Las medidas contra la gentrificación en París

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En un libro publicado en el 2008, Sociologie de Paris,[1] el matrimonio de sociólogos franceses Monique y Michel Pinçon-Charlot analiza la estructura social de la capital de este país europeo. Un análisis que lleva a demostrar las grandes diferencias sociales que se viven en París y que se traducen a través de otros elementos, como la infraestructura.

Históricamente, el oeste de París ha sido el lugar predilecto para el establecimiento de las clases socioeconómicas más altas, mientras que el norte y este, habían sido el lugar en donde las personas con niveles socioeconómicos más bajos se establecían. Las diferentes clases socioeconómicas rara vez coincidían en espacios públicos, ya que cada una tenía sus diferentes zonas de consumo o diversión. Con la aparición del concepto de mixité sociale (algo así como “mezcla social”) en los años sesenta, que pugnaba por un mayor encuentro social entre diferentes grupos socioeconómicos y culturales, el urbanismo también comenzó a cuestionar esta segregación espacial que había en París. Mucha de esta segregación influía en la calidad servicios públicos: buenos en las zonas con mayores ingresos y malos en las zonas con menores.

Uno de los medios que encontraron los planificadores para combatir esta segregación fue la instalación de viviendas de interés social en zonas con niveles económicos altos. Con ello, pensaban, los habitantes de las viviendas de interés social podrían beneficiarse de la calidad de los servicios públicos de esas zonas, principalmente educación y espacios públicos. La convivencia con los niveles socioeconómicos más altos, decían, podría influir en las aspiraciones de esas personas, que de quedarse en los “ghettos” de pobreza; muchas veces sólo tienen ejemplos como la delincuencia o problemas de sustancias adictivas. Del otro lado, para las clases socioeconómicas más altas, la convivencia con estas nuevas poblaciones los ayudaría a romper prejuicios y barreras sociales, creando una mayor convivencia en el lugar.

Lo interesante de todo esto es que los Pinçon-Charlot analizan en su libro qué tan cierto es que la cercanía espacial (misma zona de residencia) puede llegar a influir en la cercanía social (convivencia) en esos lugares. Y los resultados a los que llegan tocan la siguiente premisa: que diferentes clases socioeconómicas y culturales vivan en el mismo lugar, no logra que esas diferencias se borren. Al contrario, muchas veces las hace más visibles y, por lo tanto, menos soportables. Por ejemplo, imaginemos que un obrero con el salario mínimo llega a vivir a una vivienda de interés social, en el oeste parisino, en donde se ubican muchas de las familias más ricas de Francia. Si bien es cierto que el obrero sabe que existen personas con mayores ingresos que él, esa diferencia socioeconómica (que muchas veces es abismal) se hace visible al momento de cambiar de residencia. ¿Por qué? Porque las personas que lo rodean no tienen los mismos comportamientos de consumo y diversión que él. Quizás él rara vez puede pagarse uno de esos restaurantes que ve día a día en su camino a la parada del transporte público, cuando para sus vecinos es algo habitual. O se da cuenta que las opciones cercanas a su domicilio para hacer sus compras de víveres son sucursales “de alto nivel” de las cadenas alimenticia. Es decir, con precios más altos. O por ejemplo, que sus hijos, inscritos en las mismas escuelas que sus vecinos, gozan de la misma educación que el resto, pero no del mismo capital humano (cultura, experiencias personales, habilidades, etc.) que les permita establecer relaciones sociales en ese entorno. Resultado: muchas veces el rechazo social o el ahora tan famoso bullying, que refuerza esas diferencias económicas existentes.

¿A qué viene todo esto? Hace unos meses, en otro post, ya habíamos hablado del proceso de gentrificación que se vive en París, y de cómo esto había impactado en los costos de vida de la ciudad y en la expulsión de las poblaciones con menores niveles económicos en la periferia. Una gentrificación en dónde una de las principales variables de este encarecimiento es en el sector inmobiliario, a tal grado que hoy en día París es una de las ciudades más caras para vivir. Incluso hay quien afirma que París se está convirtiendo en una especie de “gueto para ricos”.

