La ciudad de las personas con discapacidad

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El acceso de las personas a la ciudad es un tema que está cada vez más presente en las agendas de los gobiernos locales. Un concepto que está estrechamente ligado al de la movilidad. Es decir, entre mayor sea el espacio urbano en el que una persona pueda moverse, su acceso a las oportunidades que ofrece la ciudad será mayor, a través del aprovechamiento de ofertas laborales, culturales, educativas, sociales, deportivas e incluso de diversión. Es por ello que gran parte del debate entorno a la accesibilidad está ligada a la mejora del transporte y espacios públicos, a través de intervenciones que faciliten los desplazamientos de los habitantes.

Dentro de esta lógica, la primera manera de facilitar los desplazamientos es eliminando las barreras físicas que los impidan o limiten. Por ejemplo, creando pasos peatonales en avenidas o calles en donde antes no existían y que convertían a ese espacio de flujo vehicular en una barrera para la movilidad de las personas. También está el cuestionamiento de la infraestructura ya existente, como los puentes peatonales, cuyo mismo diseño ha sido calificado de poco accesible por las dificultades que representa su uso para los adultos mayores, los niños, las personas en sillas de ruedas, por nombrar algunos.

No es fortuito que los ejemplos anteriores se basen en intervenciones peatonales, ya que uno de los argumentos recurrentes para defender las mejoras en materia de infraestructura, es que esos espacios no solamente servirán a las personas que se desplacen a pie; ellos también facilitarán los desplazamientos de personas con algún tipo de discapacidad, como aquellas en sillas de ruedas.

Lo curioso es que dentro de los actores que asesoran a los gobiernos locales, o que influyen de alguna manera las agendas de movilidad de las ciudades, rara vez se incluyen dentro del debate y en el diseño de los espacios, a representantes de grupos de personas con discapacidad. Al contrario, parece que su inclusión es la excepción, cuando debería ser la norma puesto que son también habitantes de la ciudad.

¿Por qué es importante? En primer lugar, porque existen sutilezas en el diseño que pueden pasar fácilmente inadvertidas a las personas que no tienen ninguna discapacidad, pero que son fundamentales para el acceso y uso de esas personas a los espacios.

Por ejemplo, hace algunos años Londres se propuso convertirse en la ciudad más caminable de toda Europa para el 2018. Con este objetivo, distintas medidas y políticas fueron implementadas, entre ellas, el modelo de calle compartida. Este modelo consiste en espacios en donde peatones y vehículos conviven sin ningún tipo de delimitación, como lo son las banquetas, por ejemplo en Exhibition Road. Sin embargo, poco tiempo después de la inauguración de esos espacios, algunas organizaciones que trabajan por los derechos de los invidentes manifestaron su descontento ante este nuevo diseño, ya que era muy problemático para las personas que carecen del sentido de la vista. Esto se debe a que la falta de delimitaciones físicas o texturas en el piso les impide ubicarse en los espacios y seguir un itinerario preciso, por lo que son más susceptibles de tener algún tipo de accidente con vehículos u otras personas. Éste es un ejemplo de las sutilezas que no son tomadas en cuenta cuando los espacios son diseñados sin incluir el punto de vista de las personas con discapacidad.

Otra de las razones por las que es importante incluir a los representantes de grupos de personas con discapacidad es para conocer cuál es el uso que hacen y el uso que desean hacer de la ciudad. En la mayoría de los casos, al momento de crear el marco legal o la infraestructura para las personas con discapacidad, se piensa que su uso se limita a desplazamientos puramente utilitarios como ir a trabajar, a la escuela y a la tienda. Sin embargo, pocas veces se aborda el derecho que ellos tienen a divertirse o a pasear, como el resto de la población. Por ejemplo, ¿cuántos restaurantes conocen que tengan acceso para personas con discapacidad? ¿Cuántos parques? ¿Cuántos cines? ¿Cuántos bares? ¿Cuántos museos?

En este aspecto, uno de los eventos que ha intentado romper con el estereotipo de la discapacidad es “La nuit de l’accessibilité” (la noche de la accesibilidad) en París. Estereotipo que se refiere a la noción que se tiene de los discapacitados como personas que no salen en la noche, los fines de semana o que no se divierten en la ciudad. Es por ello que en cada una de sus ediciones han escogido la noche de un sábado para llevarla a cabo, ya que es el momento en el que la gente suele salir a divertirse. Varios son los objetivos de este evento, que el pasado 13 de junio celebró su 5ª edición.

El primero es invitar a las personas con discapacidad a salir y apropiarse de la ciudad. Para ello, se preparan actividades en diferentes puntos, así como recorridos sugeridos o establecimientos que podrían visitar. El segundo, y que está ligado al primer objetivo, es que las misma personas señalen los problemas que enfrentan en sus desplazamientos y que los geolocalicen. Para ello, se desarrolla una app para “teléfonos inteligentes” y se invita a los futuros participantes a que la bajen para que puedan señalar las carencias o dificultades pertinentes. En caso de ser necesario, los participantes también pueden hacer llegar sus comentarios a través de correos electrónicos o páginas de internet abiertas temporalmente para ese fin.

Ligado a esto, el tercer objetivo es que esos comentarios que se reciban sirvan al gobierno local para saber en dónde hay que enfocar los esfuerzos y el presupuesto, pues nadie sabe mejor qué necesitan las personas con discapacidad que las mismas personas que tienen alguna. De igual manera, sirve para tener una retroalimentación de obras que pudieron haberse llevado a cabo en el transcurso de año, y saber si están funcionando de manera adecuada o no. Además, y como cuarto objetivo, este evento ayuda a concientizar a los negocios acerca de su propia accesibilidad. Si bien en París es obligatorio que todos los negocios tengan una rampa de acceso para las personas en sillas de ruedas, la realidad es que muy pocos lo respetan, por lo que el evento en cuestión sirve para crear conciencia. Asimismo, si existen negocios en medio de zonas que sean calificadas como ‘muy accesibles’ por los mismos usuarios, esto podría ser usado como argumento para motivar a los dueños a volver sus locales ‘amigables’ para todo tipo de clientes.

Porque de eso se trata la accesibilidad, e implica acciones que van más allá de rampas de acceso en las esquinas de las banquetas. Para que una ciudad sea realmente accesible para su población, es necesario construirla dándole la voz a todo tipo de usuarios, empoderándolos en su diseño y en la implementación de las políticas. De lo contrario, todo lo que tendremos son las utopías de ciertos grupos, con necesidades y diseños “imaginados”, y que han mostrados más de una vez su discordancia con la realidad.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.


3 comentarios en “La ciudad de las personas con discapacidad

  1. Se reconoce, gracias al trabajo de las organizaciones civiles que el término correcto es personas con discapacidad y no discapacitados.

    1. Estimada Carmen y estimada Regina,

      En atención a los comentarios de ambas, hemos cambiado el título del texto. Muchas gracias por las observaciones.
      Saludos

  2. Concuerdo. Mal título. Cuidado con las denominaciones y más en los lugares que llaman la atención como el título.

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