Ya comienzan las lluvias y ya comienzan las inundaciones. Encharcamientos, pequeñas anegaciones, o grandes inundaciones aparecen como hongos en la ciudad. Es imposible predecir el lugar, el número y el tamaño de la inundación, pues dependen de la región en la que la tormenta precipitó su fuerza. La gran mayoría de las noticias sobre estas inundaciones se enfocan en las calles donde el tránsito se ve afectado. Estas inundaciones no sorprenden, ya que las lluvias retornan el flujo a los ríos que fueron convertidos en calles para el flujo vehicular.

Ilustración: Kathia Recio

Tradicionalmente, los efectos de las tormentas han buscado ser atenuados con infraestructura. El gobierno tiene mucha confianza en el Túnel Emisor Oriente, que, según los discursos, solucionará el problema de las inundaciones en el Valle de México. Lo cierto es que esta megaobra ha casi triplicado su costo, no ha podido ser terminada y, debido al hundimiento de la ciudad, ya está por arriba de la zona que tiene que desaguar. Además, expertos de CONAGUA y SACMEX han dicho que “no hay infraestructura que aguante una tormenta de 36 mm en hora y media”. Así, la infraestructura nunca va a ser suficiente, y son necesarias nuevas estrategias para reducir la vulnerabilidad de la ciudad frente a las intensas tormentas que aumentarán según los modelos de predicción del cambio climático.

Otra estrategia ha sido solicitar a la ciudadanía que no tire la basura en la calle. Estas campañas surgen de la lógica de que la basura tapa las coladeras, evita el desagüe y causa inundaciones. Aún cuando es necesario que la gente no tire basura en la calle, esta relación basura-inundaciones cuenta con problemas que hay que analizar. En primer lugar, el gobierno está trasladando su responsabilidad de evitar inundaciones a la ciudadanía, ahora ella es la culpable de inundarse por tirar basura. En segundo lugar, la lógica de que la basura es la razón más importante deja de lado a la topografía, el uso de suelo, el cambio climático, o la infraestructura, que también influyen las inundaciones. Así que es necesario comprender cuál es el peso específico de la basura de las calles en las inundaciones. Si se tiene mal el diagnóstico se dará un remedio equivocado… y seguiremos inundándonos.

Con esto en mente en el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM decidimos poner a prueba la siguiente hipótesis: ¿la basura bloqueando las coladeras es un factor importante en las inundaciones? Para responder esta pregunta hicimos un análisis geográfico con bases de datos públicos de la Ciudad de México: cantidad de basura por delegación, número y lugar de inundaciones, velocidad de hundimiento en cada región entre otros datos (aquí la liga para ver los detalles de la investigación completa).

Los resultados encontrados en estas relaciones fueron bastante reveladores, comenzando por comprender que el patrón de inundaciones no está al azar, sino que hay patrones relacionados con la geografía. Los patrones son más claros cuando se separan las pequeñas anegaciones (menores a 200 m3 de agua y que son la mayoría) de las grandes inundaciones de más de 200 m3 de agua. La basura sí forma parte de las variables que afectan las pequeñas anegaciones, pero no son las únicas, la topografía también afecta y mucho. La basura no está relacionada con las grandes inundaciones. Este tipo de inundaciones son las que importan en las políticas públicas porque afectan la vida y el patrimonio de las personas. En todas las ciudades, las inundaciones de gran calado son las que afectan el desarrollo económico y el patrimonio de los citadinos.  Las inundaciones más grandes están relacionadas con la altura del terreno de la ciudad. Aquí entra otro resultado del estudio: entre más baja sea la altura del valle el suelo se hunde más. Esto quiere decir que las partes bajas son cada día más bajas con respecto a las partes altas, por lo tanto, estás áreas son más vulnerables a las grandes inundaciones conforme pasa el tiempo.

Predicción de inundaciones pequeñas y puntos de encharcamientos e inundaciones recientes en la Ciudad de México

Fuente: redibujados por Tania Fernández.

Existe una región que está en zonas relativamente altas del valle que es susceptible de inundarse: la zona del Pedregal, al sur de la ciudad. Esto se puede explicar que el derrame del volcán Xitle generó una pequeña olla que recibe toda la lluvia que corre del Ajusco. Cuando el pedregal no estaba urbanizado, toda el agua se infiltraba por las rocas del pedregal poroso hacia el acuífero somero. Sin embargo, ahora que el pedregal esta mayoritariamente urbanizado, el agua se detiene en el concreto impermeable, inundando la región. Por lo tanto, aquí además de la topografía los patrones de urbanización juegan un papel importante. Para probar esto se cuenta con las pequeñas porciones del pedregal que no se han urbanizado como la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, que con sus 237 hectáreas dentro de Ciudad Universitaria cumple una doble función en términos hídricos: por un lado, evita que se generen más inundaciones en el Pedregal de Santo Domingo y en Jardines del Pedregal, por otro, nutre de agua al acuífero somero útil para abastecer un grupo de personas al sur de la ciudad.

Otra región que está cumpliendo esa función es el predio Los Encinos, un terreno de 70 hectáreas que se encuentra justo debajo de Six Flags. Además de su valor histórico y geológico (cuenta con unos tubos lávicos de gran tamaño) este lugar posiblemente está evitando la inundación de gran parte de los terrenos que se encuentran en la zona norte del pedregal, al infiltrar toda el agua que del Ajusco que viene en torrentes por la calle de Picacho. Es por ello fundamental que la ciudad proteja este lugar antes de que sea urbanizado. Los peligros están latentes, ya hace tiempo se intentó construir la “Biometrópolis”. Aún cuando estaba diseñado por arquitectos de renombre como Norman Foster, el proyecto evitaba la infiltración, pues debajo de las zonas verdes había una barrera para el agua en forma de estacionamiento.

Predicción de inundaciones grandes y puntos de encharcamientos e inundaciones recientes en la Ciudad de México

Fuente: redibujados por Tania Fernández.

Contar con conciencia ciudadana que no se tire basura en la calle vale una campaña. Pero esto no exime a las autoridades de su responsabilidad sobre las inundaciones en la ciudad. Por lo tanto, se necesitan estrategias alternativas, como puede ser el manejo del territorio. En este sentido, los planes deben evitar construir en las zonas bajas y promover la restauración de zonas naturales como los ríos y humedales que retrasan las inundaciones.

A nivel mundial grandes urbes han mostrado que se puede recuperar naturaleza de zonas que han sido urbanizadas. No es cierto el axioma de que un sitio urbanizado es un sitio perdido para la naturaleza, ahí están los ríos de Seúl y de Los Ángeles para probarlo. Por lo anterior, es momento de preguntarnos si preferimos un Viaducto y un Deprimido o queremos un Río la Piedad y un Río Churubusco que reducirán la probabilidad de inundaciones en el Valle de México.

Las ciudades resilientes son aquellas que involucran la dinámica del ecosistema para reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático. En lugar de culpar a la ciudadanía por la basura, debemos generar planes territoriales y de restauración que aseguren que tendremos ciudad en un futuro. Ese sí es un remedio verdaderamente útil para atacar el problema de la vulnerabilidad hídrica del Valle de México.

 

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología, UNAM.