El extractivismo, una palabra generalmente asociada a la explotación indiscriminada en regiones del llamado Sur Global, está de vuelta en el mundo desarrollado. En Europa, la crisis energética agravada por la guerra en Ucrania ha acelerado proyectos de explotación en nombre de la transición energética. Los periodistas mexicanos Víctor Juárez y Bulmaro Martínez recorrieron dos comunidades europeas en las que esta tendencia empieza a generar oposición entre sus habitantes, y donde la alianza entre grandes consorcios energéticos con los gobiernos nacionales se impone al sentir local. En esta primera entrega, el pueblo de Cadaqués, en Cataluña, España, enfrenta la posibilidad de que decenas de turbinas eólicas trastornen el paisaje idílico que sirvió de inspiración a diversos artistas.
La crisis energética en Europa y la urgencia por transitar hacia tecnologías renovables, en las que el uso de minerales estratégicos como litio, cobre, níquel y cobalto es indispensable, ha obligado a países de esta región como Francia y España a voltear hacia sus propios territorios para explotar estos recursos, cada vez más demandados, críticos y escasos.
La búsqueda por extraer estos minerales ha puesto en alerta máxima a decenas de comunidades locales, pueblos de acaso cientos de habitantes, que pagarán el costo ambiental, social, cultural y político del hambre energético del viejo continente. Asociaciones locales de ciudadanos, comerciantes y pescadores, consejeros municipales y académicos han sonado la alarma por las posibles consecuencias de este tipo de proyectos, que van más allá del impacto ambiental, sino que también amenazan con perturbaciones al estilo de vida, paisaje e identidad de estos sitios.
Recién en octubre, la multinacional francesa Imerys anunció la explotación del primer yacimiento de litio en el territorio continental de Francia (“proyecto EMILI”) en Echassières, un poblado de no más de 400 habitantes en el departamento de Allier, que promete la producción de 34 000 toneladas de hidróxido de litio a partir de 2028. El sitio se encuentra a unos cientos de metros del Bosque de Colettes, un dominio nacional protegido por la red Natura 2000 de la Unión Europea.
Pero no sólo es la explotación del litio o del resto de minerales estratégicos, que apenas presiona, sino también la instalación de parques eólicos ha puesto contra las cuerdas a estas comunidades. Casos como el de Echassières y Tréguennec, en Francia, así como el de Cadaqués, en Cataluña, España, muestran un lado poco visto de las disputas por la protección del territorio y contra la explotación en nombre de las energías verdes. Esta vez, se trata de luchas lejos de las regiones típicamente asociadas con la extracción de recursos, como América Latina, para realizarse en el territorio mismo de Europa, el corazón de la transición energética global.
El paisaje de Dalí, Picasso y Duchamp, amenazado por molinos
Situado a proximidad de tres parques naturales protegidos se encuentra elpueblo de Cadaqués, en España, famoso por ser el sitio de descanso deartistas como Pablo Picasso, Marcel Duchamp y Salvador Dalí, atraídos por la exuberancia natural de la Costa Brava catalana.
El Mar Mediterráneo visto desde el faro del Cap de Creus, en el corazón del parque natural que lleva el mismo nombre

Desde el año pasado, el nombre de Cadaqués y el de un puñado de ayuntamientos vecinos son conocidos también por la posibilidad de albergar en sus costas al Parc Tramuntana, un megaproyecto energético impulsado por las compañías Bluefloat y Sener. El proyecto, aún en fases preliminares, contempla la instalación de entre 60 y 75 turbinas eólicas de unos 250 metros de altura en un polígono que alcanzaría un tamaño de 160 a 180 kilómetros cuadrados, aproximadamente. De acuerdo con Bluefloat, el Parc Tramuntana crearía 6000 puestos de trabajo directos, evitaría la emisión de hasta 23 millones de toneladas de dióxido de carbono y generaría unos 500MW de energía eólica que podría satisfacer la demanda eléctrica de la provincia de Girona, a la que pertenecen Cadaqués y el resto de los pueblos involucrados.
Para Rafael Sardá, científico senior del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y uno de los especialistas de referencia sobre la biodiversidad de esta región, existen múltiples riesgos potenciales con una instalación de esta magnitud en un ecosistema tan delicado y rico en biodiversidad como el de la Costa Brava. “El daño más claro es el del fondo marino. Los sistemas de anclajes y la presión de las cadenas entrelazadas que se necesitan para fijar los molinos tendrían un efecto de arrastre que puede dañar los sedimentos del fondo”, explica Sardá.
Situado en la parte más oriental del territorio español, el Parque Natural Cap de Creus posee una vista privilegiada del Mar Mediterráneo

