Las recomendaciones de los especialistas en salud pública son claras: quedarse en casa de ser posible, evitar multitudes (particularmente en espacios cerrados) y minimizar el contacto físico lo más que se pueda. Todas estas acciones para preservar la salud pública nos han aislado físicamente y a su vez logrado un empuje tecnológico sin precedentes que debe ponernos a reflexionar sobre las consecuencias que éste puede tener en un mundo post-pandemia. Una de ellas, particularmente, es la soledad.
En inglés existen dos palabras para darle sentido al acto de no estar o no sentirnos acompañados: solitude y loneliness. El primero podría traducirse como una soledad deseable, positiva y propositiva. Por el contrario, el segundo, sujeto de este texto, puede significar todo lo contrario. Para Nietzsche, por ejemplo, loneliness significa un estado psicológico de dolor causado por sentirnos solos. En su más cruda versión, la soledad es, en general, indeseable y muchas veces ineludible. Considero que es importante establecer esta diferencia, particularmente dentro de la vida urbana, donde a pesar de las multitudes, la cercanía física y el alto grado de adopción tecnológica, también es posible y muy común sentir soledad.

Ilustración: Víctor Solís
Durante estos meses de aislamiento físico forzoso, muchas personas con acceso a internet han logrado mantener una vida laboral relativamente estable e intentado mantener una vida social activa y vigorosa con resultados mixtos: a algunas les ha funcionado, mitigando el aislamiento y sus efectos; a otras no tanto, alimentando sentimientos de soledad y extrañamiento por el exterior. La situación es, sin duda, aún peor para las personas confinadas con su violentadores.
Con o sin pandemia, la soledad puede considerarse un mal generalizado de la vida urbana. En México, debido a la familia como valor fundamental, aún es difícil hablar de una epidemia de soledad como en otros países, donde incluso existen ministerios o instituciones encargadas de desacelerar las causas y mitigar sus efectos en la sociedad contemporánea. Por esta razón no es deseable extrapolar datos y males característicos de la vida urbana en el norte global.
Pero resulta imposible obviar que el domino del modelo económico neoliberal que imperó durante décadas en nuestro país exaltó el individualismo, la competencia y la búsqueda del interés propio, causando estragos en la cooperación, el colectivismo y el establecimiento de relaciones profundas y duraderas. El ciclo se cierra con el consumo como paliativo de la vulnerabilidad que viene con la soledad, debido al sentimiento de ausencia o insatisfacción.
Sin embargo, a pesar de los claros inconvenientes que ofrece la vida urbana en las ciudades mexicanas —estrés, falta de tiempo, grandes distancias, inseguridad, etc.— ésta sigue siendo un escenario único para que en sus parques, calles, plazas, restaurantes y teatros se puedan iniciar y consolidar relaciones afectivas y de trabajo. Por esta razón, es imprescindible que las políticas públicas de tecnología y urbanismo post-pandemia logren un balance que permitan aprovechar los beneficios del empuje tecnológico sin inaugurar una era de aislamiento crónico.
Efectos negativos de la soledad
Los efectos adversos que causa o exacerba la soledad están muy bien documentados: depresión, estrés, inflamación corporal, mayor propensión a enfermedades cardiovasculares, cáncer y hasta muerte prematura. En el caso específico de México, se han logrado documentar asociaciones significativas entre la soledad y algunos indicadores de salud como una mayor ingestión de alcohol, la angustia y la depresión en los adultos y, en menor proporción, como razón para el debut sexual en adolescentes. Resulta importante mencionar que estos hallazgos han resultado de investigaciones que no consideran a la soledad como tema principal de investigación, pero no por eso dejan de ser notables.
También es importante señalar que en la Ciudad de México, en los últimos años, ha existido un aumento en el número de hogares unipersonales de acuerdo al INEGI. Para 2017, 15 de cada 100 hogares estaba formado por un solo integrante. Si bien un aumento en el número de hogares unipersonales no significa que la soledad en nuestra sociedad vaya en aumento, éste puede ser un buen indicador de los tiempos que estamos viviendo donde el abandono y el aislamiento, voluntario e involuntario, son cada vez más comunes.
El impacto del coronavirus en las ciudades
Medios y expertos en políticas urbanas han tratado de enfatizar los efectos positivos que traerá la pandemia de covid-19 a nuestras ciudades (p. ej. incremento en la capacidad hospitalaria, migración al teletrabajo, mayor inclusión digital, mejoras al transporte sustentable). Pero, además de comúnmente pasar por alto los efectos negativos, también se ha perdido de vista que en toda crisis siempre hay ganadores y perdedores, quedando cada vez más claro que los perdedores son la gran mayoría de las personas que directa o indirectamente han sido afectadas por la pandemia.
