Re-imaginar la ciudad: reflexiones a partir de CoRe Foro Urbano 2021

La palabra “imaginar” tiene cuatro acepciones: representar en la mente la imagen de algo o de alguien, suponer algo a partir de ciertos indicios, inventar o crear algo y concebir algo con la fantasía.1 Por su parte, el prefijo “re-” puede significar “repetición”, reconstruir “detrás de” o “hacia atrás”, “intensificación”, “’resistencia’” o “’negación”.2 Partiendo de esta serie de definiciones, “reimaginar la ciudad” nos da la oportunidad de suponer, repetir, inventar, reconstruir o simplemente concebir con fantasía una ciudad.

Ilustración: Raquel Moreno

Como cada año, CoRe Foro Urbano busca analizar y compartir las mejores prácticas del urbanismo a nivel nacional e internacional para proponer acciones replicables, escalables y sustentables que mejoren nuestras ciudades. Estamos conscientes de que aplicar soluciones de un lugar a otro requiere de considerable reinterpretación, pues el entorno siempre implica diversos desafíos y el primer paso para lidiar con ellos es aceptarlos.

Las ciudades son la suma de nuestras diferencias, por lo que al momento de imaginar y hacer una ciudad, debemos diseñarla y desarrollarla para que esté centrada en el aspecto humano y haga la vida más fácil, atractiva y confortable. Resulta esencial crear simbiosis urbanas, buscar una constante evolución y descubrir las oportunidades de relaciones más saludables, sostenibles y significativas que nos permitan conectarnos mejor con el lugar donde estamos y disfrutar el valor real de la vida diaria.

El pasado 21 de octubre se llevó a cabo el sexto  CoRe Foro Urbano bajo la consigna“Reimaginar la ciudad”. El Foro contó con conferencias magistrales, recorridos presenciales y virtuales, mesas de discusión —entre ellas: Ciudades de distancias cortas ¿son viables en México?” y “¿Es posible una ciudad sostenible en México?”—, así como con  la inauguración del Observatorio Urbano del Museo Kaluz. Entre los invitados destacaron luminarias del urbanismo como Henk Ovnik, María Buhigas, Carlos Moreno, Tatiana Bilbao, Jose Castillo, Patricia Martínez, Mariuz Calvet, Esben Neander y Gonzalo Peón.

El Foro nos invitó a reafirmar la necesidad de impulsar ciudades de distancias cortas o “de quince minutos”, así como de buscar formas urbanas que reduzcan los trayectos de las personas para llegar a sus destinos. El objetivo es crear ciudades accesibles que vayan más allá del simple movimiento de personas y cosas, así como articular políticas de movilidad, vivienda y uso de suelo.

Sin embargo, para reimaginar una ciudad es fundamental cambiar la tónica de las preguntas que nos hacemos. La pandemia nos ha obligado a redescubrir las ciudades, pero continuamos buscando una sola respuesta homogénea que aplique en todas las circunstancias. En lugar de insistir en ese error, debemos superar la ideología, la ignorancia y la inercia de nuestras ciudades. La ideología hace alusión a narrativas imperantes e ideas recibidas del urbanismo como la densidad, la economía de servicios y el desarrollo de productos inmobiliarios. Por su parte, la ignorancia en que vivimos incluye los retos y las dinámicas que operan en el planeta. En el caso de la inercia, se refiere a las contradicciones con las que nos enfrentamos cada día en las legislaciones, en los procesos de trabajo y en los resultados que obtenemos.

Debemos ser conscientes de que ya no existe una sociedad homogénea, sino ciudadanos globales, y formular preguntas que revolucionen la manera en que nos planteamos las ciudades. Todo esto acompañado de la revalorización e importancia de la multiescalaridad, el espacio de convivencia más allá de la movilidad, la cohesión física universal, con respuestas holísticas donde se construya ciudad y no soluciones sectoriales para pasar de la planificación a la transformación real.

Por su parte, el concepto de ciudad de “15 minutos” o de distancias cortas nos permite transformar nuestras ciudades a escala humana. Debemos buscar una nueva relación entre el espacio urbano y el tiempo, logrando el acceso a una ciudad más equitativa a través de una nueva narrativa urbana que permita reencontrar nuestra relación con el tiempo urbano. Se necesitan proximidades para lograr una convergencia económica, social y ambiental, privilegiando este proceso para provocar un nuevo paradigma que nos lleve a una vida urbana diferente.