Además, la creación de rutas marítimas destinadas al paso de barcos durante la instalación y mantenimiento atravesaría un corredor de cetáceos que se alimenta del abundante krill que existe en la zona. Una modificación al ecosistema de la Costa Brava impactaría también a una de las actividades económicas más significativas de la región: la pesca. “Todos estamos de acuerdo en que la energía eólica es el camino”, dice Rafael Sardá, “el problema es construir este tipo de instalaciones en una de las zonas de mayor diversidad del Mar Mediterráneo”.
La porción del Mediterráneo frente a los pueblos de la Costa Brava es famosa por las fuertes corrientes de viento que la atraviesan, como la Tramuntana, que le da nombre al proyecto del parque eólico

El rechazo es generalizado entre los ayuntamientos que están en la costa, explica desde la terraza del Ayuntamiento Ismael Vila, uno de los 2800 habitantes de Cadaqués y concejal de medio ambiente de su junta de gobierno. “Este es un sitio que no puede albergar un parque de estas dimensiones”, afirma. “Las empresas vinieron a mostrarnos las proyecciones del parque y luego nosotros realizamos las mismas pruebas con una empresa independiente y el resultado era totalmente diferente. La afectación visual era importante. Aquí en Cadaqués, como la bahía es cerrada, lo único que veríamos serían los molinos”.
Ismael Vila en la terraza del Ayuntamiento del pueblo de Cadaqués, del cual es uno de sus 2800 habitantes

A pesar del repudio al proyecto, Vila reconoce la dificultad de hacer frente a la construcción de un proyecto de estas magnitudes respaldado por inversiones millonarias y firmas trasnacionales. “Ellos tienen un lobby muy grande y saben con quién tienen que negociar y al final a los que tienen que convencer es al Estado. Nosotros podemos tener toda la voluntad de luchar, pero hay mucho dinero en juego y sabemos que el gobierno español tiene una cuota de producción de energía verde que no ha podido cubrir”. Por lo pronto, dice el concejal, el margen de acción del ayuntamiento de Cadaqués es el acompañamiento mutuo entre todos los gobiernos locales de la costa y el respaldo a la conformación de organizaciones ciudadanas para impedir su construcción.
El embarcadero de Portlligat es una plataforma de concreto de unos cuantos metros cuadrados en cuyo fondo se encuentra un tejado construido con cuerdas, tubos y palos de madera bajo el cual se apilan grandes cubetas con redes y material de pesca. Desde ahí, Moisés Tibau zarpa cada mañana para buscar pescados, langostas y langostinos.
Comprometido con la conservación ecológica de la región, Tibau explica que incluso la red que usa todos los días fue fabricada en colaboración con investigadores locales para reducir la captura de especies no deseadas. “Estas mallas grandes son menos agresivas, sus espacios grandes me permiten coger especies grandes y tomar mucho menos gorgonias”, dice.
El diseño de las redes de Tibau permite reducir la pesca de langostas y otros crustáceos pequeños

Para él, Parc Tramuntana provocará un amplio rechazo también en el grueso de pescadores industriales de la costa, pues fueron precisamente ellos quienes declararon una zona de reserva en un esfuerzo por repoblar las aguas de la costa con merluza. “Y ahora vienen y quieren echar anclajes en la zona que mis compañeros de Roses decidieron reservar durante muchos años para la preservación de especies”.
Moisés Tibau es uno de los pocos pescadores que zarpan cada mañana desde el embarcadero de Portlligat

