Vecinos invasores

Cada determinado tiempo aparece la noticia de que algún grupo relacionado con una creencia espiritual decide emular a Leonardo Da Vinci y liberar en Xochimilco o el Ajusco a cuanto animal tenga en su poder (previamente comprado en algún mercado). Loros, peces tropicales y tucanes, entre otras especies, son liberados en una ceremonia con la creencia de que estos animales serán felices. Es todo lo contrario. Estas liberaciones generan sufrimiento animal por partida doble: primero, a los animales que liberan y, segundo, a los animales residentes que tienen que convivir con los recién allegados. En lugar de hacerles un favor, están enviándolos a una zona desconocida donde probablemente mueran de inanición, sean devorados por alguien más, o en el peor de los casos ellos devoren a las especies locales y se reproduzcan haciendo sufrir a toda la comunidad de animales y plantas nativos. Estos últimos, además, se vuelven plaga.

1

Estas liberaciones son, quizá, el mejor ejemplo para comprender que no todos los animales y las plantas son buenos por el simple hecho de existir. Las plagas de especies exóticas afectan a los animales nativos, que son aquellos que generan cultura y conviven con nosotros. Pero estas personas espirituales no son las únicas que liberan animales en ecosistemas extraños. Una de las campañas más importantes del parque Everglades en Florida se basa en promover que no se liberen peces de acuario en ese humedal puesto que ya existen muchos problemas con peces exóticos, que han provocado la extinción de muchas nativas. Otro ejemplo, en 1971 se filmó la película “El Jardín de Tía Isabel” en Cozumel que involucraba de boas importadas de otros lugares y que se liberaron en esa isla.1 El resultado ha sido la extinción de una de las tres especies de ratones nativos de la isla y algunas aves que son el alimento de una población cada vez más grande de boas que no deberían de estar ahí.

Gato repsa
Foto: Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.

Las ciudades, a pesar de ser zonas urbanas, también tienen muchas especies nativas que, sin que lo notemos, conviven con nosotros. Además de la reducción del hábitat, las especies nativas de la ciudad tienen que sufrir los embates de las especies que introducimos, liberamos y apapachamos en nuestras ciudades. Estos en muchos casos pueden darnos alegrías, en otros generan grandes problemas que afectan no sólo a los animales nativos y también a la infraestructura de la ciudad.

Los primeros ejemplos son las palomas y las ardillas. No hay plaza en donde no estén asentadas parvadas de palomas en espera de algún tipo de migaja o resto de comida dejada por los transeúntes. Las palomas tienden a hacer su nido en las cornisas de las casas y catedrales. Con el tiempo el excremento de estas aves pueden afectar a los edificios al grado de que se tiene que restaurar su fachada completa. Es por ello que las palomas son la peor pesadilla de las personas que mantienen los edificios históricos y la razón por la cual existen múltiples estructuras para alejarlas de las fachadas en las grandes plazas.

Gato repsa2
Foto: Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.

A pesar de ser roedores parientes de las ratas, las ardillas despiertan ternura entre los humanos y es por ello que en la mayoría de los parques de la Ciudad de México existen personas que venden cacahuates para alimentarlas. No obstante esta agradable relación de las ardillas con el humano se acaba cuando se sufren las consecuencias. La alimentación de ardillas con cacahuates provoca una sobrepoblación de estos animales que devasta los jardines que son invadidos por hordas de estos roedores, con una voracidad poco vista. El efecto no se queda ahí. En algunos sitios -como algunos edificios de CU- las ardillas hacen sus nidos en los plafones y destruyen los cables de electricidad, teléfono e internet dejando sin luz y sin comunicación a sus habitantes o usuarios. Es en ese momento que los residentes de esos edificios, que con alegría daban cacahuates a las ardillas que se asomaban por sus ventanas desean que esos roedores nunca hayan existido. Y eso es lo que hubiera pasado si ellos no los hubieran alimentado.

