Una de las comodidades más grandes que nuestra civilización ha traído es la disponibilidad del agua en nuestros hogares. Esto es reciente, pues en el siglo XVIII nuestros antepasados todavía tenían que caminar a ríos, usar acueductos o tener pozos, cargando primitivas cubetas para abastecerse de agua en sus necesidades diarias. Ahora con solo con abrir el grifo podemos tener agua para beber, cocinar y bañarnos. La infraestructura para proveer de agua se fue construyendo desde entonces, pero en México tuvo un punto de quiebre en los setentas cuando se decidió que el acuífero —de donde nos surtíamos de agua— no podía sostener a la cantidad e habitantes y por eso teníamos que importar agua de varios lugares, el más importante el Sistema Cutzamala.

Como sabemos, este recorte se debe a las necesidades de mantenimiento que son necesarias en sistemas viejos. El futuro para los habitantes del Valle de México no es alentador, los recortes serán más frecuentes e intensos, porque la edad de la infraestructura no ayuda y cada día más personas dependen de la provisión del Sistema Cutzamala. Este futuro nos depara un regreso de 200 años en la civilización de la vida cotidiana, rodeados de cubetas en nuestras salas y persiguiendo pipas en las calles.

Ilustración: Kathia Recio

La red de provisión en toda la ciudad también sufre de una avanzada edad, tiene fugas en los tubos deteriorados por la edad y debido al movimiento constante del subsuelo, que se está hundiendo por la sobre extracción del agua en el valle. Son estas las razones que esgrime el personal de SACMEX para solicitar al menos 270 MDP que permitan mantener y restaurar la red. Casi siempre la súplica cae en oídos sordos.

La Ciudad de México no es la única en esa situación. Sin contar con una ciudad famosa, el estado norteamericano de Nueva Jersey es el más denso del país vecino. Hace 50 años se generó la infraestructura de provisión de agua para todo el estado y ahora tiene que reemplazarla. Están evaluando elevar el costo del servicio que proveen más de 30 compañías privadas a lo largo del Estado y utilizar los recursos en la renovación de la infraestructura. El aumento tiene un limite, pues no puede representar más del 2% de la ganancia mensual de sus habitantes.

Si en este momento el lector está pensando que voy a sugerir utilizar lo propuesto en Nueva Jersey para resolver el problema de la Ciudad de México está equivocado. El ejemplo sirve para hablar de las diferencias fundamentales que existen entre estos dos sistemas que tienen un problema similar: la red de provisión de agua está muy deteriorada. La primera diferencia entre ambos lugares es el manejo de agua. La distribución en Nueva Jersey siempre ha sido privada y ha estado fuertemente regulada por el gobierno. En la Ciudad de México la provisión es del gobierno federal y local. Ha habido varios intentos de privatizar el servicio que han generado grandes discusiones (por ejemplo la llamada Ley Korenfeld y algunos intentos en la Ley de Sustentabilidad Hídrica) y es muy posible que esta situación no cambie pronto. Hay muchas razones para no promover la privatización, sólo una de ellas es la debilidad de las instituciones gubernamentales, imaginemos al gobierno doblado frente a los intereses de las poderosas compañías, que en esas circunstancias darían un servicio caro y malo, tanto en calidad como en cantidad. Ya hemos visto la impasividad, e incluso, defensa del gobierno a empresas como Quiero Casa que, en estos momentos de crisis hídrica, ha vertido agua potable al drenaje durante años para poder construir sus edificios. Otro ejemplo es la movilidad privatizada tanto en las vías de cuota como en el transporte público.

La segunda diferencia, y quizá más importante, es que Nueva Jersey tiene suficiente agua para abastecer a sus habitantes, por lo que su única preocupación es generar la infraestructura para potabilizarla y transportarla a las casas. El gran error en el manejo de la Ciudad de México ha sido copiar esta lógica y pensar que sólo hace falta infraestructura. No obstante, el problema comienza desde que no tenemos suficiente agua para abastecer a los habitantes del Valle de México. Se necesitan otras estrategias con lógicas diferentes para solucionar este problema. Es apremiante comenzar a buscar nuevas soluciones, pues el acuífero se está agotando, la demanda por el agua en el Cutzamala es mayor y, tristemente, las repercusiones que tendrá el cambio climático en el abastecimiento de agua en la ciudad de México están pasando de noche.

En concreto, aún cuando se refiere a un problema de infraestructura, los cortes de agua que se realizan en la ciudad de México son el preámbulo de una potencial crisis de abastecimiento de agua para 20 millones de habitantes. Si no cambiamos la estrategia de imitar soluciones que tienen problemas similares y dinámicas diferentes, la crisis de agua que sucedió en Ciudad del Cabo en Sudáfrica será un juego de niños comparado con lo que vamos a experimentar.

