Después del sismo se reportó que la zona planeada para el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICIM) se hundió cinco centímetros. Este asunto plantea problemas estructurales y otros problemas hídricos aún más graves para la metrópolis. El terreno se encuentra en las zonas más bajas del valle, pues es de los últimos remanentes del lago y en donde se concentra toda el agua de lluvia. La cantidad de agua que podrían ocupar esos cinco centímetros de hundimiento se pueden calcular a partir de las 4,430 hectáreas que están planeadas para construir el aeropuerto. Con ello, el volumen de sólo esos cinco centímetros puede albergar  2.2 millones de m3 de agua que llegarían ahí en época de lluvias torrenciales. Esta cantidad de agua es equiparable a lo que necesita todo el Valle de México por más de 10 horas seguidas o lo que necesita la Ciudad de México por un día entero. Sin embargo, puesto que es una zona del NAICM es de seguridad nacional, ésta se drenará lo antes posible al desagüe sin poder ser aprovechada para las necesidades de la ciudad. Al mismo tiempo que la falta de agua nos obligará a sobreexplotar más el acuífero que generará más hundimientos y que provocará que más agua se envíe al drenaje. Este círculo vicioso aumenta la velocidad en la que la ciudad se quedará sin agua, pero el brillo de las instalaciones del nuevo aeropuerto opaca esta ruta a la insustentabilidad hídrica de la ciudad.

Estamos acostumbrados a que el brillo y la propaganda opaque lo importante. Hace unas semanas el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México lanzó una tarjeta para el metro con nuevas características financieras; se puede pagar en tiendas departamentales y hasta en el banco. El jefe de gobierno justificó este encargo (por cierto, sin licitación) con frases como, esta tarjeta es como la de “Londres y en Singapur”. La tarjeta se volvió el “brillo” de una acción que no es útil para la movilidad de la ciudad. El usuario del metro no tiene como prioridad una tarjeta así, está preocupado porque este sistema sea rápido, cómodo y seguro. Las filas, apretones y retrasos de todas las líneas del metro son exactamente lo contrario. Este metro ocupa el penúltimo lugar (después del metro de Nueva York) en eficiencia, incluso después del alza de las tarifas que prometían resolver estas necesidades. No sé si a otros usuarios del metro les consuele tener una tarjeta como la de Londres cuando el servicio no es como el de Londres; a mí no.

Las bromas en redes sociales sobre la tarjeta de Londres indican que el brillo no puede opacar la realidad cuando uno la vive todos los días. Sin embargo, cuando se desconoce lo complejo del sistema hídrico de la ciudad, es más fácil caer en la trampa de un resplandor como el del NAICM, que evitan ver los grandes problemas hídricos que dará a la ciudad. Es por ello fundamental poner los números sobre la mesa pues así se pueden idear acciones para reducir el problema del agua en la ciudad.

Los siguientes números son el producto de presentaciones que compartí con personas de CONAGUA y de SACMEX en los últimos días. Por lo tanto, son resultados de sus análisis y cualquier discrepancia o crédito es para ellos.1

Toda el área metropolitana necesita aproximadamente entre 60 y 70 metros cúbicos por segundo (m3/s) para su consumo (un metro cúbico es equivalente a un tinaco común). La Ciudad de México requiere el 55% del suministro, mientras que la zona conurbada requiere el 45%. Prácticamente un tercio de esta agua la provee CONAGUA a SACMEX y a la Comisión de Agua del Estado de México para que ellos la administren y distribuyan. Esta agua proviene en las siguientes cantidades aproximadas promedio anual: Lerma 4.8 m3/s, Cutzamala 14.7 m3/s, Pozos del Norte 6.7 m3/s, Pozos del Sur 0.6 m3/s y ramal de Texcoco 0.6 m3/s. Los dos tercios restantes la explotan estas autoridades locales en pozos dentro de sus demarcaciones. Por ejemplo, para la Ciudad de México son alrededor de 900 pozos de los que se extrae el agua. Así que del acuífero, según CONAGUA, se extraen alrededor de 40 m3/s para toda la mancha urbana.

