Filas interminables de autos llevando trabajadores exasperados de un lado a otro. Partículas contaminantes que viajan sin respetar las fronteras administrativas que existen en los mapas. Rutas de transporte público que siguen un orden desconocido, tal vez sólo accesible desde las más elevadas teorías de la complejidad. Todas estas son imágenes que vienen a la mente cuando pensamos en la relación entre la zona metropolitana del Estado de México y la Ciudad de México como unidad política. Sin embargo, desde Lerma de Villada, en la zona metropolitana de Toluca, las cosas se ven de una forma distinta.
De la tierra sale una tubería azul cielo. Arriba, hay una máquina de bombeo, identificada sólo con un número. Esta es uno de los más de 300 pozos que abastecen el sistema Lerma, controlado por el gobierno de la Ciudad de México. Se extienden del sur del Estado de México, de Tenango del Valle, hacia el norte, en Jocotitlán. Cerca de 90 pozos son para riego; 40 surten a zonas urbanas en el Estado de México: el resto va para la Ciudad.
Manejando por las carreteras secundarias se puede mirar los pozos, muchos ya mezclados con las zonas urbanas que crecieron junto a ellos. Viajo con un trabajador del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), Moctezuma. Me cuenta que, en realidad, los caminos por los que vamos son los de servicio. Fueron construidos por el Departamento del Distrito Federal durante las obras del Lerma, de los 40 a los 60, para que su personal pudiera viajar por ahí. A los lados, están los pozos y tierras que aun pertenecen al gobierno de la Ciudad, pero que están invadidas. La invasión es ya permanente. El derecho de vía ya no es efectivo. Comunidades del Estado de México están ubicadas en territorios de la Ciudad.

Cuando el Lerma fue construido, las comunidades ribereñas recibieron agua gratuita, infraestructura educativa, de transporte y eléctrica a cambio, además de un pago minúsculo por sus tierras. Moctezuma afirma que, a pesar de que el gobierno proporcionaba todo esto sin ningún costo, los caciques de la zona pidieron donaciones a los pobladores para traer los servicios que ya habían sido otorgados. Así, se enriquecieron aún más. El agua sigue siendo gratuita hoy en casi todas estas comunidades, que han crecido exponencialmente. En algunos lugares, como Lerma, se comienza a cobrar. El agua para la Ciudad de México ahora yace bajo otras muchas ciudades pequeñas que la reclaman como propia.
El agua recorre un camino largo. Pasa por plantas de rebombeo, por procesos de cloración –la única forma en la cual el agua del Lerma es purificada-, conducida a través de dos acueductos: uno de gravedad y otro de presión. Corren paralelos por el subsuelo, cubiertos de hierbas. Moctezuma recuerda con añoranza un tiempo en que los acueductos estaban limpios. No sólo los mantenían así los trabajadores de SACMEX, sino que las comunidades participaban. El estado-nación, hecho material en ese acueducto, parece una narrativa rota.

A los lados de los caminos hay otra señal de un cambio profundo en la relación entre el estado, el agua y la Ciudad de México. De cuando en cuando aparecen pequeños complejos habitacionales abandonados. Son las partidas militares que hasta hace unos 10 años, según los cálculos de Moctezuma, estaban ocupadas por soldados que custodiaban las instalaciones hidráulicas. Le preguntó si el cambio coincide con la guerra contra el narcotráfico. Lo medita unos segundos y lo descarta. Para él, la razón es mucho más cercana: falta combustible para los militares, así como les falta a ellos.
La presencia militar en el acueducto es un recuerdo de la identidad entre federación y Ciudad de México. El antiguo Departamento del Distrito Federal tenía sus instalaciones hidráulicas protegidas por el ejército, que garantizaba su funcionamiento. También indican que el proceso de apropiación de las aguas del Estado de México distó de ser pacífico, como muchos de los ingenieros con los que he conversado aseguran. La Ciudad se extiende por debajo de la tierra, cuestionando los límites de lo urbano y lo rural.
La falta de vigilancia es la razón que Moctezuma da para explicar la proliferación de tomas clandestinas. Hay enormes casas amuralladas, protegidas con alambres de púas, de las que sólo salen mangueras a través de las cuales las pipas se surten. Los piperos, de hecho, nos siguen durante un tramo del camino, preocupados por proteger -ellos sí- su territorio. El robo es, de alguna forma, el reverso de la falta de valorización del agua que Moctezuma lamenta. El agua es pensada como algo infinito, que debe ser barato, pero que, a la vez, está siendo cooptado por quienes ya lucran con una escasez que siempre es relativa a las condiciones socioeconómicas de la población.