Stop Macro Parc Eolic Marí, un colectivo que se ha posicionado con fuerza en la oposición al parque, reunió a científicos, empresarios turísticos, activistas y ciudadanos y desde hace varios meses organizan conferencias, mesas, debates y preparan la batalla legal en caso de que el proyecto avance. “Es que el enemigo es muy grande”, concuerda Jordi Ponjoin, vocero de la organización, “estamos hablando de los amos de la sociedad, cuando todos en el oligopolio de la energía deciden algo, sabes que vas contra todo y que es una lucha desigual”. “Nosotros somos una asociación potente que puede dar la lucha en tribunales, pero eso no nos va a dar la razón”, explica, “lo que nos va a dar la razón es si el territorio quiere o no el proyecto”.
El problema, señala Ponjoin, radica en que la Generalitat, el gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña, ha dado la espalda a los ayuntamientos locales para alinearse con el gobierno español. “Nuestra lucha también será en las urnas de las próximas elecciones”, adelanta. “Es un error tanto de la Generalitat como del Estado, principalmente”, dice Sardá, y apunta al origen de la polémica al momento de la elaboración de los planes de ordenación espacial marítima, que no delimitan concretamente las zonas para conservación de futuro. “Ese fue el primer fallo del gobierno: la planificación, y luego de eso el diálogo con los territorios, en los que la Generalitat dio el visto bueno y se acabó la historia”. “Ellos dicen que se ha hecho bien”, continúa, “pero se ha hecho tan mal que es un problema que se presenta no sólo aquí, sino en muchas partes de la geografía española”.
Tanto la plataforma Stop Macro Parc Eolic como los científicos que han estudiado la diversidad de la zona coinciden en que existen alternativas reales y accesibles para generar energía sin poner en riesgo el ecosistema marino y la abundante fauna de la Costa Brava. Para Sardá el solo hecho de exponer la estabilidad del ecosistema debería ser suficiente para echar abajo el proyecto: “Aquí hay una entrada muy importante de nutrientes que viene del golfo de León y un viento muy potente que hace que el viento circule y forme el embudo del Cap de Creus, que es lo que genera esta productividad”. “Desde el punto de vista natural y marítimo, esta es una que, si no existiera, habría que crearla. Es simplemente una de las zonas de mayor diversidad del Mediterráneo”.
Además de langostas y otras especies marinas, los mares de la Costa Brava albergan también un importante corredor de cetáceos

Mientras las compañías han sugerido modificar la dimensión del proyecto una vez conocido el pulso general de buena parte de la comunidad científica y sectores sociales, el rechazo del pueblo de Cadaqués al proyecto es evidente apenas al caminar sus calles. Mantas y letreros con consignas de repudio cuelgan de las paredes de las principales avenidas y plazas de este pequeño pueblo que no llega ni a los 3000 habitantes.
El centro del antiguo pueblo pesquero de Cadaqués

“Este no es el Mar del Norte”, dice Moisés mientras desenreda su material de pesca, “esta es la línea y el horizonte que ha inspirado a Dalí y a otros artistas, y ese patrimonio también lo tenemos que reservar, a veces se nos olvida”.
“Somos un ayuntamiento pequeño de un pueblo pequeño, pero creemos firmemente que tenemos la razón, y la razón debería prevalecer”, dice el concejal Vila, quien conoce la larga tradición de resistencia de Cadaqués, de la que el mismo Dalí fue parte importante durante el tiempo que residió en la región. Gracias a su influencia, pintor y pueblo lograron frenar e incluso destruir proyectos inmobiliarios y turísticos que amenazaban la reserva natural del Parque Cap de Creus, situado a unos pocos kilómetros.
A pesar de estar en fase preliminar, el proyecto cuenta con muchas probabilidades de ser realizado, concuerdan Rafael Sardá y Jordi Ponjoin. “Este proyecto es la oportunidad de aprovechar los fondos europeos de transición energética y poco importará al final si es rentable o no. Lo que pasa es que quien lo construya hará un gran negocio, es así de sencillo”, advierte Ponjoin.
Víctor Juárez y Bulmaro Martínez