Con las obras de OHL asistimos a la corrupción última de la Ciudad de México, más allá de corromper a las autoridades, corrompen la calidad de vida de largo plazo de la urbe. El que sus autopistas urbanas de OHL se liguen a corrupción no es sorprendente; son obras que no responden al bien común. Son obras que apuestan por el fracaso mismo de la ciudad para el beneficio exclusivo de unos cuantos y de OHL, por supuesto.