Cuando aterricé en Ciudad del Cabo la noticia era ya conocida en todo el mundo. El puerto sudafricano, con 3.7 millones de habitantes, es una ciudad importante no sólo en la economía, cultura y política de ese país, sino de África, e incluso del sur global; pronto, se quedaría sin agua. Años de sequía han provocado un descenso de las reservas de agua que le abastecen (aquí una galería sobre el nivel de presas). Detrás de esta prolongada sequía están los cambios globales en el clima, resultado de la actividad industrial que es el motor del capitalismo global. Otras fuentes son escasas: la ciudad se surte casi en su totalidad de agua superficial. Los acuíferos subterráneos son escasamente explotados. El proceso de desalinización de agua marina apenas está comenzando. El día cero, el fin del agua entubada, está programado para el 11 de mayo del 2018, aunque la fecha se mueve constantemente.

La primera señal del lugar que la narrativa de la escasez tiene en Ciudad del Cabo se encuentra en su aeropuerto. Mientras esperamos a pasar la frontera sudafricana, un cartel enorme nos pide disminuir nuestro consumo mientras estemos ahí. Los baños deben ser de menos de un minuto y medio; el sanitario sólo debe ser usado cuando sea estrictamente necesario. El consumidor debe tomar responsabilidad de la conservación del agua, reduciendo su uso a menos de 50 litros por día. Este mensaje se repite en la radio, la televisión, en la casa de huéspedes en la que me hospedo y en la Universidad de Ciudad del Cabo, donde estoy asistiendo a una conferencia sobre estudios urbanos.

El tema del inminente fin del agua es, por supuesto, discutido con amplitud en la conferencia, organizada por el Centro Africano para las Ciudades. Lejos de existir un acuerdo generalizado, las causas, consecuencias y soluciones son tema de debates, a menudo encarnizados. Mike Muller, quien fuera Director General del Departamento de Asuntos Hidráulicos y Forestales de Sudáfrica (1997-2005), así como Comisionado de Planeación Nacional (2010-2015), presentó una visión tecnocrática para la solución de los problemas de agua en África. El caso, argumentó, no es que África en general tenga escasez de agua. La cuestión es una de infraestructura. Al adoptar narrativas de desarrollo sostenible, las élites intelectuales de los países africanos están impidiendo la construcción de las presas, acueductos y reservas que requieren para asegurar un futuro hídrico.

La opinión, controversial, olvida algunas facetas de la desigualdad hídrica que ya existe hoy en Sudáfrica. Deja de lado también el rol del capital en la producción de infraestructuras y las consecuencias que este desarrollo puede tener para la desigualdad en el continente. Estas divergencias son planteadas en la misma mesa, donde la discusión sube de tono hasta que algunos asistentes abandonan la sala. La solución técnica, basada en la ingeniería, parece despertar tantas suspicacias como la posibilidad de evitar el fin del agua con meros controles al consumo. Abogar por la construcción de más infraestructura sin atender las desigualdades distributivas que ya existen hoy en el tema del agua puede ser una forma de apuntalar la inequidad y no de combatirla. Al mismo tiempo, al subordinar la producción de infraestructuras a los intereses financieros de conglomerados globales, en el caso de África, muchos de capital chino, puede crear una relación de dependencia neocolonial para los países de la región.

Camino por las calles de Ciudad del Cabo. El sol brilla con fuerza en el verano austral. El acto de caminar está profundamente racializado. Los transeúntes somos, en nuestra mayoría, morenos y negros. Mi cuerpo es identificado como coloured: sudafricanos de origen étnico/racial mixto. En la calle algunas personas me saludan en afrikáans; yo los miro con seguridad y me limito a sonreír de vuelta. En esas caminatas, que incluyen visitas a museos y parques de la ciudad, converso con muchos de sus habitantes. Aquí aparece otra cara del problema hídrico y de la desigualdad en Ciudad del Cabo.

Township de Masiphumelele, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Fuente: Brian Holsclaw, CC.

En los townships de Ciudad del Cabo, espacios construidos durante el apartheid para los trabajadores negros, coloured e indios, la escasez de agua no es una novedad. Ha sido parte normal de la vida de estas obreras y obreros, desplazados a las periferias urbanas como resultado de la institucionalización de la separación racial, fundamento de múltiples desigualdades económicas, políticas y culturales en la ciudad presente. Ahí, el día cero llegó hace tiempo.