Los siguientes casos de especies que viven dentro de las ciudades son los perros y los gatos. La creciente necesidad de compañía en una sociedad aislada ha hecho de estos cánidos y felinos excelentes compañeros domésticos. Sin embargo, también han generado problemas dentro de las ciudades, tanto relacionados con la seguridad de los habitantes como con sobrevivencia de la biodiversidad local. En muchas ocasiones los perros se escapan o son abandonados y terminan asociándose con otros perros para generar jaurías. Las visiones románticas que nos dejan las películas infantiles sugieren que estos perros viven una vida feliz en la calle. Quizá esta visión es la que ha llevado a promover campañas publicitarias en el Metrobús que piden que “cambies el mundo” dejando comida de perros en la calle para alimentarlos. La realidad es muy diferente a esta imagen y los perros acostumbrados a una vida hogareña sufren mucho en la calle, por lo cual un alimento no va a cambiarles la vida. Por el contrario, alimentarlos podría generar más sufrimiento y peleas entre ellos por un recurso finito y esporádico. Así que nadie cambia la vida de un animal (y menos al mundo) dejándole alimento en la calle. Si alguien quiere hacer un cambio con respecto a perros y gatos, mejor que adopte alguno de ellos, eso si modifica su vida y evita que generen efectos negativos en la ciudad. Volviendo a los perros callejeros, algunos de estos perros se internan en zonas más naturales donde compiten con las especies nativas y sus jaurías se vuelven ferales. Estos perros son peligrosos, porque en ocasiones pueden ser muy agresivos con los humanos, o pueden generar extinciones de animales locales. Es muy probable que la extinción de la zorra gris en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel se deba a las jaurías de perros ferales que se internaron ahí, y que en ocasiones son alimentados por personas que quieren “cambiar al mundo” con croquetas “Campeón”.

Perro repsa
Foto: Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.

Los gatos son también animales de los que tenemos que considerar su efecto negativo sobre la biodiversidad. Ellos no forman jaurías, pero se pueden volverse ferales como los perros si son abandonados cerca de zonas naturales. Además, de estar cazando constantemente ratones y ratas domésticas -lo cual se les agradece- los gatos cazan aves, lagartijas y ratones nativos. En muchas ocasiones nos enteramos porque nos traen su presa como “ofrenda”, pero en la mayoría de las ocasiones ni sabemos lo que mataron. Entre el 44 y 60% de los gatos domésticos tienen en su estómago alguna presa que ellos cazaron.2 Por su parte, estudios de gatos urbanos que utilizaron collares que enviaban información satelital encontraron que los gatos se mueven en promedio unos cuatro km al día. Aunque tienen sus “escapadas” nocturna cada semana o dos donde pueden recorrer hasta 21 kilómetros, para regresar a su casa como si nada y sin que nos demos cuenta (comunicación personal Drs. Orduña-Villaseñor y Schondube). En estos recorridos los gatos cazan especies nativas. Se ha calculado que anualmente los gatos son responsables por la muerte de 254 millones de aves y otros animales en Gran Bretaña y unos 150 millones en Canadá.

Los efectos negativos de los perros y los gatos en la ciudad no implican que debamos de eliminarlos, pero si que tenemos que generar las formas de manejo de estas especies para reducir sus efectos negativos, como poniendo un collar plano en el cuello  de los gatos que sea muy colorido para que las aves lo vean, no alimentar a los callejeros y sacarlos de las zonas naturales. Los perros y los gatos son importantes para la vida de los citadinos, mas no son las única especies con las que convivimos y tenemos que poner cuidado al efectos que tienen sobre un gran número de especies.

Perro repsa2
Foto: Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.

Tristemente algunas personas consideran que la única diversidad que hay que mantener son los perros y los gatos y a las especies silvestres las prefieren alejadas o en zoológicos. En recientes años los habitantes de la Ciudad de México han visto cacomixtles y tlacuaches cerca de diferentes hogares, incluso muy alejados de alguna zonas naturales. Cuando esto sucede, la reacción inicial de las personas es intentar hacerlos desaparecer, ya sea matándolos o enviándolos a una reserva. Parece imperar la idea de que la vida silvestre de una ciudad no puede convivir con nosotros y tiene que ser enviada a su gueto: las reservas ecológicas. Por el contrario, las especies silvestres sí pueden convivir con nosotros y con los animales domésticos si les damos una oportunidad. Eso es lo que le da vida al ecosistema. Un ecosistema urbano donde sólo hay, palomas, ardillas perros y gatos es un ecosistema que está destinado a morir.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.


1 Vázquez-Dominguez E. Suares-Atilano M. Booth W. González-Baca C y Cuaron A.D. 2012. Genetic evidence of a recent successful colonization of introduced species on islands: Boa constrictor imperator on Cozumel Island. Biol. Invations. 14:2101-2116.
2 Turner D y Bateson P, 2000. The Domestic Cat. The biology of its behaviour. Cambridge University Press.


Un comentario en “Vecinos invasores

Comentarios cerrados