En 1976 un hombre del gobierno capitalino tuvo la “ocurrencia” de acabar con la plaga del lirio (llamado también huachinango) en Xochimilco introduciendo en sus canales cuatro manatíes importados del Río Grijalva (cerca de donde ahora han muerto más de treinta). No es una leyenda urbana, es historia real. Lo siguiente que pasó se pierde en la niebla de los cuentos que tiene la Ciudad de México. Puede ser que los mataran para hacerlos carnitas, que se murieran de frío, que sufrieran de infecciones por las aguas contaminadas, que los pobladores se asustaran al no saber qué eran y los palearon, entre otras teorías. El final de todas estas historias no cambia: los manatíes murieron poco después de entrar a las aguas someras en los canales del lugar donde se producen flores sobre islas flotantes al sur de la Ciudad de México. Por cierto, más de 40 años después, continúa el problema del lirio.

No es la primera “ocurrencia” en el país y es un buen ejemplo para demostrar que su lógica es devastadoramente simple. En el caso del manatí es la siguiente: Xochimilco tiene un problema de lirios exóticos que vinieron del Amazonas traídos por la esposa de Porfirio Díaz. Los manatíes comen plantas acuáticas. El lirio es una planta acuática. Soltemos manatíes en los canales para que se coman los lirios. Así, ganan los manatíes, pues tienen mucha comida, y ganan los canales al controlarse el lirio. En sí, las “ocurrencias” como esta se basan en la forma en la que resolvemos parte de nuestros problemas en nuestra relación la naturaleza, a partir de lógicas cartesianas.

Sin embargo, contra las lógicas simples está la naturaleza llena de sistemas complejos que generan respuestas inesperadas. Entre otras cosas, efectos que surgen de características del lugar que no se consideran de inicio. Por ejemplo, la temperatura a la que pueden vivir los manatíes, la cantidad de alimento que necesitan estos animales para sobrevivir, la cultura de la gente que conviviría con ellos, incluso una muy importante, la biología del manatí: aún cuando los manatíes comen plantas acuáticas, quizá los lirios no formen parte de su posible dieta. Esto considerando que los lirios son plantas mucho más duras (con más celulosa) que el resto de las plantas acuáticas.

En las ciudades cada día hay más “ocurrencias”, pues la velocidad de crecimiento necesita de proyectos para resolver problemas rápido, lo cual evita que se hagan los estudios a profundidad. Por ejemplo, la actual promoción de altos edificios de departamentos que ahora se autoconsideran como una nueva forma de modernidad de la ciudad, es una “ocurrencia” que surge a partir de la necesidad de densificar las ciudades. La lógica simple se basa en que la mejor forma de densificar es haciendo edificios altos para que más personas vivan por metro cuadrado de terreno. No obstante, es en realidad una apropiación del área para aumentar el rendimiento por el terreno comprado que genera muchos problemas asociados. Esta acción es poco evaluada que benéfica a unos cuantos y afecta a la mayoría.

Otro ejemplo es el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Otra vez, la lógica es muy sencilla: los vuelos en el actual aeropuerto se retrasan mucho y se debe a falta de pistas y puertos, se necesitan más pistas y, por lo tanto, más espacio. Cerca de ahí hay un lago que se puede secar y así tener el espacio necesario; también se pueden comprar los terrenos adyacentes a bajo precio y se puede hacer un gran negocio especulando tierra. Conclusión: el NAICM promoverá el desarrollo nacional, ya que resolverá todos los problemas aéreos del país, y a la vez, algunos constructores, especuladores y políticos podrán hacer un gran negocio. De nuevo, la “ocurrencia” no considera problemas que van desde la conectividad de los vuelos hasta el efecto negativo de quitarle un lago de regulación a una ciudad que se inunda, pasando por el hundimiento de la zona, el efecto negativo de las aves, o de las personas que viven alrededor.

Ilustración: Patricio Betteo

En este caso, lo complejo de las interacciones y la cantidad de intereses desatados (económicos, políticos y sociales) generan discusiones sesgadas que hacen poco posible un razonamiento objetivo y que necesita considerar todas las variables a corto mediano y largo plazo. A pesar de ello, el futuro gobierno piensa poner a consulta la pertinencia de construirlo a una sociedad que está muy segmentada. Por un lado, a la mayoría de los mexicanos no le afecta donde se haga el aeropuerto, pues no lo utilizan, o no viven en el valle de México; por otro lado, a los que sí les afecta de manera directa es porque o lo utilizan, o perderán patrimonio por la construcción. Hay, sin embargo, un tercer grupo que será afectado de manera indirecta, debido a que la construcción aumenta su vulnerabilidad frente a eventos como lluvias extremas o grandes sequías. En otras palabras, hay un grupo de más de 10 millones de mexicanos que es más vulnerable a inundarse o quedarse sin agua a causa entre otras cosas, de la construcción del NAICM. Como la interacción es indirecta e incierta, pues es un fenómeno intangible, este grupo ni siquiera se sabe afectado. Aunque entendiera el concepto de vulnerabilidad, no resentiría los efectos de la construcción hasta que la vulnerabilidad se convierta en tragedia.

