El oriente de la Ciudad de México, uno de los olvidados

En 1950, la película de Los Olvidados de Luis Buñuel se estrenó en México. Su exhibición en cartelera duraría muy poco tiempo dadas las múltiples peticiones públicas que exigían su retiro, y que acusaban al cineasta de mostrar una imagen negativamente exagerada del país. La cinta, que relata la historia de un grupo de jóvenes que habitan en un barrio marginado de la Ciudad de México, contrasta con la imagen positiva del país que es difundida en esa época. Recordemos que México se encuentra en pleno período del “milagro mexicano”, con altos crecimientos del PIB y un desarrollo del sector industrial sin precedentes.

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Municipio de Nézahualcóyotl a finales de 1960. Fuente: “Nezahualcóyotl, construcción de una gran ciudad “ (2012) Ed. Cultura Neza.

La concentración de una parte del sector industrial en la Ciudad de México convirtió a la capital en un polo de migración, especialmente para las zonas marginadas del país, que veían en ella una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida. La migración masiva hacia la Ciudad de México superó a la oferta de alojamiento existente, que se reducía aún más dados los niveles de ingresos de los recién llegados. En estas circunstancias, lo que ahora es el oriente de la ciudad se convirtió en una opción para que ellos se instalaran.

Las condiciones naturales del oriente habían preservado la zona de los procesos de expansión urbana. Lo terrenos antiguamente ocupados por el Lago de Texcoco, eran zonas con riesgos de inundación; otros se encontraban en montañas y colinas con un tal grado de inclinación que había impedido siquiera pensar en habitar en ellas. Por ello, toda esa zona era poco atractiva en términos inmobiliarios y se encontraba en gran parte abandonada. Ni siquiera tenía valor para el cultivo, ya que el Lago de Texcoco era salado, y su desecación había dejado una capa de sal en la tierra que impedía su uso para fines agrícolas.

Cuando el proceso de migración masiva hacia la Ciudad de México comienza, los terrenos del oriente comienzan a ser ocupados. Algunos a través de invasiones ilegales, y otros a través de la compra de lotes, muchos de los cuales resultaron fraudulentos. Quizá el caso más conocido es el del ahora municipio de Nezahualcóyotl (que en su momento pertenecía a Chimalhuacán), en donde hubo lotes que se vendieron varias veces a distintos compradores, otros que se encontraban en zonas con peligro de inundación o que carecían de los servicios que anunciaban en la publicidad. El documental Q.R.R. de G. Alatriste, retrata la situación de Nezahualcóyotl en esa época, y las indignas condiciones de vida de los habitantes del lugar. Habrían de pasar varios años antes de que los habitantes de esas zonas tuvieran acceso a servicios públicos como el drenaje, el agua, la recolección de basura o líneas de transporte público. Y si esos servicios llegaron, no fue porque el gobierno los recordara, sino porque ellos iban constantemente a sus oficinas para recordarles que existían.

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Municipio de Nézahualcóyotl a finales de 1960. Fuente: “Nezahualcóyotl, construcción de una gran ciudad “ (2012) Ed. Cultura Neza.

Por ello, el retrato de Luis Buñuel de las condiciones de vida de Los Olvidados resulta todo menos exagerado. No es de sorprender que ciertos sectores sociales se impactaran al ver reflejada una realidad que muchos de ellos desconocían o se negaban a aceptar. Sobre todo en un período en el que se buscaba mostrar la imagen de México como un país moderno y con un crecimiento económico envidiable.

El discurso y las acciones que se han llevado a cabo en la Ciudad de México en los últimos años, en el tema de la movilidad y las “recuperaciones” de los espacios públicos (especialmente en el Distrito Federal), se parecen mucho a esos discursos de los años 50 que querían mostrar a un México a la vanguardia, ocultando la otra cara de ese desarrollo, como era el caso de los cinturones de pobreza.