El sistema Lerma funciona hoy a alrededor del 50% de su capacidad original. En la enorme planta de Alzate, las seis bombas, que tienen una capacidad de 2,600 litros por segundo, apenas y marchan a entre 800 y 1,000. La sobreexplotación del acuífero, aparejada de la construcción del Cutzamala, han llevado a que SACMEX reduzca el grado de explotación del recurso. Sin embargo, la presencia de la Ciudad de México en el Estado de México sigue siendo visible y relevante. Su responsabilidad de llevar agua a las comunidades ribereñas no ha desaparecido. Los acuerdos de los 60 y 70 que hacen al Sistema de Aguas la autoridad competente siguen siendo válidos -y las comunidades protestan de forma activa cuando esta responsabilidad no es cubierta. La Ciudad llega a las montañas del Estado de México.
La expansión urbana requiere de la apropiación de recursos naturales. Estos recursos, como argumenta Jason Moore (2015) en relación al capitalismo, deben ser hechos baratos. La urbanización capitalista es entonces un proceso expansivo que se apropia de los recursos naturales de la zona rural adyacente, con el objetivo de poder sostener su crecimiento. Este proceso a menudo incluye la apropiación por despojo (Harvey D. , 2005) de comunidades rurales, pero no puede limitarse a eso. La apropiación implica también una naturalización del momento extractivo, que le da solidez en el tiempo.
De esta forma, parece haber una producción activa del estado a través de la infraestructura (Harvey & Knox, 2015), que implica no sólo lo hidráulico, sino un paralelo desarrollo en comunicaciones, transportes, educación y seguridad. En su andar, la infraestructura hidráulica se entrelaza con las prácticas de los expertos, con los objetivos de los políticos, con los procesos geológicos milenarios, con las creencias divinas del México prehispánico y el culto a la personalidad de los presidentes de este país. Este proceso material está siempre construyendo el espacio, inscribiéndolo a la vez con desigualdades, resistencias y otros procesos históricos (Mitchell, 2002). En Lerma, este desarrollo sigue el camino del agua urbanizada, mezclándolo, pero hay muchas otras configuraciones posibles que pueden ser analizadas siguiendo el camino de la infraestructura.
La Ciudad de México no termina, por supuesto, en Lerma. Los pozos, las plantas de bombeo y cloración son alimentadas por electricidad que proporciona la Comisión Federal de Electricidad. Los sistemas de abastecimiento Tláloc I y II pueden ser rastreados hasta la Presa de Infiernillo, que forma parte del Sistema Adolfo López Mateos. Del otro lado, las aguas negras de la Ciudad irrigan los campos de Hidalgo. La ciudad se expande, fluye y construye nuevas relaciones ecológicas, económicas y sociales. Para mejorar las condiciones de vida en la Ciudad de México, tal vez debamos cuestionarnos cuáles son sus límites y con qué otros espacios se imbrican. Así, podremos pensar en soluciones urbanas que incluyan estos otros lugares, con quienes la Ciudad tiene una relación metabólica. Un futuro justo y sustentable depende de ello.
Alejandro De Coss es Maestro en Sociología por la London School of Economics, donde actualmente cursa un doctorado en la misma disciplina.
Trabajos citados
Harvey, D. (2005). The New Imperialism. Oxford: Oxford University Press.
Harvey, P., & Knox, H. (2015). Roads: an Anthropology of Infrastructure and Expertise. NY: Cornell University Press.
Mitchell, T. (2002). Rule of Experts: Egypt, Techo-Politics, Modernity. Berkeley, CA: University of California Press.
Moore, J. W. (2015). Capitalism in the Web of Life: Ecology and the Accumulation of Capital. New York: Verso Books.

Excelente articulo….podria ser mas extenso….