El hecho de que parte de los argumentos sea intangible genera problemas al momento de la decisión. Un proyecto que no ha comenzado sólo tiene argumentos intangibles: el costo de oportunidad, los beneficios ha obtener, el recurso invertido, y los cambios en la vulnerabilidad. En el caso del NAICM los recursos invertidos son tangibles, pero la vulnerabilidad no lo es, por lo tanto, la fuerza de los argumentos está desbalanceada a favor de los recursos invertidos contra algo que puede o no pasar a nivel personal y que seguro sucederá a nivel social. Es por lo que cualquiera que fuera la decisión que se haga para el aeropuerto se tiene que pagar un alto costo político. En consecuencia, la decisión del nuevo NAICM la tienen que tomar los políticos basados en la información disponible y no se puede trasladar los costos políticos a la sociedad, lavándose las manos de los problemas que cualquiera de las decisiones vaya a generar.

Consultar a la población sobre proyectos que le pueden afectar en el futuro puede ser una gran idea, aunque cuando se hace de manera sesgada no es un artefacto para fortalecer la democracia, sino que sólo no sirve para justificar una decisión tomada.  Esto es muy parecido a los proyectos “amigables ambientalmente”. Como las consultas, en principio son muy buena idea, mas cuando se usan sólo para justificar una construcción es mejor que no se hubieran hecho. Por ello se les denomina greenwashing.

Como el aeropuerto existen otras “ocurrencias” que, además, se consideran ecológicas y que se han implementado en zonas urbanas de todo el país. Por ejemplo, los segundos pisos (también sometido a una “consulta popular” en el 2002 por el entonces jefe de gobierno AMLO) y supervías, para mejorar el tránsito han generado el efecto contrario; los muros en las columnas del segundo piso para “embellecer” con plantas y publicidad de un bajopuente obscuro, que privatizó el espacio público; los parques de bolsillo que buscan compensar la destrucción de bosques y parques urbanos, que ni de lejos sustituyen todos los servicios ambientales que las áreas verdes proveen a la ciudad;  el Túnel Emisor Oriente que busca evitar inundaciones pero que a la vez nos está dejando sin agua y generando subsidencias en el valle, que nos hacen más vulnerables a las inundaciones. La lista podría seguir de acciones gubernamentales que tienen una lógica simplista para atacar un problema mucho más complejo. Incluso podría aumentar con acciones que en otros países bien pensados han probado ser buenas, pero que aplicarlas de manera directa, sin adaptarlas y evaluarlas, puede ser contraproducente.

Todas las decisiones tienen costos, aún cuando estén bien pensadas. Estas “ocurrencias” se caracterizan por tener un pensamiento lineal para resolver un problema que la misma acción lo empeora, y también siempre benefician a un pequeño grupo y la sociedad termina pagando la mala decisión. Estas “ocurrencias” por lo general son muy vistosas y en los peores de los casos son imitadas en otras ciudades (como los segundos pisos).

En conclusión, para el próximo gobierno capitalino (y otras ciudades) sería muy importante que se evitara caer en la tentación de las “ocurrencias” que mucho daño le ha hecho a la ciudad. Para evitar escuchar el canto de las sirenas el gobierno electo debe de considerar que las interacciones socioambientales no tienen un proceso lineal, para solucionarlas y por lo tanto es necesario evitar una solución lineal. Por ejemplo, no se resuelve el problema de movilidad con supervías, deprimidos o segundos pisos. También debe de considerar que los problemas complejos se resuelven en el largo plazo. La discusión de una tercera pista en el aeropuerto de Heathrow en Londres comenzó en el 2006 y 12 años después todavía sigue habiendo debate, mientras que la discusión de que hacer con lo que ahora es el Highline en Nueva York comenzó en 1983 y la primera sección se inauguró hasta el 2009 después de décadas de discusión y litigio (contrario a la “ocurrencia” del #CCChapultepec —una mala copia del Highline— que se quería implementar en menos de un trienio). Finalmente, muchas veces para resolver los problemas urbanos se tienen también que resolver a la vez muchas otras variables y problemas sociales asociados. Los problemas urbano-ambientales son complejos y sus soluciones lo deben de ser también.

 

Luis Zambrano
Investigador del Instituto de Biología, UNAM.