El camino del aeropuerto hacia la zona central de Ciudad del Cabo es un ejemplo de esta desigualdad. Al lado izquierdo de la autopista, casas construidas de metal forman diversos asentamientos autoconstruidos con nombres que apuntan a las dimensiones simbólicas de la inequidad: Barcelona y Europa son dos ejemplos. Ambos son vecinos de los townships de Gugulethu y Nyanga. En Europa hay una toma de agua por cada 40 casas y un sanitario por cada 12; 53% de la población, joven en su mayoría, está desempleada. La electricidad se adquiere a través de un sistema de prepago (City of Cape Town; Western Cape Government; CORC; SA SDI Alliance 2016a). Sin dinero no hay servicios; la ciudadanía es un artículo de consumo (von Schnitzler 2008). En Barcelona la situación es similar: una toma de agua por cada 49 casas, un sanitario por cada 23, 31% de la población está conectada a la electricidad de forma ilegal y 53% de la población está desempleada (City of Cape Town; Western Cape Government; CORC; SA SDI Alliance 2016b). 

Al contrario, en las zonas mayoritariamente blancas, el problema es nuevo. En la casa donde me hospedo, en el suburbio de Rondebosch, lo primero que recibo es una disculpa por no poder usar la alberca de la casa. Normalmente estaría disponible, pero el agua se ha vuelto verde. En un bar sobre Bree Street, en el centro de Ciudad del Cabo, cuatro hombres discuten sobre las labores que sus esposas deben hacer para abastecerse agua. Por las mañanas, llaman al supermercado para asegurar su lugar en la fila para comprar garrafones de agua. Hay reportes de pipas llegando de otras regiones del país. El acceso al líquido refuerza las dinámicas desiguales de clase, raza y género que existen siempre en este tema.

Masiphumelele / Lake Michelle, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Foto cortesía de Johnny Miller / africanDRONE.

A lo largo del mundo, estas formas de desigualdad se replican. En barrios periféricos y marginados de otras ciudades globales, el día cero llegó hace mucho. Tal vez la forma de evitarlo sea a través de acciones políticas y materiales concretas, que busquen construir la igualdad en las formas en las cuales habitamos nuestras ciudades. Ello implicara una transformación radical de las prácticas de consumo de quienes se han beneficiado de estas exclusiones. Un futuro sustentable en materia hídrica necesariamente requerirá el fin de los lujos privados de las élites urbanas en función del bienestar de la mayoría y, muy probablemente, de su supervivencia. Que esta sea una de las múltiples lecciones que nos deje la crisis del agua en Ciudad del Cabo.

Ante la evidente desigualdad, cabe preguntarse si la solución al problema hídrico de Ciudad del Cabo es únicamente una de mayor abastecimiento. Tal vez la cuestión pase por el diseño de políticas de redistribución de recursos naturales, en este caso del agua. Este recurso, además, debe ser provisto como un derecho y no como una mercancía. Los sistemas de prepago, que existen no sólo para la electricidad, sino también para otros servicios, condicionan la ciudadanía y los derechos al ingreso. En un país con profundas desigualdades de clase y raza, entrelazadas, esto implica reproducir dinámicas coloniales de exclusión y opresión.

Para el caso de la Ciudad de México, esto puede ser un vistazo del futuro, así como un reflejo del presente. En la capital mexicana el día cero también es la normalidad para muchos de sus habitantes. Si el futuro depara cambios en el clima, las condiciones de escasez y exceso, carencias e inundaciones, pueden volverse mucho más severas. La infraestructura hídrica de la ciudad podría también fallar como resultado de presupuestos decrecientes, sismos, densificación urbana y otros procesos que son, a la vez, sociales y naturales. Estas posibilidades futuras, también como tendencias presentes, indican que la solución a la escasez y la desigualdad en el tema del agua requiere medidas técnicas que sean, a la par, políticas. Aquí también un futuro de equidad, justicia y sustentabilidad es uno donde las políticas de redistribución incluyen a los recursos naturales, que forman el sustento y la posibilidad misma de la vida en la ciudad. La cuestión no es sólo evitar posibles días cero, sino garantizar que ese futuro distópico deje de ser la realidad de millones de personas hoy.

Alejandro De Coss es maestro en Sociología por la London School of Economics, donde actualmente cursa un doctorado en la misma disciplina.


Referencias

City of Cape Town; Western Cape Government; CORC; SA SDI Alliance. 2016b. "Barcelona Informal Settlement Pocket." Enumeration Report, Cape Town.

City of Cape Town; Western Cape Government; CORC; SA SDI Alliance. 2016a. "Europe Informal Settlement Pocket." Enumeration Report, Cape Town.

von Schnitzler, Antina. 2008. "Citizenship Prepaid: Water, Calculability, and Techno-Politics in South Africa." Journal of Southern African Studies 899-917.