Dinámicas espaciales de la gentrificación en París desde la década de 1960.

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Con la finalidad de contrarrestar estas tendencias, la Alcaldía de París anunció un plan para luchar contra la gentrificación. Este plan consiste en el aumento de vivienda de interés social en zonas céntrica, con una gran oferta de consumo y cultura. Dentro de las zonas elegidas, se han señalado más de 8,000 viviendas que la alcaldía está interesada en adquirir. Estas zonas se han elegido tomando en cuenta tres criterios principales: tipo de edificio, oferta de vivienda social en la zona y el déficit de la demanda de vivienda social en el lugar. El precio de compra es fijado por la alcaldía y, en caso de desacuerdo, el propietario puede pedir un avalúo a un tercero. Sin embargo, el propietario tiene prohibido vender sus propiedades sin antes haberlas ofrecido a la Alcaldía de París. Las zonas de intervención se encuentran en lugares que actualmente sufren una reconversión social y económica, principalmente en el norte y este de París (antiguos barrios obreros en proceso de gentrificación).

Sin embargo, luchar contra la gentrificación sin tomar medidas para reducir las diferencias abismales de ingresos, puede traer resultados catastróficos y una mayor fractura social. Tener una minoría de vivienda de interés social en una zona con gran revalorización inmobiliaria no va a detener el proceso de gentrificación. Sólo terminará por crear otro tipo de barreras entre esas diferentes poblaciones, como en el caso del estudio de los Pinçon – Charlot.

Hay quien dice que la gentrificación es buena porque renueva zonas descuidadas o abandonadas. Pero, como lo señala este artículo en AlJazeera, la gentrificación no se centra en mejorar la calidad de vida de las personas, sino en mejorar la estética de los lugares. Por eso hay tanta predilección por la renovación de viviendas anteriormente habitadas por las poblaciones de menores ingresos, pero no por luchar en mantener a esas poblaciones ahí. La gente suele decir que los lugares gentrificados han sido liberados de los índices de pobreza y marginación que tenían. La realidad es que todos esos problemas sólo han cambiado de lugar, y siguen existiendo, sólo que ahora los han mandado más lejos, a un lugar en donde los nuevos residentes no puedan verlos.

En el Distrito Federal, la gentrificación de algunas zonas ha sido promovida por la ambigüedad de las leyes que rigen el desarrollo urbano, así como su laxitud al momento de aplicación. La famosa Norma 26, que en teoría fue creada para fomentar la construcción de viviendas de interés social, fue aprovechada por el sector inmobiliario para construir viviendas dirigidas a la clase media y alta ¿El castigo? Una multa que poco se compara con las jugosas ganancias que obtuvieron. No hay suspensión de las empresas responsables o un interés del gobierno por un mayor control legal de los usos de suelo de la ciudad. Un desinterés que impacta en otros aspectos como el desarrollo económico, social y de transporte. De igual manera, no hay un programa que ligue las iniciativas de desarrollo social con las de desarrollo urbano, privilegiando los usos de suelo que beneficien a las poblaciones con menor nivel de ingresos.

Por ello, mientras la mayoría de la oferta de vivienda se encuentre desregulada en términos de precios, las acciones para contrarrestar la gentrificación seguirán siendo mínimas comparadas con la demanda de vivienda de interés social. Y mientras que esas medidas no incluyan una mejora en el nivel socioeconómico de las personas, nada de lo que se haga va a contrarrestar el proceso.

La gentrificación es el resultado espacial de problemas sociales. Y, como con los virus, combatir los síntomas sin intervenir las causas, no sólo va a lograr que sea imposible contrarrestarla. También se extenderá cada día más.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.


[1] Pinçon-Charlot, Monique et Michel. (2008). Sociologie de Paris. Paris: La Découverte.


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