Túnez: espacios públicos, revoluciones y costumbres

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No tengo el placer de conocer la totalidad de Túnez, solamente su capital homónima. Mi visita se llevó a cabo el pasado mes de octubre, durante el período de elecciones legislativas en el país. Esta experiencia fue muy interesante porque me permitió observar y experimentar los usos de los espacios públicos en un país que ha estado marcado en los últimos años por múltiples eventos políticamente importantes: la primavera árabe, el derrocamiento de Ben Ali y ahora las elecciones legislativas.

Mi primera impresión de la ciudad fue de cansancio. Espacios públicos que en su época debieron de haber sido hermosos, pero que ahora estaban abandonados y descuidados. Un entorno que coincidía a la perfección con el ánimo apático e indiferente de la gente frente a la actividad electoral. También los fuertes controles policiacos con motivo de las elecciones contribuían a crear un ambiente de miedo y tensión entre la población. Lo primero que pensé fue ¿es este el país ejemplo de la primavera árabe?

Mi primera incógnita era cómo es que los espacios públicos habían llegado a un tal estado de abandono y descuido. Porque estoy hablando de zonas muy turísticas, en pleno centro histórico de la ciudad, y en donde se encuentran los principales edificios administrativos del país. En cierta forma, calles y avenidas que son la ‘vitrina’ de Túnez hacia el mundo.

Cuando les hice esa pregunta a mis amigos y compañeros tunecinos me explicaron que, en la época de Ben Ali, los espacios públicos de la Ciudad de Túnez estaban segregados socialmente. Es decir, según el nivel socioeconómico era el espacio público que se tenía permitido visitar. Por ejemplo, las calles centrales y turísticas de la ciudad era muy poco visitadas por los habitantes de las colonias de niveles socioeconómicos menores. Esto se debía al férreo control policiaco que impedía que esas poblaciones ‘volvieran feas’ esas avenidas, bloqueándoles el paso u obligándolos a salir del perímetro controlado. Este control también se extendía a la parte comercial en esas avenidas, que en su época estaba limitado a boutiques y tiendas en locales establecidos.

Sin embargo, luego de las protestas de la primavera árabe y el derrocamiento de Ben Ali, los espacios públicos tunecinos sufrieron cambios importantes en sus usos y configuraciones. Con un poder político debilitado e incapaz de restablecer el orden social en el país, se fue dando paso a una mayor heterogeneidad de los visitantes de los espacios públicos. Zonas que anteriormente eran sólo frecuentadas por las clases socioeconómicas superiores, vieron ‘sus espacios’ invadidos por otro tipo de poblaciones. Invasiones que no sólo afectaron los espacios públicos, sino las propiedades inmobiliarias dejadas por personas cercanas a Ben Alí luego de su derrocamiento, y que fueron invadidas por poblaciones que habían sido desplazadas desde el interior del país.

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La crisis económica en la que está sumido el país desde la primavera árabe ha traído consigo grandes tasas de desempleo y ha acentuado las divisiones sociales y económicas entre las diferentes regiones del país. Esta situación ha generado una gran migración interna, especialmente de personas del interior del país hacia las principales ciudades. Túnez, al ser la ciudad capital, es uno de los destinos principales de esta migración. Pero al no haber oportunidades de empleo ni para los habitantes de Túnez ni para los recién llegados a la ciudad, un nuevo fenómeno se ha desarrollado y que tiene impactos en los espacios públicos: el comercio informal. Un comercio al que se ha unido todo tipo de población, desde personas con niveles educativos básicos hasta universitarios, y cuya presencia en el espacio público se agranda cada día más y más. El peso de los comerciantes ambulantes es tal, que a la manera de México, están comenzando a convertirse e un importante actor político y con mucha influencia en la toma de decisiones de la ciudad.

Este fenómeno económico también ha impactado el rol de la mujer en el espacio público. Históricamente, el sector del comercio siempre había sido manejado por hombres en Túnez. La crisis económica ha obligado a las mujeres a entrar en el comercio informal. Si bien en México la presencia de mujeres es un hecho normal, en Túnez la sorpresa es recurrente cuando se encuentran a una vendedora ambulante que negocia y vende “de la misma manera que un hombre”.

De igual manera, la presencia de mujeres en el espacio público ha sufrido fuertes degradaciones. Anteriormente, las reglas sociales eran muy claras: una mujer no debería estar en la calle después de cierta hora y debía evitar ciertas zonas. Después del 2011, el espacio público se convirtió en una espacio de incertidumbre, en donde el peligro es omnipresente y difícilmente identificable. Es decir, si antes se sabía que después de cierta hora las probabilidades de que nos agredieran eran mayores, ahora, sin importar la hora del día, las agresiones podían llegar.

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El fortalecimiento de los partidos islámicos radicales también ha impactado en los usos del espacio público, a través de una mayor ‘permisividad’ de la violencia en esos espacios. En más de una ocasión, miembros de estos partidos han provocado la anulación de eventos culturales públicos. Me tocó conocer a una profesora de teatro que en abril de este año había sido agredida durante la presentación de una obra en un jardín público. Las agresiones fueron tales que obligaron a cancelar el espectáculo. De igual manera, muestras de arte ‘revolucionarias’ han sido dañadas y sus autores han sido amenazados de muerte de la parte de radicales islámicos. Los códigos vestimentarios también han ido cambiado. Los tunecinos señalan la cada vez mayor presencia de mujeres en burka o niqab, situación que antes de los eventos del 2011 constituía eventos aislados o poco comunes. Las agresiones en el transporte público hacia las mujeres también han aumentado, obligando a las usuarias a limitar su presencia en el espacio público o a organizarla de tal manera que se eviten las horas de menos afluencia.

Finalmente, todas estas situaciones han traído una cada vez mayor fractura socioespacial en el país. Cuando diferentes grupos socioeconómicos están obligados a convivir en el espacio público, la convivencia está lejos de ser cordial y amable, y da paso a la desconfianza y a la evitación.  Los grupos de mayores ingresos se han ido alejando de las zonas cada vez más ocupadas por el comercio informal, provocando una expansión urbana descontrolada. Una lejanía que también se traduce en términos de pérdidas económicas para los comercios formales que, por cuestiones monetarias, no pueden moverse para seguir a su clientela.

Esta fractura social y espacial también impacta en la fractura política por la que atraviesa el país. Los jóvenes, que fueron el principal motor de la revolución tunecina, son los grandes ausentes del proceso electoral. Desilusionados por las consecuencias que la revolución trajo, su apatía se traduce en un menor involucramiento y contestación de las decisiones políticas. Indiferencia que es importante para el futuro del país, ya que más del 60% de la población está en edad económicamente activa.

Por ello, la evolución política de Túnez puede ofrecer pistas importantes de la la evolución de los usos en los espacios públicos. No se nos debe olvidar que fue precisamente la ocupación de plazas y calles por parte de la población lo que logró derrocar al régimen dictatorial de Ben Ali.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.