La reciente revalorización del transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie ha sido presentada como un punto fundamental para la lucha contra las desigualdades urbanas, dado que son modos de transporte recurrentes en los sectores sociales con menos ingresos, y que suelen realizar esos trayectos en condiciones poco favorables. El aspecto “democrático” ligado a esos medios de transporte, en contraposición con el uso del automóvil, concebido como un privilegio de poblaciones de ciertos niveles socioeconómicos, es un punto resaltado de manera constante. Bajo esta lógica, los principales actores ligados a los temas de movilidad y desarrollo urbano argumentan la necesidad de promover e invertir en estas formas de desplazamiento como una forma de luchar contra esta desigualdad en la movilidad cotidiana.

Lo cierto es que la implementación de las políticas públicas urbanas ligadas a este aspecto han traído consecuencias sociales que han reforzado la división social de la ciudad, en lugar de combatirla. Su centralización espacial y su interés enfocado a las mejoras en términos de infraestructura, han favorecido el aumento de los precios de los inmuebles en las delegaciones centrales de la ciudad, facilitando la expulsión de poblaciones vulnerables que ya no pueden responder al costo de vida de ese lugar. De igual manera, bajo el discurso de renovaciones del espacio público, algunos usuarios han sido expulsados o relocalizados, dada la incompatibilidad del uso que tienen de ese espacio con aquel que se desea promover. Ejemplo de ello es el comercio informal. En consecuencia, las políticas públicas ligadas a los temas movilidad cotidiana y los espacios públicos han ido construyendo una especie de “isla” dentro de la ciudad, en la que el acceso es socialmente cada vez más restringido, ya sea en términos utilitarios o lúdicos.

De igual manera, el discurso y las acciones de los principales actores que trabajan en temas de movilidad carece de una apertura espacial y se limitan a las zonas centrales de la Ciudad de México. Esto contrasta con la división socio-espacial, en donde el oriente concentra no sólo a la mayoría de la población de la ciudad, también a la que tiene mayores niveles de pobreza. Un ejemplo de esto es Iztapalapa, que alberga a casi el 20% de la población del Distrito Federal (INEGI, 2010). Y si juntamos a su población con la de Nezahualcóyotl, tenemos al 15% de la población de la Zona Metropolitana del Valle de México. Iztapalapa concentra también a la mayor cantidad de población que vive en situaciones de pobreza y para quienes el costo del transporte público tiene un peso importante en la economía familiar ¿por qué entonces seguir invirtiendo en las mismas zonas centrales de la ciudad y no voltear a ver a otras en donde esas acciones podrían tener un mayor impacto en la calidad de vida de sus habitantes?

Quizás quienes trabajan en estos temas necesitan lo que aquellos que bloquearon la película de Buñuel en 1950. Cuando un año después, Los Olvidados es recompensada en el Festival de Cannes, y la película es alabada por la crítica internacional, los mismos medios que un año antes condenaban al cineasta, alabaron la crudeza de la película y pidieron que se volviera a exhibir en cartelera. Entonces, puede ser que cuando en las capitales del mundo que tanto se citan en temas de movilidad, se ponga de moda el interesarse en zonas de la ciudad más allá de las centrales, pasará lo mismo en la Ciudad de México. Y quizás descubrirán las autoridades y las organizaciones que hay gente que vive más allá del Circuito Interior.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.


11 comentarios en “El oriente de la Ciudad de México, uno de los olvidados

  1. Concuerdo en cada uno de sus planteamientos. Soy historiador, actualmente viviendo en Michoacán, pero nacido en Tláhuac, y usted planteó en ideas concretas y bien especificadas algunas problemáticas que habían rondado mi cabeza (de forma desordenada) por algún tiempo, dado que regularmente visito a mis padres y me doy cuenta del paulatino deterioro urbano de aquella zona de la ciudad. Me gustaría ponerme en contacto con usted, para ver la posibilidad de plantear un estudio sobre lo mismo en términos geo-históricos.
    Saludos.

    1. Muchas gracias por el comentario. Y encantada de colaborar en algún estudio de esas zonas ¿tiene twitter, alguna red social o un mail por donde lo pueda contactar?