Ilustración 1: Distribución porcentual de fuentes de abastecimiento de agua para la ZMVM

Fuente: Elaboración propia con datos de CONAGUA y SACMEX.

De lo que llueve al año (aproximadamente 214 m3/s) cerca del 16% se infiltra en el acuífero, o llega a los ríos (35 m3/s) puesto que lo demás se evapora o se pierde en el drenaje. Esto genera el primer problema: el del balance de agua. Si necesitamos 60 m3/s y sólo podríamos recuperar 35 m3/s tenemos un déficit de agua de casi el doble. Eso sí recuperáramos toda el agua que llueve sin desperdiciar una gota. Por ello, desde hace tiempo estamos extrayendo del acuífero el doble de lo que se infiltra. Para ilustrarlo, imaginemos que tenemos una cuenta de banco al que no le conocemos el saldo, le depositamos un peso diario y le retiramos dos. Tarde o temprano nos quedaremos sin dinero.

La sobreexplotación genera un segundo problema: los hundimientos. Durante 1910 el drenaje profundo tenía una pendiente de 19 cm por cada kilómetro. Para 1992 el hundimiento había dejado sin pendiente al drenaje. Esto provocó que se tuviera que bombear el agua para sacarla del valle. Hasta hace unos años, se había calculado que la energía para este bombeo era equivalente a lo que necesita una ciudad de un millón de personas. De los 61 m3/s que llegan al drenaje 49 m3/s son aguas residuales y 12 m3/s son de ríos (que se juntan con las residuales), 50 m3/s salen del valle en drenaje, 4 m3/s se van a riego dentro de la cuenca y 7 m3/s se reutilizan.2 De estos números hay que destacar lo poco que se reutiliza (el 10%) o que se usa en riego. También hay que enfatizar que el déficit es muy grande, aun cuando todo se reutilizara. Además, esta agua no es constante, pues es en la época de lluvias es cuando llega el agua. Con los hundimientos y la forma de la cuenca y la visión de que sólo el drenaje nos resuelve estos problemas, los expertos de CONAGUA y SACMEX han reiterado que no hay sistema de drenaje que aguante una lluvia de más de 36mm en hora y media. En pocas palabras, como hemos venido trabajando, no hay forma de evitar las inundaciones en la ciudad.

Ilustración 2: Distribución porcentual de la disposición final de aguas residuales para la ZMVM

Fuente: Elaboración propia con datos de CONAGUA y SACMEX.

Las autoridades que manejan el agua indican que la situación actual condena a inundaciones y escasez de agua en los próximos años. Así que en el diagnóstico estamos todos de acuerdo: el panorama es muy negro. Donde no estamos de acuerdo es en la solución. Las autoridades locales y federales Insisten en trabajar sobre el mismo sendero que nos ha traído a este panorama. En 1972 se formó la Comisión de Aguas del Valle de México para solucionar el problema de abastecimiento de la gran mancha urbana. En esa comisión se decidió abastecer de agua a la zona metropolitana con la Cuenca del Río Cutzamala en lugar de pensar en una cuenca sustentable a nivel hídrico. Sin aprender de esto errores, hace unos días el anuncio la utilización del Pozo de Santa Catarina 3A, de dos mil metros de profundidad. Un pozo que en el mejor de los casos es un paliativo por pocos años, ya que no se recarga por infiltración de lluvias y provee de 0.1 m3/s. El dato no es nada significativo para los 60 m3/s necesarios en la ciudad, por el contrario, el financiamiento de este tipo de pozos ha sido muy grande.

Lo que el pozo profundo provee de agua es un poco menos de lo que la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de la UNAM aporta al acuífero (dos millones de m3/año). Pero el gobierno capitalino permite a constructoras verter al drenaje agua que es capturada por la Reserva cuando les estorba para hacer un multifamiliar. Este mismo gobierno que permite el despilfarro hídrico de una fuente de agua sostenible, es el que asistió a la inauguración del pozo profundo que, dicen ellos, aliviará del problema de agua en la ciudad.