Las crisis de agua generan problemas sociales, que aumentan la desigualdad. Por ejemplo, cuando se hizo el racionamiento de agua en Ciudad del Cabo, la gente con más poder adquisitivo tuvo la capacidad de traer pipas de fuera del valle para llenar sus cisternas mientras que la gente con pocos recursos se las tuvo que arreglar con los 50 litros al día. Las recurrentes crisis de falta de agua que ha azotado a la ciudad de Sao Paulo han generado que casas particulares con recursos construyan pozos clandestinos de donde extraen el agua de un ya muy sobreexplotado acuífero. Al perderse control de las cantidades extraídas, la vulnerabilidad de las personas por falta de recurso aumenta. No hay que irse tan lejos, la falta de agua en Xochimilco después del sismo el 19 de septiembre generada, entre otras cosas, por la fractura de las líneas de abastecimiento que no se podían reparar (por que ahí llega el agua por “tandeo” y hacía muy difícil la localización de las zonas de fuga) promovió violencia entre las comunidades por apropiarse de las pipas que llegaban para abastecer de agua la región.

Es este último ejemplo, el de Xochimilco, el que puede comenzar a arrojar la luz sobre una de las muchas formas de solucionar el problema de abastecimiento de agua al cual nos estamos enfrentando. Algunas de las personas que no tuvieron falta de agua en los momentos críticos posteriores al sismo fueron aquellas que estaban en un de abastecimiento de agua a partir de la captura de lluvia. El agua de lluvia no es potable, pero puede serlo, tratándola con filtros especiales que requieren de mantenimiento. Así está planteado el sistema de captura de agua por lluvia que ha sido implementado en varias zonas rurales de la ciudad entre ellas Xochimilco.

Solucionar el abastecimiento de agua a partir de que las personas capten parte de su consumo (pues es muy difícil que se pueda ser autosuficiente en el Valle de México) tiene muchas aristas en el cambio de manejo social y político del recurso. En primer lugar, esta propuesta está limitada por el espacio, y las personas que viven en unidades habitacionales tienen muy pocas posibilidades de captar agua comparadas con aquellas que tienen casas, lo que genera desigualdad.

En segundo lugar, el abastecimiento deja de ser centralizado por el gobierno y esto tiene ventajas y desventajas. Como ventaja, el gobierno pierde parte del control sobre el agua que le permite ofrecer favores a conveniencia. La administración del agua de la Ciudad de México se ha caracterizado por asegurar el recurso para las clases medias y altas, mientras que las zonas de clases bajas sufren por la discontinuidad y mala calidad del agua. Por lo mismo, los grupos políticos que manejan el agua pierden poder clientelar. Aunque tiene la desventaja de que no existe ningún control en el mantenimiento de los filtros y eso puede generar un problema de salud, pues la responsabilidad del mantenimiento está a cargo de lo usuarios. A diferencia del alimento donde en la mayoría de los casos es evidente cuando algo puede hacernos daño, en el agua puede haber contaminantes (como mentales pesados) que no se notan, por lo que no hay un indicador o un incentivo para que se mantengan los filtros en buenas condiciones. 

En conclusión, podemos seguir pensando con las estrategias tradicionales que nos ha llevado a un círculo insustentable. En estos casos es necesario conseguir grandes cantidades de recursos para mejorar las tuberías existentes y traer agua de otras cuencas. Asumiendo que es insustentable, esta estrategia, al menos, tendría que estar acompañada de tres premisas: 1) que la distribución sea equitativa para todos, 2) que sea constante, sin cortes y 3) que la calidad sea tan alta que podamos beber de la llave. Estas premisas se cumplen en las ciudades que tienen esa estrategia.

La otra estrategia sugiere que es necesario buscar nuevas formas de abastecimiento para ciudades como la Ciudad de México que necesitan de cantidades mayores de agua a las que pueden proveer con su actual funcionamiento. No existe una “bala de plata” para resolver el problema, lo que requiere de varias acciones independientes y coordinadas para ir reduciendo el déficit del agua. Una acción sería la captación de agua de manera individual, otra es la utilización de lugares públicos específicos para capturar agua de manera comunitaria y la tercera sería un reordenamiento de la ciudad en la cual se privilegiará la restauración de los cuerpos acuáticos (ríos, lagos y humedales) que permitan modificar el pésimo ciclo hídrico que tenemos actualmente. Todo esto sin descuidar la infraestructura. Pulverizar la solución en varias estrategias y actores obliga a mover la responsabilidad del abastecimiento y calidad del agua de ser exclusiva del gobierno a compartirla con la ciudadanía.

 

Luis Zambrano
Investigador del Instituto de Biología, UNAM.