La imagen de un oso polar raquítico sobre un trozo de hielo flotando en el mar ártico encendió la alarma de muchas personas y como respuesta a casi nadie se le ocurrió organizar a un grupo que viajara hasta el Polo norte con alimento congelado para alimentarlos. Tampoco se pensó en recolectar fondos para construir refrigeradores donde pondrían a los osos a salvo. La mayoría de nosotros vio en esas fotografías a una especie representando un problema ecosistémico… y global.