La primera y tal vez más importante cuestión que podría aprender la ciudad de México sobre Santiago, es sobre cómo distribuir el presupuesto en movilidad. A pesar que en Santiago un tercio de la población se mueve en automóvil particular, la ciudad destina el 56% del presupuesto federal a proyectos de transporte público y ciclovías. En contraste, la Zona Metropolitana del Valle de México, en 2015, de los fondos federales apenas se destinó el 10.6% a proyectos de movilidad sustentable.