Las experiencias de privatizar el espacio público en la ciudad a favor de las empresas han sido desalentadoras. Basta ver todo el espacio público que ha sido concesionado a la empresa OHL para solucionar problemas de movilidad automotriz con segundos pisos y supervías, y que a cambio sólo hemos recibido escándalos de corrupción, y más tráfico. Por lo tanto, es natural que no sea bien visto por los ciudadanos ceder terreno del bosque, por cinco años a un grupo empresarial con conflicto de interés.