  2. No concuerdo con la visión negativa de que se mejore el transporte público en el área central de la ciudad, esto no tiene como único objetivo ir contra la desigualdad, sino que también sirve para disminuir el uso del automóvil y así combatir el tráfico y la contaminación. Para que esto funcione, es necesario que el transporte público sea atractivo para las personas que tienen auto y que dé servicio a las zonas donde hay más concentración de lugares de trabajo y entretenimiento, es decir las zonas céntricas.

    1. ¡Hola! No es una visión negativa. Lo que el artículo plantea es que es una visión sesgada y sumamente limitada de la Ciudad. ¿Por qué sólo hacer atractivo el transporte para los que usan el automóvil? ¿qué hay de todos aquellos (que como lo resaltan muchos estudios, son la mayoría) que utilizan el transporte público porque es el único medio de desplazarse?
      Y respecto a las zonas más céntricas, la EOD 2007 plantea que Iztapalapa es tanto emisora de una gran cantidad de viajes como receptora de los mismos. Un argumento más para que se comience a invertir también allá.
      Saludos, y gracias por el comentario.

  3. Me parece que la autora no conoce Chapultepec, ni la Alameda, no se sube al metro ni se da cuenta de la violencia de losbocneramafiados

  4. Colega: Nada más cierto que la imposición (que no implementación) de las políticas públicas urbanas han reforzado la división social de la ciudad ¿Pero como no explicarse este fenómeno cuando el jefe de Gobierno coloca en lugares estratégicos a los representantes del capital? Tenemos a Meyer Klip en INVEA (que no toca ni con el pétalo de una rosa a los desarrolladores), a Felipe Gutiérrez (digno heredero de Simon Neumann) o a Tania Müller predadora del ambiente. En la capital de todos los mexicanos es un espejismo que gobierne la izquierda,quien manda es el capital.

    1. Triste pero cierto. El ejemplo claro es el “Corredor Cultural Chapultepec”. El espacio público es el nuevo negocio.
      Gracias por tu comentario.

  5. No deja de perturbarme el texto. Es una entrega que relata en crudo la obcecada concentración de la “intervención gubernamental” (Decidiendo juntos) en las delegaciones céntricas de la capital.

    Al acelerado proceso de gentrificación de la Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo, me parece que subyace una visión antropocéntrica, es decir no me refiero al concepto filosófico del ser humano como centro del universo, sino a manera de sorna, al despliegue rampante de las obras y demás efigies magnas del actual y desde el anterior sexenio del Gobierno del GDF.

    Sin duda, suscribo la eventual petición de favorecer con más y mejor infraestructura, servicios y espacios públicos, etc., destinados no solo al oriente de la de por sí maltrecha franja minusvalorada, sino en general al resto de demarcaciones faltantes de espacios dignos, transporte público y servicios. No es una tarea sencilla, pero voltear siempre al “Down Town” como lo único a destacar de la ciudad es autocomplaciente.

    Insisto. El texto de Paulina López Gutiérrez debe ser una lectura obligada para los que, según, toman las decisiones tengan tantita brecha hacia el horizonte y no la cortoplacista meta que los nubla.

  6. Hola Paulina. Muchisimas felicidades por tu artículo, la verdad me interesó bastante, ya que actualmente me encuentro preparando un tema de investigación sobre la parte oriente de la ciudad referente a la conservación arquitectonica. Concuerdo con muchas de tus ideas, la manera en la que los grupos inmobiliarios quieren depredar la ciudad central pese al grado de concentracion del patrimonio arquitectonico edificado y la falta de politicas publicas que generen un mayor bienestar social y que puedan corregir el rumbo del desarrollo y ordenamiento urbano para la mayoria de los habitantes de la megalopoli es digna de debate. Estaré al pendiente de tus publicaciones. Saludos!

  7. Me encantó tu artículo Paulina, he vivido en Neza toda mi vida y es difícil darse cuenta que las políticas públicas sobre transporte público eficiente están enfocadas a un determinado sector de la ciudad. En mi colonia abundan los bici-moto taxis, y aunado a la contaminación que se genera, hay un riesgo de seguridad tremendo dado que frecuentemente hay accidentes, también siguen en circulación los camiones “guajoloteros” cuyos niveles de ruido y contaminación son altísimos. En fin… existe vida y existe ciudad más allá de la Roma y la Condesa.

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