La lógica empuja por cambiar de visión completa del manejo hídrico de la cuenca. Existen muchas alternativas en el manejo territorial y la generación de tecnologías que pueden ayudar a realizar un cambio de visión que ha sido promovido por muchos grupos, como “Agua para todos”. Como cuando se sanan las finanzas personales, es necesario aumentar tanto el agua que entra al sistema como reducir el gasto. Algunos ejemplos se pueden enumerar aquí:

  1. La conservación y restauración de las zonas verdes de la ciudad, por ejemplo:  el pedregal al sur de la ciudad puede ayudar a la recarga del acuífero somero; las zonas verdes al poniente y al sur de la ciudad que ayudan a recargar el acuífero profundo y reducen inundaciones. En este caso se tiene que generar un agresivo plan de ordenamiento que reduzca su urbanización por asentamientos irregulares tanto de bajos como de altos ingresos.
  2. La restauración de ríos y barrancas al poniente de la ciudad, como las estrategias promovidas por vecinos en Polanco, o el plan de restauración del Río Magdalena (el presentado por la UNAM y la UAM, no el que realizó el gobierno). Estas acciones pueden mejorar la calidad de agua de los ríos y reducir inundaciones. 
  3. La restauración socioecosistémica de Xochimilco para contar con un humedal que nos provee de cultura, biodiversidad, alimento y estabilidad hídrica.
  4. La pulverización del tratamiento de agua en muchas plantas y la generación de zonas de absorción dentro de regiones como han propuesto investigadores de la UAM. La utilización de parques y camellones como fuentes de absorción o captación de agua que pueden ayudar a reducir la pérdida de agua en las tuberías.
  5. La captación de agua, sobre todo en zonas rurales, con proyectos como los de Isla Urbana demostró un aumento en la resiliencia ante la crisis hídrica generada por el sismo.
  6. Aún con todas estas estrategias seguiría habiendo déficit de agua a partir del actual consumo, por lo que es fundamental el impulso de nuevas tecnologías de utilización de agua, el cambio de tipos de jardines (que consumen mucha agua), y un verdadero control en el gasto y desperdicio de agua con rendición de cuentas.

Sin embargo, cuando a las autoridades hídricas se les presentan este tipo de ideas alternativas son desestimadas antes de que lleguen al escritorio, pues un rápido cálculo financiero les indica que el gasto sería cuantioso. Evalúan estas propuestas teniendo cuidado de no comparar la inversión con el Túnel Emisor Oriente, o el Deprimido Mixcoac. También lo hacen de manera individual, sin comprender los beneficios son sinérgicos y serán mucho más baratas y sustentables en los futuros cercanos. Esta lógica se ve claramente ahora en la última propuesta de Ley de Aguas de la Ciudad de México que ha estado en la discusión de la ALDF. Aún cuando habla mucho de sustentabilidad hídrica y dedica varios capítulos a la cosecha de agua, la versión inicial no se considera el balance hídrico, los cuerpos de agua, el cambio climático o la protección civil frente a las inundaciones, se le da prioridad a la construcción.

Algunos colegas extranjeros han visto los números hídricos que arroja la cuenca y me dicen sorprendidos que no entienden cómo es que los capitalinos estamos tan tranquilos y bajo este panorama catastrófico. En sus propios países ya estarían evaluando planes de emergencia. ¿Cómo es posible que no estén preocupados? cuestionan. He querido contestar “porque ya tenemos una tarjeta de metro como la de Londres…” aunque la realidad me lo ha impedido.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.


1 Desgraciadamente no cuento con un documento oficial que citar, lo único que tengo son los apuntes sobre sus ponencias.
2 Estas cifras requiere sumársele evaporación para equilibrarse con el abastecimiento de la ZMVM.