Una de las oportunidades de la nueva Constitución serán (¿son?) las nuevas alcaldías que sustituirán a los gobiernos delegacionales, ese poder que nunca terminó de diseñarse en una reforma política que ha tomado más de 25 años en concluirse. El tránsito de una figura a otra abre una ventana de oportunidad para dotar a nuestros nuevos gobiernos locales de importantes atributos institucionales de los que sus antecesores carecieron: auténtica representatividad, contrapesos a su interior y claridad en sus potestades políticas y administrativas.