La ciudad a la sombra del murciélago

En marzo de 1939, aparecía por primera vez en el mítico número 27 de Detective Cómics: Bat-man, el hombre murciélago. Nacida de la imaginación de Bob Kane y Bill Finger, el cruzado encapotado es una de las figuras más emblemáticas de la cultura pop global. Prueba de ello es que el 23 de julio de 2014, en conmemoración de su 75º aniversario, se celebró el primer “Día de Batman”. Un año después, se estableció que la celebración se realizaría anualmente el tercer sábado de septiembre. Para dimensionar la influencia que tiene el símbolo del murciélago, el 21 de septiembre de 2019 se proyectó la batiseñal en los edificios más emblemáticos de las grandes ciudades —entre ellas Ciudad de México— como parte de la celebración por el 80.º aniversario del personaje. Cualquier ciudad podría ser una representación de Ciudad Gótica, así que, en el caso de Ciudad de México, bien se podría hablar de Ciudad Chilangótica.

Este simbolismo es una muestra de la íntima relación que guarda la mitología de Batman con la representación de la ciudad. Dentro de esta relación, la propia idea de la urbe es protagonista y antagonista. En algunas historias, la ciudad es la encarnación del mal en donde se representa el vicio y el crimen, mientras que, como idea seminal, ella y las personas que la habitan son el objetivo principal de la interminable cruzada nocturna de Batman. Esta relación dual de la ciudad —como el rostro de Dos Caras— se transforma conforme al contexto sociohistórico en el que se escriben las aventuras del cruzado encapotado. Así, Ciudad Gótica se presentó como el escenario de las mafias de los años cuarenta. En esta época, esa era una representación habitual que se tenía sobre ciudades como Chicago y Nueva York y que influyó en la imaginación de Kane y Finger, quienes crearon buena parte de la galería de villanos y de las historias que, hasta el día de hoy, son recuperadas ocasionalmente por la pluma encargada de narrar las aventuras del llamado “mejor detective del mundo”.

De esta forma, a lo largo de más de ocho décadas de vida, las aventuras de Batman y su batifamilia se han transformado conforme al contexto sociohistórico y a la forma en la que los equipos editoriales encargados de escribir esta mitología moderna lo interpretan. Dentro de las muchas aventuras que componen esta relación entre la ciudad y su disfrazado salvador, existe una que particularmente se engarza con una dolorosa conmemoración para las personas que habitamos en la Ciudad Chilangótica, y que, curiosamente, se conmemora en las fechas cercanas al Día de Batman: los terremotos del 19 de septiembre.

A la mitad de los años noventa, el equipo creativo al frente de las aventuras de Batman, así como del consorcio de DC cómics, vieron buen negocio en la creación de grandes narrativas —crossovers— en las que se cruzaran todas las publicaciones y todos los personajes de la mitología quiróptera. Así, en esa época, Batman y el resto de las figuras heroicas de Ciudad Gótica se enfrentaron contra amenazas como plagas, terremotos e incluso el cierre definitivo de la ciudad. Sin embargo, la aventura concreta a la que me quiero referir es la saga conocida como Cataclism y su correlato Consecuences, que fueron publicados en México por la extinta editorial Vid a lo largo de los números 276-296, entre el 26 de octubre de 1998 y el 1 de noviembre de 1999.

Esta aventura tiene como principal antagonista al terremoto de 7.6 grados Richter que sacudió Ciudad Gótica, dejando una estela de destrucción que comenzaba por las cavernas en donde yace la secreta Baticueva. Así, Batman y su batifamilia emprenden la cruzada por rescatar al mayor número de personas que yacen bajo los escombros, mientras la ciudad se hunde en el caos. Más allá de los símbolos y las máscaras, esta saga representa la manera en la que un entorno urbano busca restablecer el orden después del desastre que ocasiona un terremoto, el cual rebasa toda planeación urbana y desafía la valentía de las personas que habitan en la ciudad devastada.

Esta narrativa de fantasía moderna pudo haberse basado en los innumerables sismos que se han registrado en la historia de la Ciudad Chilangótica. Por ejemplo, el de la mañana del 19 de septiembre de 1985, cuando un terremoto de 8.1 grados Richter devastó la capital del país, dejando a su paso una estela de muerte y desolación. La tragedia marcó a las generaciones posteriores que sobrevivieron y crecieron bajo la sombra de la tragedia. Una situación que, al macabro estilo de Guasón y con la precisión del Hombre del Calendario, se repitió, aunque con menor intensidad, el mismo día pero de 2017. Un sismo de 7.1 grados Richter cimbró la ciudad, dejando a su paso, otra vez, muerte y destrucción, aunque en menor medida de la tragedia que se había vivido exactamente 32 años atrás.

Como en las historias del cruzado encapotado, aunque sin máscara ni capa, un puñado de héroes y heroínas salieron a las calles para levantar escombros, llevar víveres a las colonias más afectadas, repartir comida para la gente voluntaria, organizar acopios, entre otras muchas pequeñas grandes acciones de solidaridad y heroísmo real. Es curiosa la constancia con la que se presenta el sentimiento de heroísmo en momentos de tragedia como parte de las microhistorias que componen las narrativas de las ciudades que se han enfrentado y se han sobrepuesto ante estos fenómenos naturales que se convierten en tragedias urbanas. 

Estas tragedias, dicho de paso, también tienen antagonistas de carne y hueso. Ya que, a cuatro años del sismo del 19 de septiembre de 2017, las y los chilangóticos seguimos reconstruyendo la ciudad, pues aún quedan edificios dañados, personas sin hogar y delitos por castigar, destacando la negligencia de las autoridades y de las empresas constructoras que, más allá de los fenómenos naturales, son los villanos detrás de la tragedia urbana. Tal como lo representó Lex Luthor, el archirrival de Superman, cuando busca reconstruir Ciudad Gótica con el fin de adueñarse de la ciudad e incrementar los precios del espacio urbano, así se puede apreciar la voracidad de los consorcios inmobiliarios que busca capturar riquezas tras el discurso de la recuperación y la reconstrucción de la ciudad.

Es así como en estas historias del Hombre Murciélago, al igual que en otras narrativas escritas a lo largo de más de ochenta años, se pueden encontrar puntos de crítica y de reflexión para repensar los sucesos a través de los cuales escribimos nuestras historias dentro de la narrativa de las grandes ciudades. Más allá de la cultura del consumo que rodea a la industria del cómic, podemos encontrar bajo la sombra del murciélago un heroísmo urbano que, amén de la pena y la tragedia, también conmemoramos cada 19 de septiembre: el día en que el heroísmo y la valentía de la gente de Chilangótica salió a las calles para reconstruir la ciudad.

 

Erick Serna Luna
Doctor en Estudios Urbanos y Ambientales por El Colegio de México. Apasionado batilector.

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Publicado en: Espacio público