Por el contrario, hasta ahora los claros ganadores son los gigantes tecnológicos como Facebook, Amazon, Netflix y Google, quienes han sabido capitalizar y crear más valor para sus inversionistas dentro de esta crisis mundial. En palabras de expertos, esta situación ocasionada por un nuevo coronavirus ha sido muy amigable con la tecnología, ya que la pandemia ha acelerado las proyecciones de adopción, suscripciones y ventas de estas compañías. En la nueva normalidad, las tendencias apuntan a que el valor de sus acciones seguirá subiendo.
Es importante identificar a los ganadores ya que, además de los retos en materia de competencia económica y derechos laborales que representa el ascenso de estas empresas, existen ciertos cambios en conductas y patrones de las personas durante el confinamiento que han impulsado este incremento en su valuación y que por obvias razones, buscarán mantener aún terminada la pandemia. Estos cambios incluyen la reducción de interacciones en ámbitos sociales en espacios públicos o privados, un menor contacto físico, menor actividad económica local y el aislamiento al poder realizar múltiples tareas laborales y del hogar sin salir de casa.
Bajo el contexto de una pandemia con rebrotes latentes y el confinamiento como elemento clave para reducir contagios, los gobiernos, ante el beneplácito de las compañías de tecnología, han empujado, activa o pasivamente, el comercio en línea, las salas de juntas virtuales y las redes sociales. Sin embargo, estos mismo gobiernos deberán evitar que la nueva normalidad vaya en detrimento de la vida urbana y, por el contrario, promover formas saludables de mantener lo que tanto valoramos de las ciudades, como el acceso a educación presencial, servicios públicos, y una oferta cultural interesante, así como las aglomeraciones e intercambio de ideas y conocimiento que crean valor.
Manteniendo una vida urbana vibrante
Para mantener una vida urbana vibrante en la nueva normalidad, con calles, parques, comercios y restaurantes llenos, no es necesario cancelar la tecnología ni las plataformas digitales. Ambas tienen beneficios que pueden ayudar a lograr los objetivos de una transformación que busca incluir a las personas con mayores carencias: inclusión tecnológica y financiera, equidad en las de tareas del cuidado y del hogar o habilitación de más tiempo de esparcimiento debido a una reducción en los tiempos de traslado y de la jornada laboral. Aunque para que éstas signifiquen realmente un avance y no un retroceso en el bienestar de las personas, es clave que el Estado busque a través de la regulación el respeto a los derechos laborales y salvaguarde que las empresas no transfieran costos a los empleados.
Estas políticas públicas innovadoras que nos permitan seguir disfrutando de lo urbano y lo público de forma segura también deben de abordar lo virtual y lo físico. Lo primero al priorizar la privacidad de las usuarias y usuarios y la regulación de herramientas específicamente creadas para pasar más tiempo en las plataformas tecnológicas o que pueden llegar a causar adicción o dependencia. En un plano físico, se deben de seguir creando y manteniendo espacios públicos de calidad y salubres, incentivar el consumo local y promover lo comunitario.
La pandemia creó las condiciones ideales para que las compañías de tecnología empujen por una adopción masiva de sus plataformas y productos. Servicios privados como el internet, las redes sociales y el comercio virtual se volverán cada vez más parte de nuestras vidas e innovaciones como la inteligencia artificial y vehículos autónomos empezarán a ser elementos de una realidad que parecía muy lejana. El miedo a lo público será utilizado, como ya le hemos visto, como un arma para explotar intereses económicos.
Para alejarnos de esa utopía de ciudad inteligente tan atractiva para Silicon Valley y revalorar la vida urbana, quienes podemos debemos de voltear a los planos físicos, particularmente los espacios públicos, como lugares de encuentro así como procurar hacer de esos espacios más acogedores para personas que no se sienten cómodas o han sido previamente expulsadas. Hoy más que nunca, que los límites entre lo real y lo virtual se harán cada vez más difusos debemos de fortalecer los lazos significativos que nos generan bienestar, para que la soledad, siempre al acecho, nos visite mas nunca se acomode.
Rodrigo García Reséndiz
Se. Reséndiz, lo felicito por considerar en su texto el aspecto físico y su relevancia para la salud mental, por su análisis de cómo algunas reestructuraciones post pandemia nos reclasificar. En lo personal, coincido en reanimar los espacios públicos, con esta pandemia yo que compartía casa con otras dos personas tuve que salirme ya que por mi trabajo y otras cuestiones no pude hacer encierro total. Soy de los otros victoriosos si así se puede decir, porque estoy sana, ( me cuido por supuesto)con trabajo y menos aislada ya que veo a mis compañeros de trabajo y eso me da vida social. Necesitamos más aportaciones como las suyas. Muy complacida en leerle.
Parece que la nueva clasificación social es estar conectado en realidad virtual o estar desconectado en la realidad de las carencias… pero en todo caso y en diferentes condiciones dentro de la espiral de violencia