzo de 2021.

12 Ibid.

13 Diario de campo, 20 de octubre de 2020.

14 Ibid.

15 Ibid.

16 Alejandra Leal Martínez, “Securing the Street. Urban Renewal and the Fight against Informality in Mexico City”, en Asher Ghertner, Hudson McFann y Daniel Goldstein, Futureproof. Security Aesthetics and the Management of Life, Durham, Duke University Press, 2020, p. 247. Todas las traducciones del inglés son mías.

17 Diario de campo, 4 de noviembre de 2020.

18 “Nosotros somos la puerta. Crónica de la Marcha Zapatista”, en EZLN. Documentos y comunicados, vol. 5: La Marcha del Color de la Tierra, México, Era, 2003, p. 18.

19 Rebecca Overmyer Velázquez, Folkloric Poverty. Neoliberal Multiculturalism in Mexico, Filadelfia, Pennsylvania University Press, 2010, p. 89.

20 Lourdes Arizpe, Indígenas en la ciudad de México. El caso de ‘las Marías’, México, SEP Setentas, 1975, p. 14.

21 Diario de campo, 11 de julio de 2020.

22 Véase Zósimo Camacho, “En puerta, reforma para asignar presupuesto federal directo a los pueblos indígenas”, Contralínea, 26 de julio de 2020.

23 Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, “Comité Técnico de Expertos aprueba por consenso la propuesta; será sometida a consideración de la Comisión de Seguimiento del proceso de consulta de la iniciativa, a fin de entregarlo formalmente al titular del Poder Ejecutivo”, sitio web del Gobierno de México, 15 de enero de 2021.