Llevamos décadas sufriendo un urbanismo segregativo con una gran fragmentación, por lo que tenemos que cuestionarlo para responder en qué ciudad queremos vivir. Esto nos permitirá cambiar el ritmo de la ciudad, buscar lugares de usos múltiples y consolidar ese sentimiento de nuevas urbanidades y culturas locales para dejar a un lado el estrés y reconquistar el espacio público. Debemos buscar un mundo convergente que sea una opción de transformación para el desarrollo humano integral, a través de una ciudad policéntrica que permita la optimización de recursos por medio de la ecología, la cercanía, la solidaridad y la participación, acompañada de una hoja de ruta que fomente el bienestar personal, la sociabilidad y la relación con el planeta.

Es necesario preguntarnos cómo recuperar nuestro tiempo y reinventar la proximidad de los servicios, explorando las funciones sociales urbanas a través de la densidad orgánica, la proximidad de vida, los usos múltiples que incluyan la perspectiva de género, de edad y de culturas, así como la tecnología como elemento de unión y no de separación.

Las ciudades de distancias cortas deben de abordar la inclusión de componentes sociales que acerquen más a las personas. Las experiencias de ciudades como Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey, a través del análisis de la dispersión y expansión urbana, han visibilizado ciudades sin un sistema de cuidados, sin políticas de transbordos adecuadas y con una falta de atención a la seguridad y a la calidad del espacio público.

La realidad de nuestro país es que existen bloques desconectados de las ciudades sin una articulación en los niveles de gobierno para mejorar las políticas de vivienda. Así, es fundamental revisar el papel del sector privado, incluyendo al sector financiero y a los desarrolladores, para evitar crear viviendas aisladas de las oportunidades.

Es esencial renovar nuestras ciudades con usos de suelo mixtos y una infraestructura de transporte sostenible, así como rediseñar los instrumentos de planeación —como son los planes parciales— pero también valorar la importancia de las inversiones para ser estratégicos en la toma de decisiones. En ciudades como Monterrey, donde el 60 % de la población utiliza el automóvil, resulta vital contar con una lógica de planeación y conocer las experiencias de otras ciudades para considerar las necesidades de toda la población y aplicar diseños neutrales que permitan concretar medidas integrales.

El desarrollo urbano se conecta con la importancia del agua para la protección climática y la resiliencia. Los proyectos en nuestras ciudades deben de funcionar a través de la colaboración, la consistencia, la capacidad de crear y el compromiso para lograr maximizar las oportunidades,y utilizar las alianzas para impulsar soluciones. Debemos ser holísticos a través de la investigación, planeación y diseño para implementar una visión a largo plazo, con políticas inclusivas y transparentes que tomen en cuenta las capacidades institucionales e individuales, pero también entendiendo, evaluando y manejando la innovación y los resultados a corto plazo. Analizar los retos para lograr la seguridad hídrica y explorar soluciones basadas en la naturaleza que nos permitan prevenir inundaciones y sequías, así como mejorar el desarrollo urbano tomando en cuenta la realidad de los lugares y sus diferencias para enfocar la inversión en las personas.

La sostenibilidad va más allá de una cuestión ambiental, por lo que es fundamental su dimensión temporal y transdisciplinaria. La diferencia que hemos hecho entre el espacio público y privado nos ha dividido: necesitamos una visión colectiva que permita generar esquemas sostenibles y espacios que vayan de lo privado a lo público a través de diferentes escalas.

Es necesario preguntarnos cómo habitamos las ciudades para concretar una transformación social que nos permita cambiar la forma y el fondo, analizar el rol del Estado para impulsar cambios que el mercado no está impulsando, así como revisar las políticas y la manera de concebir los proyectos urbanos por parte de los actores privados.

No podemos dejar de lado las aspiraciones de las personas, pues así como las ciudades cambian, nosotros también cambiamos. Debemos regresar a la microescala y encontrar otro sistema de relaciones más cercano que resignifique la ciudad, con una perspectiva integral preocupada por los espacios de las ciudades y las dinámicas sociales, con criterios como el ahorro de agua, el uso de energías limpias y la generación de espacios públicos, pero ante todo, ciudades sostenibles y diseñadas para la gente.

El Foro nos deja muchas tareas y responsabilidades para lograr que las ciudades sean más vivibles, amables y equitativas. Cambiar la mentalidad de las personas siempre será un gran reto, por lo que debemos ser creativos y no temer al cambio. Antes de decidir qué construir, necesitamos decidir cómo deseamos vivir nuestras vidas y en qué tipo de mundo lo queremos hacer. Los invito a que juntos continuemos reimaginando nuestras ciudades.

 

José Antonio Valdivia Peña
Director de CoRe Ciudades Vivibles y Amables, A. C.


1 Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, 23.ª ed., versión 23.4 en línea. Consultado el 23 de octubre de 2021.

2 Ídem.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Planeación urbana